Todos los que me conocen saben de mi condición cristiana-católica y aunque por avatares de la vida en algún momento mi fe se vio resquebrajada nunca he renunciado a mis creencias religiosas inculcadas desde niño por mis padres y que seguirán conmigo mientras siga vivo.
Desde que nací muchos han sido los Pontificados que he vivido (siete): Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco I… y como buen católico, he considerado al Papa como el representante y líder espiritual de la Iglesia Católica, lo he respetado y defendido de cualquier manifestación realizada en su papel de líder de la Iglesia Católica o en el ejercicio de la infalibilidad papal e incluso en opiniones dadas sobre temas de actualidad, aunque no las compartiera, tratando de buscarle el lado bueno de ellas.
No sé, si será por encontrarme en el umbral de la vida donde uno es más exigente en casi todo y en el aspecto religioso mucho más; es por lo que el fallecimiento del Papa Francisco me ha producido sentimientos encontrados, sentimientos de tristeza y a su vez de alegría contenida, como diciendo: “por fin, se acabó”.
Y es que Francisco I “Bergoglio” ha sido un Papa, así lo pienso, muy peculiar por no decir extraño ya que en sus declaraciones o en los tuit que él publicaba en las RRSS, era muy ambiguo y ante las críticas nunca aclaraba las cuestiones que se planteaban especialmente en tres ámbitos: La doctrina católica, la Agenda 20-30 y el desprecio a España. Esa poca claridad provocaba la reacción de miles de católicos que criticábamos su poca claridad, máximo cuando la clase política progre le aplaudía y le admiraba por su valentía… Y es que “Bergoglio” ha tenido la extraordinaria capacidad de casar ideas y vivencias contradictorias, además de ser muy dado al «complexio oppositorum», («abrazo de los opuestos» o «unión de los opuestos»), cuando una de las leyes clásicas del pensamiento lógico, el principio de no contradicción, postula que nadie puede creer al mismo tiempo en una cosa y la contraria. Salvo la Iglesia y, sobre todo, los jesuitas.
Los Católicos más tradicionalistas lo han repudiado tachándolo de «pontífice blablablá» «liante» e, incluso, de hereje por malentender su actitud ante el divorcio, la anticoncepción o la homosexualidad (¿quién soy yo para juzgar?, dijo a comienzos de su papado). La izquierda lo reivindica como Papa de los pobres, indigenista, anticonsumista, adalid de los derechos humanos y, desde su primera encíclica «Laudato si» («Alabado seas»), ecologista y animalista. El mundo al revés: izquierdistas al rescate y católicos al ataque.
Primer ámbito: La Doctrina Católica.
Cuando el Papa visitó Marsella en 2023, leí un artículo en el periódico digital The Objective donde “Bergoglio” insistió en una parte de la doctrina católica sobre la importancia de dar un trato humano al inmigrante y acogerlo. El articulista decía que estaba bien, por parte del Pontífice, pero matizaba que solo es «una parte de la doctrina» porque el Catecismo de la Iglesia dice algo más sobre el problema de la inmigración.
Recuerdo bien que Benedicto XVI, fue muy consciente de ello, pero el Papa Francisco I, esa «otra parte» siempre la olvidó al hablar de la inmigración. En concreto, el párrafo 2241 del citado Catecismo de la Iglesia afirma que las autoridades civiles de un Estado, atendiendo al bien común de aquellos que tienen a su cargo, pudiendo subordinar el ejercicio del derecho de inmigración a diversas condiciones jurídicas. Por eso la aplicación de la doctrina católica en un determinado tema no se puede sesgar y decir lo que en un momento interesa en favor de unos determinados intereses, porque en este caso: regular la inmigración no solo está lejos de ser pecado, sino que puede incluso ser aquello que una nación exija a sus gobernantes, pues estos tienen el deber de buscar su bien.
Nada hay, pues, en la doctrina católica (ni en los discursos de los últimos papas, antes de “Bergoglio”) contra las grandes naciones europeas. Ni contra su derecho a regular la inmigración. Ni, claro, su derecho a hacer cumplir tales leyes. Tampoco hay nada contra su derecho a sobrevivir. Aquí reside el problema que tenía “Bergoglio” como Papa y supongo que tendría dificultades a la hora de difundir “urbi et orbi”. El caso es que los discursos del Papa Francisco a favor de la inmigración ilegal siempre me han sorprendido sobretodo por ser el soberano absoluto del Estado del Vaticano y podría haber aplicado sus políticas en su propio estado.
Segundo ámbito: La Agenda 20-30.
Ni que decir tiene la defensa y el apoyo que el Papa Francisco ha tenido con la Agenda 20-30, y no se trata de estar a favor de cuidar la naturaleza o del cambio climático, que también, se trata que la Agenda 20-30 en su conjunto es un engaño y una estafa por parte de un grupo de poder, cuyo objetivo es controlar y dominar a las personas haciéndolas menos libres en todos los ámbitos de la vida.
Decía Fernando del Pino Calvo-Sotelo “El ecologismo como religión global: ¿Un caballo de Troya para la Iglesia Católica?” (Noviembre 2019):
«El cambio climático es uno de los mayores exponentes de un mal disfrazado de bien y de una mentira disfrazada de media verdad, empezando por la falacia de un “consenso” científico casi unánime: no hay tal, sino una asimétrica disparidad de opiniones y una agresiva censura de los muchos científicos escépticos con la supuesta responsabilidad del hombre sobre el clima o con la verosimilitud de las predicciones climáticas catastróficas (¿la meteorología no puede predecirse más allá de unos pocos días y, sin embargo, podemos saber qué clima tendrá la Tierra dentro de un siglo?). Ahora que ya se conocen los embustes de la ideología ecologista sorprenderá menos escuchar algo que hoy puede sonar blasfemo (utilizo el término “blasfemia” porque, en efecto, el ecologismo es una religión y decir esto le convierte a uno en hereje). La realidad es que la ciencia aún no comprende cómo funciona el clima, un sistema caótico, complejo y no lineal y que, como es lógico, el clima a largo plazo resulta fundamentalmente impredecible y está afectado por causas naturales, desde la radiación solar hasta la interacción de los océanos y las nubes.»
