:Como ya sabemos, el cristianismo no comenzó tal y como lo conocemos hoy , como una religión de carácter monolítico. Ya, a partir del siglo I de la era común, hubo muchos cristianismos. En esta cuarta entrega hablaremos de los Ofitas, una corriente gnóstica extremadamente extraña que, por introducir el tema, interpretaron el relato de Adán y Eva de forma inversa a la tradición dominante y actual; así, veían a la mismísima serpiente del Génesis como portadora del conocimiento.
LOS OFITAS
Los ofitas (del griego ophis, «serpiente») son los miembros de una de las corrientes más enigmáticas del gnosticismo antiguo de los siglos ¿I?, II y III, constituyendo uno de los movimientos más fascinantes y difíciles de reconstruir. A diferencia de otras escuelas gnósticas mejor documentadas, como los valentinianos o los setianos, los ofitas no dejaron textos propios claramente identificables. La mayor parte de la información procede de sus adversarios, especialmente Ireneo de Lyon, Orígenes, Hipólito de Roma y Epifanio de Salamina, circunstancia que obliga a los historiadores modernos a interpretar estas fuentes con gran cautela. Los descubrimientos de la biblioteca de Nag Hammadi (1945) han permitido, como ocurriera con los setianos, reevaluar muchas de las antiguas descripciones patrísticas y establecer conexiones más precisas entre la tradición ofita y diversos escritos gnósticos.
El movimiento parece partir de Siria y/o Egipto.
Existe un amplio consenso entre los académicos especialistas en que «ofitas» no fue probablemente el nombre que este grupo utilizó para sí mismo. Se trata de una denominación aplicada por los heresiólogos cristianos debido al papel central que la serpiente del Génesis desempeñaba en su interpretación del relato bíblico. El investigador finlandés Tuomas Rasimus, considerado actualmente el mayor especialista en esta corriente, sostiene que la categoría «ofita» engloba a diversas tradiciones relacionadas entre sí y no tanto a una organización unificada o una iglesia perfectamente estructurada como cabría de esperar en una confesión de esta índole.
Durante gran parte del siglo XX se pensaba que los ofitas eran simplemente una rama del setianismo. Sin embargo, estudios recientes proponen la hipótesis más plausible de que representan una tradición propia, anterior incluso o, al menos, paralela, al desarrollo de algunos textos setianos encontrados en Nag Hammadi.
¿Pero, cual es la primordial características de la teología de los Ofitas en su reinterpretación del Génesis? El rasgo más característico de la teología ofita consiste en la inversión del relato bíblico de Génesis 2–3.
Mientras que el judaísmo y el cristianismo proto-ortodoxo presentan a la serpiente como responsable de la caída de la humanidad, los ofitas desarrollaron una lectura radicalmente distinta en la que el creador del mundo material (el Demiurgo) no es más que un ser inferior e ignorante, permaneciendo oculto, por encima del cosmos, el Dios supremo. Adán y Eva viven inicialmente en la ignorancia y será la serpiente quien actúe como mensajera de la sabiduría divina (gnosis) para que coman del árbol del conocimeinto, lo que constituirá un acto de liberación, y no de pecado.
Desde esta perspectiva, el verdadero enemigo del hombre no es la serpiente, sino el creador del mundo material, identificado posteriormente en muchas tradiciones gnósticas con Yaldabaot (Yaldabaoth), personaje descrito en obras como el Apócrifo de Juan y La Hipóstasis de los Arcontes. La expulsión del paraíso representa así el inicio del despertar espiritual de la humanidad y no su condena definitiva.
Como otros sistemas gnósticos, los ofitas elaboraron una compleja cosmología basada en emanaciones divinas (eones). El Dios supremo es absolutamente trascendente y permanece inaccesible. Del ámbito divino surgen diversas entidades espirituales, entre ellas Sofía, cuya actuación conduce accidentalmente, como ocurría en la cosmogonía setiana, al nacimiento del Demiurgo. Este último crea el universo material en el error de creerse el único dios existente. El mundo visible queda entonces gobernado por poderes inferiores —los arcontes— que mantienen cautiva la chispa divina presente en los seres humanos.
