Sobre el odio y la venganza
Hay personas que desde que nacieron, viven atrapados por un sentimiento enfermizo de odio a los demás. Y lo triste es que no tienen ningún fundamento para rechazar sistemáticamente a la gente.
Hay personas que desde que nacieron, viven atrapados por un sentimiento enfermizo de odio a los demás. Y lo triste es que no tienen ningún fundamento para rechazar sistemáticamente a la gente.
No nos engañemos, atravesamos momentos de crisis muy arduos: Sabemos que la mala gestión y el despilfarro económico del anterior gobierno, con la colaboración de muchos estamentos sociales, no lo va a resolver el actual, por más que lo haya prometido en campaña, ni a corto ni a medio plazo, veremos a largo.
Después de Sócrates, con su suicidio forzado en el Areópago griego (asamblea y lugar en que lo juzgaron) y también después del suicidio de Lucio Anneo Séneca, inducido por el canalla de Nerón, en tratados sobre el tema referido en el titular de este artículo, me gustaría hablar, mejor dicho escribir sobre la “Apatía”
Nada existe tan complejo en esta vida como las relaciones personales y la forma que tenemos de ver a los demás.
Un sabio jesuita ya fallecido experto, entre otras cosas, en asuntos de cocina, decía con cierta sorna cordobesa: “el primer mandamiento de una buena comida es no formicar”. ¿Y qué es eso de formicar? No lo entiendo.
Muchas veces, adoptamos actitudes descaradamente insanas, cuando sólo estamos pendientes de los errores o desaciertos del que nos habla, ante todo si es en público…
Frente a tanta ignominia del gran capital, que es quien maneja los gobiernos del mundo, fieles servidores de sus amos los banqueros, grandes empresarios y especuladores, que son los causantes con sus beneficios escandalosos, de la pobreza y el hambre en el mundo, están las personas comprometidas con sus semejantes necesitados, sean de donde sean, procedan de donde procedan.
Parece qué el número de suicidios en nuestro país se ha disparado en los últimos años (hay quienes quieren ver en ello un efecto más de la crisis económica).
La noche de Reyes, vi una miscelánea de gente comprometida con el mundo, en el programa televisivo del inefable Jesús Quintero… y me emocioné cuando apareció Diamantino García, “El cura de los pobres”.
Son múltiples los casos en que la ciudadanía se queda estupefacta con algunas decisiones políticas y judiciales, que bordean, si no quiebran directamente, los más elementales derechos de las personas…
No hay nada que esté enteramente en nuestro poder más que nuestros pensamientos (René Descartes).
Suele decirse de aquél tan pobre, tan pobre, que sólo regalaba dinero. El dinero se gasta, las emociones y los afectos perduran para siempre.