El Premio Nobel de Física Robert Laughlin lo resumía así: “Por favor mantengan la calma; no tenemos poder para cambiar el clima, algo que la Tierra hace de forma rutinaria sin pedir permiso a nadie ni dar explicaciones”
El cambio climático uno de los pilares de la Agenda 20-30, no sólo es la mayor estafa de todos los tiempos, sino el pretexto del nuevo totalitarismo. La amenaza que hace unos años se presentaba dudosa, empieza ahora a concretarse en tiranías bien reales, el ejemplo más palpable es el apagón sufrido en España el pasado 28 de abril y créanme que no fue un simulacro. ¡Despertemos!.
Rezo para que en el próximo Pontificado la Iglesia Católica descubra la gran mentira que oculta la ideología ecologista-climática detrás del seductor manto que la cubre y que es la base de esa religión global que las élites del poder quieren introducir como un caballo de Troya en la Iglesia Católica.
Tercer y último ámbito: El desprecio a España.
¿Qué le pasaba al Papa Francisco I, con España?.
Para mí, “Bergoglio”, lo tenía muy claro, no quería saber nada de España como país, estado o nación. Evitó por todos los medios pronunciar la palabra España. Recuerdo que el año pasado durante el Ángelus por motivo de la festividad de Todos Los Santos, al terminar la homilía y tras rezar la oración mariana, el Pontífice tal y como es habitual hizo mención a determinados conflictos o catástrofes ocurridas durante esa semana para mostrar sus condolencias y mostrar su cercanía. Fue extremadamente rara la forma en la que se refirió a España. Francisco evitó pronunciar España y pidió rezar por los pueblos de la Península Ibérica, especialmente por la Comunidad Valenciana, debido a la «DANA» o Gota fría, diciendo: «Por los fallecidos y sus seres queridos, y por todas las familias damnificadas». En cambio, el Pontífice no tuvo inconveniente en citar por su nombre al resto de países: Chad, Francia, Ucrania, Palestina, Israel, Líbano, Myanmar y Sudán.
Esta forma en la que Francisco se refirió a España (Península Ibérica) no ha pasado por alto para muchos usuarios en redes sociales ya que desde la cuenta de la Red Social X del Papa Francisco se vuelve a repetir diciendo: «Rezamos por las poblaciones de la Península Ibérica, especialmente por la Comunidad Valenciana, afectada por la «DANA»: por los fallecidos y sus seres queridos, y por todas las familias damnificadas. Que el Señor sostenga a los que sufren y a los que llevan ayuda». Como es normal se generó una tormenta de reproches en la Red Social X.
En otra ocasión anterior, marzo de 2019, cuando viajaba en el avión hacia los Emiratos Árabes, le preguntaron al Papa Francisco que cuándo pensaba visitar España y el Pontífice contestó de forma impropia en la meticulosa diplomacia vaticana: ¿Viajar a España?. “Primero tienen que ponerse de acuerdo ustedes”, dijo El Papa, en aquel momento y cuando una periodista de Radio Nacional de España volvió a preguntarle, no matizó ni aclaró nada más, con lo cual solo podemos especular sobre los motivos que le llevaron a una extravagancia así, una desconsideración que, en cualquiera de los casos, no se merece España por su importancia histórica, con independencia de cuáles sean las circunstancias a las que se refiere “Bergoglio”.
Un mes más tarde en el avión que le llevaba a Marruecos ante medio centenar de periodistas dijo que “iré cuando haya paz”
Durante el Pontificado de Francisco I, doce años son muchos años y muchas las oportunidades que ha tenido el Santo Padre para venir a España. ¿Por qué no lo ha hecho? alguien le dijo que celebramos el IV Centenario de la Canonización de Santa Teresa de Jesús, y también de san Isidro Labrador, patrono de Madrid, y que hace no mucho, siendo pontífice, celebrábamos el V Centenario del nacimiento de la Santa de Ávila. Alguien le comentó que celebramos el año 2022 el Año jubilar de Manresa y el V Centenario de la conversión de san Ignacio de Loyola, fundador de la Congregación a la que él pertenecía. Y no son las únicas efemérides de este periodo de Pontificado.
No deben existir en el mundo muchos países que hayan apoyado más que España a la Iglesia Católica y su jerarquía eclesiástica a lo largo de siglos y siglos, y, desde luego, ningún otro país ha contribuido a la evangelización de los pueblos como lo hizo España, tras el Descubrimiento de América. Como en el refrán: tanta cercanía, tanta amistad, acaba malentendiéndose; donde hay confianza, da asco. Por eso mismo, el papa Francisco hablaba así de España y decía cosas de España que quizás no se hubiera atrevido a decirle a ningún otro país del mundo.
Solo me queda como buen cristiano pedir a Dios que brille para él la Luz eterna uniéndome en oración por su alma, para que el Señor lo juzgue con misericordia y lo reciba en su reino.
También rezo por la Iglesia en este momento tan delicado. Por los cardenales que se reunirán para elegir al próximo Papa. Y, sobre todo, porque el Espíritu Santo ilumine esa elección y guíe a quien tenga que llevar el timón de la barca de Pedro los próximos años.
Requiem ætérnam dona eis, Domine,
et lux perpétua luceat eis.
Requiéscat in pace.
Amen
(Gorio) 30/04/2025










