Hay en la democracia de este país una serie de personas o personajes que pululan por el periodismo con gran exquisitez y “dignos” de especial reconocimiento. Llamo exquisitez a esa suerte de imagen crítica-supuestamente llena de rigor ambidiestro- distinta de los “Indas” que ni escuchan ni dejan hablar por esas tertulias. Los primeros, como el señor Vallés de antena 3, aunque sirven al mismo dueño y fin, claro lo hacen con más clase. Cada día me asombro menos, pese a las apariencias que tratan de dar esquinazo a esa realidad inocultable que donde manda patrón mediático, difícilmente manda o se mantiene periodista digno de tal nombre. Viene a mi mente “Los cínicos no sirven para este oficio”, expresivo título del libro del periodista Kapuscinski. Si el cinismo no sirve, si que parece venir bien el corporativismo, según he podido ver en el episodio que aquí trato de abordar y referido al mencionado periodista.

Estos días me ha llamado de manera especial el presentador estrella de telediarios en Antena 3, donde además de dar noticias o entradas a corresponsales, hace sus apartes críticos. En ellos relaciona noticias para alguna vez fustigar a la derecha y con mucha más frecuencia al gobierno, en especial a esa peligros alianza de que según el poder omnímodo ha de separase. Venga o no al caso, como es habitual en la mayoría de los medios, sartenazo Unidas Podemos o al “detestado” Iglesias. Pese a esa impostada y fullera neutralidad, se le escapa su sentir como un error, cual dicen la infinidad de colegas de Atresmedia e incluso de otros medios, desde donde cuidan su corporativismo. Está claro y es comprensible que el prestigiado señor Vallés se equivoque, no faltaba más. Que le explique a quien lo quiera creer que pedir que en el parlamento se investigue la policía política de la que hay innegables pruebas es un empeño de Iglesias de perseguir a periodistas. Qué mala suerte que tiene el vicepresidente segundo con tanta impertinencia como se le atribuye. Que explique con documento oficial que son las CCAA las responsables de las residencias de mayores vale menos que un recorte de periódico de El Mundo no es nada, u otro error si se menciona. Y es que el señor Iglesias no se acaba de enterar que ahora tienen mejor acogida, incluso en los juzgados amigos, expedientes de esa guisa. Qué torpeza ingenua también la de pedir que los periodistas traten de que de su trabajo no se desprenda perjuicio para el prójimo incluso para quien ya ha recibido el reconocimiento judicial. No acaba de enterarse de que en esta selva hay autorización para según quien pueda hacer citas inexactas con intención más o menos injuriosas. Aquí todo dios está autorizado a disparar contra ese vicepresidente; es un deber “patrio” sacarlo del gobierno. Vale de poco el que asuma sus equivocaciones y trate de enmendar el error. Lo suyo no es error. Qué osadía la de tratar de equiparase al divino Vallés.
Pues sí, no se puede tomar por un cualquiera a un periodista cinco estrellas del casi oligopolio mediático unido al servicio del régimen de 1.978. Ese coarto poder tan profesional que ha aguantado decenios tapando la corrupción del monarca anterior. Sí, en el mejor de los casos se le ha permitido a excelsos plumillas ser de los primeros en publicar algo, cuando los escándalos vienen del extranjero. Ahí tenemos a Cristina Pardo y otros casi estrellas de Atresmedia defendiendo a Vallés aunque se les haya cogido en renuncios por el estilo. Pero la solidaridad entre exquisitos va más allá. Esa casta de periodistas que sabe ir por el filo de la navaja mostrando la sensatez suficiente para pasar de un medio a otro con sólo aceptar con habilidad la línea editorial del medio que se trate. Estos o estas profesionales no tienen el peligro de quedarse en el paro o en la precariedad como en ciertos casos. He leído en el mismo escrito, además de algo de lo adelantado que el citado impertinente dice sus ocurrencias para que lo “papagayos” que le siguen lo repitan por esas esquinas. Hay que ver como si hubiera entrado también en la estrategia de los argumentarios goebelsianos de otros.

Yo, sin ser un “Pascual Serrano”, leo con atención, esperando que los medios de comunicación lo sean tales y no que fabriquen espectáculo o insinuaciones con la realidad. Simplemente pido que la palabra se corresponda con la cosa, que no se acuda al rumor sino a la noticia contrastada, que haya derecho de rectificación con la misma audiencia tras la falsedad. Esto es, que cada noticia responda a las preguntas esenciales que se hace el ciudadano, del que el periodista y los medios debieran ser honestos mediadores. Es lo que decía Kapuscinski. En fin, tal vez sea mucha impertinencia pedir como derecho a la información verdadera, que creo que está también en la Constitución, con el permiso de los fervorosos constitucionalistas de la nueva ola. En eso seguiré empeñado, aunque no me será fácil, en este mundo en el que casi todo, incluidos ciertos “errores” de periodistas, se compra y se vende.

Foto: Tyler Hewitt (Licencia Creative Commons)