OPINIÓN | DIOS… ¿TIENES UN RATO? (Juan Parrilla Canales)

Sé sobradamente que estás muy ocupado, al ver que muchísimos hijos a los que diste la vida, están haciendo cosas monstruosas en este mundo que nos regalaste y que nosotros, por activa o por pasiva, estamos destruyendo a una velocidad de vértigo. No te voy a hablar de mí, porque ya te tengo cansado de tanto pedirte. Aunque sí de este mundo, que tuviste la generosidad de crear, haciendo a las personas una prolongación de tu Divinidad, de tu Ser, para instalarte en nuestro corazón y ser el motor de nuestras vidas. Soy plenamente consciente, de que TÚ habitas en los corazones de todos nosotros, aunque a veces no seamos sabedores de ello. Pero por desgracia, este mundo que nos diste, se ha vuelto tan reprochable por nuestras actitudes, frente al hermano que sufre, que aunque seas nuestro Creador, hemos llegado a rechazar tu Amor incondicional, convirtiéndonos muchos en una auténtica pena , sin saber ni querer a veces, barajar el don tan inmenso que nos otorgaste. Y como hijo tuyo, sabes que tanto a nivel personal como social, también sufro con lo que veo y oigo, e intento ser consecuente en mis actos, frente a la realidad que me ha tocado vivir. Aunque una cosa es intentarlo y otra conseguirlo, porque para ello, he de vivir la radicalidad del Evangelio. Lo que percibo, es una sangrante realidad que muchos realizan con el hermano. Gentes sin valores ni escrúpulos, que se sienten superiores a los demás, cuando se han hecho dueños de una realidad política, social o religiosa, que imponen su egoísmo y afán de poder en detrimento del resto de los mortales. Para mí, son pobres personas, que creen que el sol sólo sale para ellos, doblegando a los demás sin compasión. Recuerdo muchos que TÚ bien sabes. No voy a dar nombres, porque yo también me veo con muchísimos defectos; si lo hago me convertiría en juez y no quiero serlo, ya que estoy convencido de que “la historia no nos cuenta, tan sólo registra”. Luego, que cada uno de nosotros, haga lo que crea conveniente. Fíjense en los mandatarios de algunos, diría bastantes países, sin conciencia ninguna, que están llevando a nuestro mundo al Armagedón. Y el resto de la Humanidad sometida.
Sigo pensando que “la mejor almohada para dormir, es una conciencia tranquila”. Porque por mucho que queramos adormecerla, tarde o temprano, esa conciencia despertará de nuevo en nosotros y nos situará frente a la realidad, que acaso hayamos inventado, provocado, falsa e intencionadamente, para “sentirnos tranquilos”. Todo es por la maldita ansia de poder, que creemos nos durará “ad aeternum.” Las casas siguen en pié pero ya no nos queda el Hogar, porque muchas veces convertimos nuestro orgullo en un muro impenetrable de sal. Pero no todo lo roto termina enterrado, y es que algunas ruinas, también saben abrazar. Nuestra hija pequeña, quedó enamorada de los apretados abrazos que le dieron las milenarias ruinas griegas, sintiéndose identificada con ellas. Entonces, no tenía ni cuatro años de edad.
Y ocurre, que ningún camino es tan largo, como para no saber volver a aquello que sintió, vivió y gozó años ha.

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