De verdad que el analista casual alucina con esas personas que, teniendo cierre perimetral en su localidad y/o provincial, se han buscado triquiñuelas para salir, no para ir a un trabajo, o para recoger a un hijo menor de edad que vuelve a casa, ni para cuidar a un progenitor enfermo o muy mayor, no, alucina con aquellas personas que, encima de cometer, si no delito, sí un acto de insolidaridad ciudadana, tienen la desfachatez de colgar en redes sociales fotografías o vídeos donde se les ven tomando una cerveza fresquita a la orilla del mar o paseando por un precioso sendero de alguna sierra hermosa, o compartiendo comilona con quince personas más, o delante del Museo del Prado.
El analista casual se siente un poco decepcionado con un buen número de ciudadanos de la sociedad que comparte y se pregunta, ante este echo insolidario y otros muchos que detecta, que pueden catalogarse de nimios y/o de muy graves (papeles en el suelo junto a una papelera, no respetar el paso de peatones, incumplimiento de la ley por algunos representantes de la misma, falta de profesionalidad en algún funcionariado ralentizando procesos administrativos o no llevándolos a cabo con la buenísima excusa del teletrabajo, falta de contratación de personal sanitario, no ayudar a un desconocido en la calle que se le ve en apuros, malas formas con los profesionales de la educación o la salud,  basuras en vías verdes o en puntos no habilitados para ello en la ciudad, críticas sin argumentos a los demás, supercherías religiosas que ponen freno al desarrollo personal y moral, falta de criterio al analizar otra opinión contraria a la suya, gusto por el regetón y por la televisión basura,  excrementos de perros en las calles, corrupción a todos los niveles, como explicó en el capítulo anterior, etc. etc.) se pregunta, insiste, si no estará educando mal a sus hijos, si no los estará haciendo seres inadaptados por excesivamente respetuosos con los demás y con su entorno ecológico, si no será perjudicial para su futuro no educarlos en la podredumbre intelectual y física en la que se desarrolla gran parte de esta sociedad.
A veces, el analista tiene la impresión de estar educando a sus hijos en una burbuja irreal y endogámica, de la que al salir y enfrentarse a la realidad, pueden sentirse, lo que menos, bichos raros.
Solo le queda el consuelo al analista de creer que lo está haciendo, si no bien, al menos lo mejor podible.
Dicho esto, el analista es consciente de que, igual que no debe pretender que sus hijos sean de tal o de cual manera, no debe frustrarse porque la sociedad no sea como a él le gustaría. Y también sabe que, esta misma sociedad que ahora crítica, tiene muchos valores positivos, por poner un ejemplo el de la democracia, sí, esta democracia que, con todos sus defectos y posibilidades de mejora, es uno de los regímenes políticos de los menos malos que podríamos tener, si no tuviera fe en la posibilidad de mejora, si no de todos, sí de muchos, el analista hubiera dejado de analizar y , por ende, de escribir.
El analista casual quisiera concluir con la frase de un músico famoso:  “Piensa globalmente, actúa localmente” . Paul McCartney (1942- )