OPINIÓN | PLATÓN NO CREÓ CHERNÓBIL

La bóveda del pensamiento de un artista es de cristal. Y no lo digo porque sea hermosa. Todo lo contrario. Lo destaco porque es frágil y transparente. Es obvio que se precisa que esté iluminada para poder crear y llenar, por ejemplo, una partitura de notas, un folio de letras o un lienzo de colores, porque ¡por alguna parte tendrán que entrar las puñeteras musas!
El reto siempre es el mismo: enfrentarse al Vacío. Hacer de la Nada, algo. Y los que saben de qué hablo, entenderán perfectamente lo que digo: para viajar al Mundo Intangible de Platón se necesita algo más que Ideas. Es menester contar con una sensibilidad tan exquisita que se convierta en un arma de doble filo en las manos de cualquier autor. Bien usada, conquistará en su viaje a un elocuente monstruo cultural que nos será expuesto como si de un Rex se tratase en Jurassic Park.
Ahora, la mala praxis de esta técnica no radica en su inadecuado uso, sino en su inactividad. ¡No concedieron los dioses dones para que los humanos cayeran en los pecados capitales más precarios de la Caja de Pandora! Cuando la realidad muestra su cara más infértil, no existe creador en el mundo que no rompa su batuta, lápiz o pincel. Para ser claros: el talón de Aquiles del artista radica, precisamente, en la toxicidad que emana del mundo que le rodea.
Cuando creíamos que los residuos más peligrosos del planeta yacían contenidos bajo las capas y capas de hormigón en Chernóbil, reaparecen como cucarachas ciertos humanos que, como si llevaran toda su vida mamando de la teta del Reactor 4 (Chernóbil), necesitan expandir su doctrina por el mundo en forma de “sabelotodísmo”, superficialidad, egoísmo, desprecio y regodeo. Esas malas víboras buscan expandir su mal por la tierra y necesitan de víctimas que conviertan tanta maldad en depresión, ansiedad, ataques de pánico, fobias… ¿te suenan?
Sí, hablo de esa Salud Mental que, por la Covid, ha dejado de ser la “fea del baile” y la “gran olvidada”.
¿Y por qué nos afecta ahora más? ¿Nos hemos ablandado con la edad? ¿Por qué hay personas que, al contrario de todo esto, han salido reforzadas? La respuesta es muy sencilla: no todos usamos los mismos mecanismos de defensa. Y me centro en estas humildes letras en aquellos que saben crear. Porque, cuando miran a su alrededor, ven un mundo lleno de enfermedad, guerras, hambre, muerte y una raza política que roza la parte más deshonrosa de una religión. Entonces, todo en ellos se detiene. Y se bloquea. La sensibilidad se enfría. Su niño interior ya no puede viajar entre realidades para quedarse con lo mejor de cada una. Está atrapado en un Limbo lleno de desconocimiento, dudas, inseguridades, perjuicios y olvido. Y entre visitas a un psicólogo –que poco más que una orientadora de instituto hace–, y a un psiquiatra, que te llena la agenda de pastillas de impronunciable nombre químico, se te abre una puerta hacia el maravilloso y ocioso mundo de la desgana, la desazón, el cansancio, la inactividad y la apatía.
Ni la puñetera musa hace nada ni el techo de cristal de antes que, por cierto ¡cuidado porque se está agrietando! Hemos caído en el bombardeo informativo y en la rutina diaria. Nos hemos convertido en uno más que obedece a un “pan y circo” millennial. Y entre anglicismos impuestos, modas incomprensibles, la inmediatez del momento, la sobresaturación de las pantallas y la imperiosa necesidad de gastar dinero para llenar ciertos vacíos emocionales –sin contar que el sexo es otra forma de hacer lo mismo–, la paciencia se ha ausentado unos meses y se ha ido de excedencia.

¡Apañaos ahora sin mamá!

Es ahí cuando nace la anarquía del ser. Ya no hay reglas, ni ganas. No existen motivos ni motivación. Pensar en crear supone un esfuerzo titánico… ¡bastante tenemos con sobrevivir al día a día! Sí, a ese jefe imbécil; o a ese cuñado insoportable o, sin ir más lejos, a la persona que te engañó hace años y por la cual te sientes enterrado bajo una montaña llena de mierda que no te permite moverte.
Y así es cómo el techo de cristal cruje, se rompe y se cae sobre nosotros. Supongo que, con tanto peso encima, la toxicidad exterior acaba matando al niño interior del artista y, con su muerte, se rompe el billete de ida y vuelta al Mundo de las Ideas.
Esta reflexión acabaría aquí, sin más, si no fuera porque hoy he visto algo de luz. He quedado con un viejo y fiel amigo y, entre cigarro y cigarro, hemos jugado al chinchón, a deshacer rompecabezas, a desenredar clavos y, si me apuráis, a tentar a la Física con algunos experimentos acuáticos. Nada de esto estaba planificado. Surgió de la manera más natural y, precisamente, así me di cuenta de que, determinados comportamientos a los que estamos sometidos día a día, desaparecen. ¿Cómo? Encontrando por el camino gente tan maravillosa que haga de lo sencillo, algo bueno; de lo simpático, algo noble; y de lo cortés, la educación.
¿Queda gente así? Sí. Doy fe de que la hay, sin ser yo un notario de la gran ciudad ni nada de eso. Pero ojo, si llevas una poquita de toxicidad encima, no la contagies. Haz tu propia cuarentena y, cuando estés preparado, disfruta de la compañía. No extiendas virus emocionales innecesarios que solo restan y nada aportan. Quizás, de esta manera, la cúpula de cristal vuelva a reconstruirse y, con ella, renazca la luz, la transparencia y la armonía. Es la única manera de viajar seguro entre mundos porque, como recaderos que somos, debemos también de ser cuidados a la par que cuidadosos.

Juan Parrilla Canales.
Fuentes: Emilio Prieto Hurtado.
Tendencias XXI de las Religiones.
Tendencias Actuales de la Filosofía.

Emilio Prieto Hurtado es Licenciado en Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y con Máster en Periodismo Cultural en la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Prácticas realizadas en Cadena SER, EL PAÍS y Diario JAÉN, donde después desempeñó labores periodísticas en las secciones de Cultura, Vida Social y Televisión, además de las ediciones de otras cabeceras. Actualmente, codirige Tártarus, una revista de literatura fantástica que recientemente celebró su quinto Festival Literario en el Centro Feminista Carmen de Burgos, en Baeza. Escribió Frizie, una saga literaria de cinco partes que publicó en Amazon.

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