Con la sobriedad propia del tiempo que comienza y el aroma aún reciente de la ceniza impuesta sobre las frentes, Linares volvió a postrarse ante el misterio del dolor redentor en el tradicional Vía Crucis del Miércoles de Ceniza, organizado por la Agrupación Arciprestal de Hermandades y Cofradías de Linares. Un acto inaugural que, más que recorrer calles, atraviesa corazones y marca el compás espiritual que conducirá hasta la Semana de Pasión.
En esta ocasión, fue la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús en la Oración en el Huerto la que presidió este solemne ejercicio de fe, convirtiéndose en faro y guía de una ciudad que comenzaba su andadura cuaresmal. El Señor, en su íntimo diálogo con el Padre en la noche de Getsemaní, salió desde la Iglesia de San Francisco tras la celebración de la misa de imposición de la ceniza, en un ambiente de profundo recogimiento.
El cortejo penitencial avanzó por las calles Ventanas, Zabala, Yanguas Messías, Pontón, Plaza Alfonso XII, Plaza El Gallo, Federico Ramírez, Ayala, Conde Romanones y Lonja de Santa María, dibujando en el entramado urbano un itinerario de oración y silencio. Cada estación, proclamada durante el recorrido, fue desgranando el misterio de la Cruz ante la mirada atenta de fieles y devotos.
El consiliario de la Agrupación, Sebastián Pedregosa, tuvo a su cargo la predicación de las estaciones, guiando espiritualmente a los asistentes en cada meditación, convirtiendo el caminar físico en un auténtico itinerario interior hacia la conversión.
La procesión culminó en la Basílica de Santa María, sede canónica de la Hermandad de la Oración en el Huerto, donde el Señor regresó a su templo tras haber marcado con su presencia el inicio de la Cuaresma linarense. Así, entre la ceniza y la cruz, Linares dio su primer paso hacia la Pasión, abrazando el silencio que precede a la gloria.











