Enseñar o aprender
Muchas veces, adoptamos actitudes descaradamente insanas, cuando sólo estamos pendientes de los errores o desaciertos del que nos habla, ante todo si es en público…
Muchas veces, adoptamos actitudes descaradamente insanas, cuando sólo estamos pendientes de los errores o desaciertos del que nos habla, ante todo si es en público…
Frente a tanta ignominia del gran capital, que es quien maneja los gobiernos del mundo, fieles servidores de sus amos los banqueros, grandes empresarios y especuladores, que son los causantes con sus beneficios escandalosos, de la pobreza y el hambre en el mundo, están las personas comprometidas con sus semejantes necesitados, sean de donde sean, procedan de donde procedan.
La noche de Reyes, vi una miscelánea de gente comprometida con el mundo, en el programa televisivo del inefable Jesús Quintero… y me emocioné cuando apareció Diamantino García, “El cura de los pobres”.
Son múltiples los casos en que la ciudadanía se queda estupefacta con algunas decisiones políticas y judiciales, que bordean, si no quiebran directamente, los más elementales derechos de las personas…
Suele decirse de aquél tan pobre, tan pobre, que sólo regalaba dinero. El dinero se gasta, las emociones y los afectos perduran para siempre.
Es innata en nuestra naturaleza humana la capacidad de pensar, de tener ideas ya que somos el vértice de la cadena evolutiva.
De nada servirían nuestras creencias si no practicásemos la tolerancia con los demás, el entendimiento con los demás, derivadas todas ellas de nuestros ideales para con la humanidad, ideales que son la sublimación, el engrandecimiento de una idea, de un pensamiento, que no de una ideología.
Hemos elegido la cultura del pasatiempo y de la intranscendencia, que nos tiene uniformados y adocenados a la mayoría.
A mí me dan pena estos coleccionistas de aplausos, porque en el fondo, están tan inseguros de sí mismos, que necesitan de la continua aprobación de los demás para sentirse seguros.
De Dios Barrero, el gran primer artífice de esta Obra en Linares, no tenían inconveniente en presentarse ante el mismísimo Franco para notificarle de vez en cuando, las calamidades económicas que atravesaban las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia y rogarle una ayuda. Dicho y concedido.
Resultaría harto prolijo relatar en un pequeño espacio, la dilatada y rica vida en lo cultural y en otras facetas de D. Alberto López Poveda, un hombre de 96 años entregado a Linares desde su juventud, que todavía sigue siendo ejemplo para muchos de nosotros, quienes amamos nuestra Ciudad.