La noticia “Profesor decapitado en París por joven inmigrante islámico” del viernes 16-10-20 conmovió a gran parte de la ciudadanía que la recibió. Cabe pensar que además de la salvaje muerte, hay distintas circunstancias del hecho que interpelan a cada persona de manera distinta. Me imagino que no sentiría lo mismo alguien proclive a la islamofobia y o a la xenofobia que alguien creyente del islam. Incluso entre las personas de dicha creencia se mezclarán el miedo, el odio, la impotencia o vaya usted a saber. No, de momento no voy a entrar en particularismos para volver al sentimiento más común. Creo que lo es el desagrado por estos hechos que se vienen repitiendo con demasiada frecuencia y que debiera hacerse lo posible para que no persistieran. A partir de ahí, apenas tras la curiosidad y necesaria información, ya empiezan las divergencias antes anunciadas. Por eso creo que, pese a las urgencias para una rigurosa investigación y una gestión afectiva de las emociones, convendría proceder con sabia calma para una acertada y duradera solución. Aunque me temo que sabiduría, calma y honradez es algo de lo que se despacha poco en este mundo neoliberal, inhumano y superficial. Ante diversas visiones, funciones e intereses tan contrapuestos, trato de argumentar mi desconfianza. Difícil aunar prisas e intereses. Veamos.

Corresponden a los poderes públicos asegurar las condiciones y aspiraciones citadas de: serena seguridad de la ciudadanía, rigurosa y justa investigación de los hechos y soluciones en verdad duraderas. Sin embargo, persiste el peligro de que las autoridades en pos de tranquilizar a la ciudadanía ofrezcan medidas al calor del telediario que puedan resultar tan ineficaces como las anteriores. Parecen ir por ahí las intenciones de las autoridades francesas, pues hay más condenas precipitadas que serena investigación y reflexión con la debida perspectiva. ¿Ha pesado más decir lo que la gente quiere oír para una seguridad inmediata aunque efímera o tener en cuenta a la vez otros intereses menos presentables? Por supuesto que hay un componente religioso como en acontecimientos anteriores, pero las soluciones sencillas no son fáciles como ya se han visto. Los conflictos religiosos pueden ser además culturales, sociales, políticos o bélicos y vaya usted a saber qué aspecto de ellos es el más determinante de todos? Yo recuerdo ahora que Ben Laden era un fanático yihadista aclamado por Reagan como mujaidín de la libertad en Afganistán, al que luego se mandó matar como a un perro. Francia es una República que valora “ahora” más la laicidad-para mí siempre deseable y admirable- aprobada en 1.905, pese a que la viene debilitando con el calificativo de “abierta” que les permita escarceos dudosos. Por supuesto que ese valor junto a la libertad de expresión, de opinión, información y otros deben defenderse siempre y no sólo según venga al caso. Por supuesto que del islam proceden hoy bastantes conflictos que se sufre la población de occidente, incluida la musulmana. En este momento, convendría que Macrón y sus ministros tuvieran en cuenta a Reagan a la hora de hacer sus influyentes declaraciones. Y es que los conflictos habría que ponderarlos sin mezclar las churras con las merinas. Así es como crece la cólera islamofóbica por todo el mundo que, además generar un choque de bloques, podría servir a distintos intereses. En Francia para aminorar, al menos en parte del origen, del problema social de la integración escasa de inmigrantes, en gran parte musulmanes. En casi todo el mundo la xenofobia, el racismo y toda clase de proselitismo. De eso nos pueden enseñar mucho en España organizaciones como HazteOir del lobby ultra católico. Ese entramado de la “guerra cultural” en contra de lo políticamente correcto o lo que es la eutanasia, el aborto, el matrimonio homosexual, la lgtbi.

Así que enemistando “Occidente” con todo lo musulmán, será legítimo el acoso laboral a una ingeniera como Zeinab Alipocirbabie iraní de origen musulmán suponiendo que lo sigue siendo, aunque esté integrada en el Reino Unido. Claro, como todo lo musulmán es atraso y crueldad, se oculta el emancipado desarrollo que la mujer va conquistando en ciertas áreas de esa sociedad a través del “matrimonio blanco”. Son realidades de las que habla Nazanin Armaniac y que el supuesto “monolítico Occidente” prefiere no hablar. Se cita la yihad islámica, como si fuera la única guerra religiosa que en el mundo ha sido, o que de otra manera lo sigue siendo. Qué podemos decir de esos entramados internacionales del odio racista xenófobo, donde no falta el aliento ultra católico o ultra evangelista. Eso, que la religión no falte tampoco en occidente, aunque la tengamos que vestir de multi confesional. Claro que en Europa tampoco falte la base religiosa que ha ensangrentado toda su historia. Si Monsieur Macrón: laicismo sin artificio, el que abre la racionalidad y aparta el dogma, para propiciar el humano entendimiento. Las creencias de cada cual para sí. La convivencia y la cultura abiertas a las personas a la hora de decidir su futuro en común.