Cuando el sol de la tarde comenzó a declinar, tiñendo de ocre los muros de la Parroquia de Santa Bárbara, Linares se dispuso a presenciar uno de sus pasajes más trágicos y, a la vez, más cargados de una belleza solemne. A las cinco de la tarde, la Ilustre Hermandad y Cofradía del Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor y María Santísima de las Penas inició su estación de penitencia, dictando una lección de fe que este año ha trascendido lo puramente estético para abrazar la caridad más pura.
Bajo la serena gobernanza de su Hermana Mayor, D.ª Carlota García Juanes, la cofradía de los 328 hermanos desplegó un cortejo de una pulcritud ejemplar. Pero la verdadera noticia, la que se comentaba en voz baja en las aceras, era el gesto de amor de la corporación: el paso por la Calle Espartero en riguroso silencio, una iniciativa encomiable para que las personas con Síndrome del Espectro Autista pudieran sentir el latido de la Hermandad sin las barreras del sonido.
El Drama de Víctor de los Ríos y el Estreno de un Sentimiento
El imponente grupo escultórico del Santísimo Cristo del Descendimiento, obra de Víctor de los Ríos (1957), avanzó con una majestuosidad que cortaba el aliento. Sobre el canasto, la escena del desenclavamiento cobró una vida nueva gracias a la Agrupación Musical «Sagrado Descendimiento», cuyos componentes lucían el nuevo ceñidor en sustitución del antiguo fajín.

El momento épico se vivió con el estreno de la marcha «En sus Brazos, el Redentor», una composición que pareció elevar el peso del misterio en su transcurrir por Canalejas y la Corredera de San Marcos. La música se hizo oración, envolviendo la anatomía perfecta del Cristo en un aura de gloria y drama que alcanzó su cenit en la Cuesta de San Pedro.
Las Penas de una Madre bajo el Cielo del Viernes
Tras el drama del Calvario, la elegancia dolorosa de María Santísima de las Penas. La dolorosa de José Ajenjo Vega (1992), restaurada con primor por Mario Castellano Marchal, procesionó con una prestancia que cautivó a los fieles que abarrotaban la calle Viriato. Sus 24 costaleras, en una demostración de fuerza y fe, mecieron a la Señora con una suavidad celestial.

El apartado musical del palio fue una apuesta por la sobriedad y la excelencia, con los sones de la Banda de CC. y TT. «Jesús de la Oración en el Huerto y Cristo de Medinaceli» de Santisteban del Puerto. Sus marchas, interpretadas con un rigor exquisito, subrayaron la soledad de la Virgen en una tarde donde la temperatura acompañó el luto con una calidez casi balsámica.

Linares ha vivido un Viernes Santo de esencia y compromiso. El Descendimiento no solo ha bajado a Cristo de la Cruz; ha bajado las barreras del mundo para que todos, sin excepción, pudieran contemplar el misterio de la Redención.










































































