Por estos días se ha cernido otra nebulosa, tal vez la última entre las habituales en cada persona, la de explicar su muerte. Lo normal en cualquiera, no lo es tanto en el caso de un magnicidio como el de Olof Palme. El asesinato, permítaseme el uso de ese sustantivo, como en el caso de personajes de esa trascendencia en general, es algo premeditados y en beneficio de alguien en concreto. La primera gran nebulosa surge en torno a la planificación del crimen, para continuar con el borrado o destrucción de datos incriminatorios. Siendo casi de general conocimiento los hechos esenciales, se inducen a la ignorancia de los detalles probatorios. Como en el caso de los Kennedy, Carrero Blanco y otros no aparecen datos concluyentes. Lo más que se ofrece son pistas o sospechosos que luego se diluyen con el tiempo. Eso es lo que parece que ocurrió con el presidente del gobierno sueco, al parecer bastante incómodo para algunos habitantes de Suecia y otros de las potencias internacionales. Veamos.

Se sabe que el 28 de febrero de 1.986 el señor Palme salía del cine con su esposa, Lisbeth. Como era habitual, iba sin escolta cuando fue abatido por dos disparos que hirieron a quine convertían en su viuda. Tras la agresión, según se ha venido diciendo, ni se fijaron zonas de investigación ni orden concreta de las pesquisas habituales. Se detuvo a un delincuente que sirvió de cabeza de turco y que luego tuvieron que liberar indemnizando por las acusaciones. Christen Petterson, tal era el nombre del acusado, politoxicómano con ansia de notoriedad apareció en varias cadenas de televisión en los meses que siguieron al magnicidio. Hay indicios de la complicidad de los servicios secretos suecos para ocultar los hechos. Se conoce al menos una denuncia anterior al asesinato a la policía, la de Von Birchan, que se ignoró. El citado informador ofreció a la policía datos sobre la implicación de la extrema derecha en el atentado. En los medios interesados en saber la verdad de los sucesos se entiende que se está ante un golpe de estado urdido entre suecos descontentos y fuerzas del extranjero.

Palme era el líder más carismático de la socialdemocracia de su tiempo, gran pacifista que trataba de influir en ese sentido en la política mundial de su tiempo. Se declaró contrario a la OTAN como bloque militar y a la guerra de Vietnan que los EEUU alargaron creando un gran drama entre la juventud norteamericana. Mostró su radical desacuerdo con Kissinger y Brzeszinski y la estrategia de intervención americana, como la sublevación de Pinochet en Chile, que ambos propiciaban. Igual había mostrado su oposición a todas las dictaduras, incluida la de Franco en España. Propició la negociación y entendimiento con Fidel Castro y Salvador Allende. Su pacifismo le llevó a un claro enfrentamiento con la política neoliberal de Reagan y su empeño militar de la guerra de las galaxias. Con Palme la economía alcanzo el máximo equilibrio y progreso al propiciar la máxima participación de la representación de trabajadores y trabajadoras en las decisiones esenciales de cada empresa. Con la desaparición de Palme seguida de la de Bruno Kreisky en Austria, la socialdemocracia entró en la lastimosa decadencia de la que no acaba de recuperarse.

Hablaba en el título de una nueva nebulosa con relación a Palme. No es casual, pues ya cuando el magnicidio se ocultando la realidad culpando a un inocente. Ahora se ha aprovechado la situación de la pandemia y otras para que el mundo no conozca que la muerte de Palme fue un asesinato en contra de la voluntad más pacífica del pueblo sueco. También lo fue para imponer una situación más agresiva y desigual en lo económico, lo militar y medio ambiental.