Vivimos en una sociedad que se auto engaña, porque hemos sumergido nuestra humanidad, en una profunda crisis existencial; somos incapaces de mirar al otro, a la otra, a las personas en general. Además de alejarnos de nuestro existir, nuestra indiferencia hacia los demás, ante su sufrimiento, genera nuestra incompetencia. Nuestro“yo” sin mirar ni escuchar a los demás, nos convierte en seres de poca talla moral.
Nos cuesta muchísimo, pedir perdón cuando nos equivocamos, pesando que vamos a hacer el ridículo, ante las personas a las cuales, de palabra u obra, creemos haber molestado, ofendido. Vamos casi siempre con doble máscara por si acaso. No nos sinceramos con la gente, pensando que podremos evitar sus críticas, si vamos a pecho descubierto, porque nos importan demasiado, los juicios de los demás, de los que a veces, nos nutrimos. Mis padres me enseñaron desde pequeño, que para ser seres auténticos, tendríamos que ser sinceros en nuestras opiniones, en nuestros juicios, y antes de emitirlos pensar que vamos a decir y cómo expresarlo. Así continuó mi formación en mi SAFA de Linares. Porque hay juicios de unas personas a otras, que por solo hacerlos, sin tener en cuenta la sensibilidad y realidad de esas personas, pueden llegar a destrozarlas, como si fuese un puñal hendido en el corazón. La historia, no juzga sino que registra.
Dice Aristóteles: “El pensamiento lleva a la acción, ésta, al comportamiento, después a hábitos, los hábitos definen el carácter y éste al destino. La memoria es la facultad de recordar, pero también es o debiera ser o tener un valor, que es el de olvidar. No sé qué cuesta más de estas dos cosas.
Y como el título de este artículo, un arquitecto es quien crea, diseña, un edificio y otros muchísimos inmuebles, hace su seguimiento junto al aparejador, hasta la conclusión de lo proyectado.
Metafóricamente hablando, y llevándolo a otros aspectos de la vida, hay demasiados “arquitectos”, que ya sólo diseñan y construyen tantos “olvidos” como su forma de ejercerlos, que no das crédito a lo que ves. Y lo que es peor, ya se ve tristemente normal y lógico, que en esta sociedad, haya tantísimas personas aparcadas, olvidadas, enterradas en vida, “por tantos arquitectos de ese olvido”.










