Un niño negro, observaba en un parque, como un vendedor, para atraer a los demás niños, iba soltando globos que iban subiendo al cielo hasta desaparecer de la vista. Primero uno rojo, después uno verde, otro amarillo, uno azul… El niño se acercó al vendedor y le preguntó: Señor, si suelta usted el globo negro, ¿subirá tan alto como los demás? Y el vendedor respondió: “No es el color lo que les hace subir, sino lo que llevan dentro”. Soltó el globo negro y el niño vio maravillado, cómo subía y desaparecía en las alturas.
Estos días invadidos por los medios de comunicación, en aquello realmente insustancial, le hice una pregunta a un buen amigo: ¿Es que la gente no tiene nada más que ver y hablar que de fútbol y los chismorreos de sociedad? Él me contestó: “Es que estamos tan vacíos por dentro, que cualquier cosa, por muy vulgar y aburrida que sea, llena a mucha gente”. No se concibe que en estos tiempos, se produzca un derroche de medios, tanto de los grupos de información, como económicos, para informar de cualquier nimiedad que a la ciudadanía le importa un pimiento. Y la realidad sangrante del día a día del sistema social y económico es canallesca. Se ha impuesto en nuestro mundo y hace que unos se enriquezcan a costa del empobrecimiento de la inmensa mayoría. Esta miseria, lo es en un doble sentido, el monetario y el cultural, que a veces se convierte en vacío, en pobreza moral y hace que las personas, se vean reflejadas y envidien la abundancia de una minoría, que es la que impone a los demás el vacío modo de vida. Estoy seguro de que mucha gente y lo digo con absoluta tristeza, habrá olvidado por unos días sus miedos reales, sus inseguridades reales, sus dificultades diarias.
Mucho daño nos han hecho en nuestra educación, los cuentos del apuesto príncipe y su bella princesa, ya que la realidad del mundo es otra: el paro, la marginación, la droga, la pérdida de una casa por no poder pagar la infame hipoteca… que seguirán pagando a pesar del desahucio bancario. Está bien y es necesario muchas veces evadirse por momentos de la realidad, pero hemos de ser conscientes de que no podemos cambiarla de inmediato, no hay hadas mágicas que la cambien, no hay príncipes azules, porque si caemos en esto, la frustración será mayor cuando volvamos de esos sueños olvidadizos. Resulta grotesco, que los medios nos bombardeen con este tipo de sucesos durante varios días, y nosotros como bobos pegados a la TV, cuando actualmente en España, muchísimas personas viven bajo el umbral de la pobreza. El problema del campo, agravado por la ausencia de lluvia, el robo a los productores de fruta, hortalizas y demás, que por suerte para todos se está visibilizando y era hora. No es el color del globo lo que le hace subir más alto, sino las cualidades y características, de lo que lleva en su interior, es decir, el Helio, que es menos pesado que el aire. Y por cierto, ¿cómo está nuestro interior? ¿Intentamos llenarlo como los globos, con ideas, sentimientos y actos, que nos hagan elevarnos como seres libres, o preferimos la pesadez y rigidez de nuestras cadenas?
La alienación, la perturbación, el rechazo, la intransigencia, el odio, el cerrar demasiadas puertas, el rencor, las depresiones personales, muchas veces incomprendidas por los demás, no hacen cercanas a las personas y las sitúan en un plano ajeno a la realidad, alejándose de la plenitud humana. Los medios y la publicidad engañosa, son en buena parte culpables de ello, porque muchas veces generan a personas sin criterio propio, que prefieren ignorar la realidad del dolor.
Y todos corremos ese peligro, porque nos da miedo ser asertivos, tener empatía con las personas. Y esa empatía, supone meterse en la piel del otro, de la otra, siendo conscientes y necesariamente consecuentes, con lo que ello conlleva.












