No hace muchos años, voces, primero pocas, más tarde muchas, se quejaron del bipartidismo (al modo británico y al modo USA) que vivíamos en este país.

Poco a poco, surgieron formaciones ilusionantes que pretendían, y de hecho lo consiguieron, romper con tal visión de la política. Momento entonces de criticar a los creadores del bipartidismo hispano (Fraga y González) y de echar por tierra los Pactos de la Moncloa, e incluso la Constitución.
Sí bien es cierto que se trataba de un bipartidismo no siempre bipartito, pues partidos nacionalistas ayudaban en ocasiones a sustentar a PP o PSOE, según convenía, en el conjunto del Estado se seguía percibiendo cómo bipartidismo, ya que no habían “enseñado la oreja” los nacionalismos independentistas.

Hoy, después de una época convulsa de nacimientos, muertes y resurrecciones de partidos que han hecho trizas el bipartidismo, muchos sectores piden que las aguas vuelvan a su cauce.
De una parte, los partidos hegemónicos, para no tener que compartir poder con otros, de otra, gran cantidad de ciudadanos que entienden que los nuevos partidos solo sirven para radicalizar las posturas de PP y PSOE, y otros porque han comprobado como los nuevos líderes de esos nuevos partidos (que nacieron gracias a la corrupción manifiesta de las dos grandes fuerzas políticas), la han cagado, uno por megalómano (Rivera), otro por intolerante dentro de sus propias filas (Iglesias), ambos por cierto fuera ya de la política.

Sin atender a la mediocridad que envuelve a nuestros políticos actuales, de cualquier signo, prueba del fracaso de los sistemas educativos que desarrollaron PSOE y PP y que nunca han querido consensuar, parece una realidad que el multipartidismo ha contribuido a radicalizar al electorado que se mantenía más o menos en los cauces de la tranquilidad, a dar alas al independentismo, en el mejor de los casos a hacerles grandes concesiones y, por supuesto, a ensalzar ideologías de dudosa factura democrática que recuerdan actitudes de un pasado que muchos se empeñan en resucitar, para ensalzarlo unos, para resarcirse otros.

Pero no olvidemos que estos factores no se han desarrollado gracias al multipartidismo, si no a la ineptitud de PSOE-PP y a su afán corrupto.

Se nos avecinan tiempos emocionantes después de las elecciones madrileñas y sus resultados. Este analista se pregunta: ¿Es Errejón el nuevo gran líder que necesita este país? (Para sus detractores parece que sí, pues lo ponen como el elegido por el IBEX o como el enviado del Comunismo Satánico, según se sea de un palo o de otro)¿Gobernará el PP y la extrema derecha en España en un futuro? (Visto lo visto, es muy probable) ¿Resurgirá el bipartidismo ahora que los nuevos partidos están en decadencia, salvo VOX y MásPaís, claro? (No, el multipartidismo ha venido a quedarse, como en el resto de la Vieja Europa) ¿Qué pasará en Andalucía con Ciudadanos? (Ni idea)¿Renacerá Susana Díaz como el Ave Fénix? (Seguro, ya lo dice el refrán…) ¿Habrá más empleo en Linares ahora que por fin se ha dignado a venir la Santísima? (Ah, que no ha venido a dar, que ha venido a pedir, vaya…) ¿Quién ganará la Eurocopa 2020? (Ni idea, y eso que no estará Sergio)¿Hasta qué hora abrirán los bares? (Hasta muy tarde) ¿Volverá el botellón? (Eso quisiérais) ¿Es cierto que en las vacunas COVID se integra un microchip para controlar nuestras mentes y, sobre todo, nuestro voto? (Miguel Bosé tiene la respuesta)

Próximamente saldremos de dudas…