Bajo la sombra milenaria de las murallas que una vez custodiaron los confines del Imperio, el eco de la antigua Cástulo ha vuelto a resonar con fuerza en las tierras leonesas. La asociación de recreación histórica Speculatores Augusti Coh Prae Cástulo, embajadora del legado ibero-romano de Linares, formó parte del cuadragésimo aniversario de «Astures y Romanos», una de las celebraciones de divulgación histórica más vetustas y consolidadas del panorama nacional, celebrada del 23 al 26 de julio en la bimilenaria ciudad de Astorga.
A lo largo de cuatro jornadas impregnadas de rigor y devoción por el pasado, la delegación linarense se integró en los pasajes más solemnes del programa oficial. Sus integrantes marcharon en el místico desfile del encendido del Fuego Sagrado, cruzaron las penumbras de la ciudad en la procesión de antorchas y exhibieron su indumentaria militar en el gran desfile general, sometiéndose finalmente a la marcial revista de las tropas romanas ante la mirada del mismísimo César. El epicentro de esta inmersión temporal halló su refugio en el campamento histórico del Parque del Melgar, un marco singular levantado a los pies de la muralla y custodiado por la silueta inconfundible del Palacio de Gaudí.
Más allá del alarde de estandartes y armaduras, la cita astorgana propició el emotivo reencuentro de la expedición linarense con agrupaciones hermanas llegadas desde diversos rincones de la geografía española. La asociación Speculatores Augusti ha querido expresar su más sincero reconocimiento a la junta organizadora de «Astures y Romanos», ensalzando la calidez, la profesionalidad y la entrega con la que fueron acogidos, un agradecimiento que han hecho extensivo al voluntariado que sostiene sobre sus hombros cuatro décadas de trayectoria viva.
Con esta expedición al norte peninsular, la entidad no solo consolida los vínculos de hermandad con el tejido recreador español, sino que vuelve a situar el glorioso pasado de Cástulo y el patrimonio de Linares en la cúspide de la divulgación histórica nacional. Todo ello en un marco como el de Astorga que, entre sus sillares romanos, su riqueza monumental y su afamada gastronomía, reafirma su condición de parada obligada para los amantes de la historia, la cultura y la memoria de los pueblos.