Los ofitas creían que siete estrellas constituían la Santa Hebdómada y que esta se comunicaba con los profetas. La Hebdómada la conforman los siete arcángeles o potencias planetarias gobernados por Yaldabaoth, el dios creador inferior del mundo material, rigen los cielos inferiores y mantienen el mundo material separados del Dios supremo e innombrable. Son quienes produjeron el cuerpo psíquico y terrenal del ser humano, además del cuerpo físico de Jesús. Por otro lado, el alma del iniciado o de los iluminados debe atravesar y superar las esferas de esta Hebdómada para lograr la liberación espiritual y llegar al Pleroma.
La salvación consistirá, entonces, en adquirir el conocimiento revelado o gnosis, que permite atravesar las esferas gobernadas por los arcontes tras la muerte y regresar al reino luminoso del Dios verdadero.
Uno de los principales debates actuales gira en torno a la relación entre los ofitas y los setianos. Durante décadas numerosos investigadores identificaron ambas corrientes. Sin embargo, Rasimus ha mostrado que las semejanzas obedecen probablemente a una influencia mutua más que a una dependencia. Algunos textos tradicionalmente clasificados como setianos parecen reutilizar mitos desarrollados previamente en ambientes ofitas.
Obras como el Apócrifo de Juan, El origen del mundo, La Hipóstasis de los Arcontes y Eugnostos el Bienaventurado contienen elementos que reflejan antiguas tradiciones ofitas, aunque posteriormente fueron reinterpretadas dentro de sistemas setianos más elaborados.
La secta fue descrita por Hipólito de Roma (170-235) en una obra perdida, el Syntagma («arreglo»). Además de las fuentes directamente derivadas de Hipólito (Pseudo-Tertuliano, Filastrio y Epifanio), Orígenes y Clemente de Alejandría también mencionan al grupo, así como Ireneo en Adversus Haereses (1,30).
¿Pero, adoraban realmente a la serpiente? La acusación más repetida por los Padres de la Iglesia afirmaba que los ofitas rendían culto litúrgico a serpientes vivas. Hoy, los historiadores consideran esta afirmación con prudencia. Algunos testimonios podrían reflejar prácticas simbólicas reales, pero también es posible que los heresiólogos exageraran determinados aspectos para desacreditar a sus adversarios. El consenso académico actual sostiene que la serpiente era sobre todo un símbolo del conocimiento salvador, inspirado tanto en el relato del Génesis como en la serpiente de bronce levantada por Moisés (Números 21) y reinterpretada en Juan 3,14. Su función era representar la revelación de la verdad frente a la ignorancia impuesta por el Demiurgo.
Los estudios comparativos muestran que el pensamiento ofita combina elementos procedentes de diversas tradiciones y no sólo de la exégesis alternativa del Génesis, como la filosofía platónica y el platonismo medio, la mitología helenística, la especulación apocalíptica judía o las tradiciones sapienciales orientales.
Para los ofitas, Jesús fue el envase humano y terrenal sobre el cual descendió el Cristo celestial, un eón divino enviado por la Sabiduría (Sofía) para despertar la chispa espiritual del ser humano frente al Dios opresor del mundo material. El Cristo usó el cuerpo de Jesús para transmitir la gnosis (conocimiento secreto) y revelar que el Dios del Antiguo Testamento (el malvado creador Yaldabaoth) no era el Dios verdadero. Así, antes de la crucifixión, el Cristo celestial abandonó a Jesús para que este último sufriera solo en la materia, ya que el espíritu divino no puede morir ni ser aprisionado por la cruz del mundo terrenal.
Lejos de constituir una simple «herejía cristiana», los ofitas representan uno de los intentos intelectuales más originales de reinterpretar las Escrituras mediante una cosmología dualista donde el conocimiento posee un valor redentor.
Aunque los ofitas nunca alcanzaron la organización ni la difusión de los valentinianos, desempeñaron un papel relevante en la evolución del gnosticismo cristiano. Hoy muchos especialistas consideran que los mitos ofitas constituyen uno de los estratos más antiguos del gnosticismo cristiano y que influyeron decisivamente en la formación de varias escuelas posteriores.
Su reinterpretación positiva de la serpiente, la crítica al creador del mundo material y la centralidad de la gnosis hacen de los ofitas una de las expresiones más radicales del pensamiento religioso de la Antigüedad tardía. Más que un simple grupo heterodoxo, representan una alternativa intelectual al cristianismo emergente, caracterizada por una profunda reflexión sobre el origen del mal, la naturaleza del conocimiento y la condición humana.
BIBLIOGRAFÍA ACADÉMICA
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