Parece qué el número de suicidios en nuestro país se ha disparado en los últimos años (hay quienes quieren ver en ello un efecto más de la crisis económica). Más de cerca, nuestra ciudad no ha quedado al margen de este aumento sustancial de personas que, por voluntad propia, se han quitado la vida recientemente.
Al margen de consideraciones periodísticas, muy discutibles sin un aval científico, por las parece que existe un pacto tácito de no dar noticias de suicidios por miedo a que sirvan de modelo para otras personas que estén pensando en matarse, los expertos de la psicología coinciden en considerar a los familiares de los potenciales suicidas como elemento necesario para la prevención de estos actos. Así, en primer lugar apuntan la necesidad de eliminar falsos mitos con respecto al tema:
-“El que se quiere matar no lo dice”: Falso, de cada diez suicidas, nueve dijeron que lo iban a hacer, el otro lo dejó entrever.
-“El que lo dice no lo hace” o “una persona que se va a suicidar no emite señales de lo que va a hacer”: Falos, todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurría y lo mal que se encontraba.
-“El que intenta el suicidio es un cobarde”: Falso, no es un cobarde, si no una persona que sufre, quien no ha pensado nuca en ello será incapaz de ponerse en el lugar de quien desea quitarse de en medio.
-“El que intenta el suicidio es un valiente”: Falos, la valentía y la cobardía no se miden según la cantidad de veces que una persona se quita la vida o se la respeta, pues no son fenómenos mensurables.
-“Preguntar a una persona si ha pensado en el suicidio puede incitarla a hacerlo”: Falso, hablarlo con una persona en riesgo no introduce esta idea en su cabeza, si no que reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad para analizar sus propósitos.
Por otro lado, las personas con riesgo de suicidio son las deprimidas, las que lo han intentado antes, las que tienen ideas suicidas o amenazan con ello, los sobrevivientes a alguna catástrofe y las personas vulnerables (emocionalmente) en momentos de crisis. No es fácil conocer lo que piensan estas personas y, por supuesto, evitarlo. Las opciones para abordar a un potencial suicida que nos ofrecen los expertos son: Se le puede decir: “Sé que no te sientes bien, me he dado cuenta, y desearía saber cómo has pensado resolver tu situación”, o escoger un síntoma de los que más molestan como “me dices que apenas duermes, y sé que cuando eso ocurre a uno le vienen muchas ideas a la cabeza, ¿podrías decirme qué piensas cuando no puedes dormir? Otra opción es preguntar directamente: ¿Has pensado en matarte por todo lo que te está pasando? Otra forma es rememorar a alguien conocido que ya lo hizo: ¿Estás pensando solucionar tu problema como lo hizo P.J., quitándote la vida? Si se ha constatado que nuestro familiar tienen ideas suicidas, se debe seguir profundizando en el tema con preguntas tales como: ¿Cómo has pensado suicidarte? ¿Dónde has pensado hacerlo? ¿Por qué has pensado en quitarte la vida? ¿Para qué has pensado en ello? Cuántas más preguntas responda, mayor el riesgo de suicidio, pues significa que tiene un plan para hacerlo. Si esto es así se aconseja no dejar solo nunca al familiar, evitar que tenga acceso a cualquier método que pueda utilizar para dañarse, avisar al resto de familiares solicitando vigilancia y apoyo emocional para el implicado y acercarle a un servicio de salud mental para qué reciba atención especializada. La crisis suicida dura horas o días, raramente semanas. El suicidio se puede evitar siguiendo estos consejos y con un poco de suerte.
Para saber más:
-Macarron A (2011) El suicidio demográfico en España. Editorial Homo Legens.
-Rae P (2007) Suicidio: Un libro que puede salvar miles de vidas. Editorial Palmyra.

Muerte - Foto: Jordi Casasempere