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OPINIÓN | Carta a Su Santidad

Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Papa Francisco, no cabe duda que nuestra sociedad (española, no sé la Argentina o la Vaticana) se ha modernizado en los últimos cuarenta años. Hemos aprobado leyes sociales de sentido común, divorcio, aborto, matrimonio homosexual… Nos quedan asignaturas pendientes que entiendo deberían estar consensuadas: Ley para la educación, igualdad ante la Ley para todos, Seguridad Social igual para todos los españoles, con independencia de Comunidad Autónoma, ley sobre eutanasia, etc.

Si nos detenemos en las primeras, me llaman la atención dos cosas que quizá sean las que diferencien a unas ideologías de otras: De una parte, se trata de leyes que benefician solo a quienes quieran hacer uso de ellas, pero que no obligan a nadie a hacer algo que no se desee hacer. Y de otra, crean polémica y controversia social, incluso moral, haciendo que cada individuo, o grupo organizado, muestre su nivel de respeto hacia las decisiones individuales de los demás, es decir, intente obligar o no, de la manera que sea (coacción moral, legislativa o ilegal) a que impere su voluntad frente a la de los demás que, repito, no quieren imponer la suya, solo tener la opción, si sus circunstancias vitales se lo imponen, de optar por una u otra alternativa, pero solo para con ellos.

Al respecto, argumentos camuflados como puramente económicos se esgrimen para decir: Con mis impuestos no quiero que se paguen abortos o cambios de sexo. A lo que por contra se podría decir, ¿por qué con los míos tengo que pagar la escuela, la Universidad o la Seguridad Social de los hijos de estos individuos? Pues por Sentido Común, por solidaridad o por facilitar la convivencia en sociedad.

Por eso, me han llamado la atención las declaraciones de Su Santidad en su entrevista con Évole. Bastantes enemigos tiene usted en las filas conservadoras como para granjearselos en las más liberales, que hasta ahora le ven como un Pontífice moderno y acorde con los tiempos que corren, como un Pontífice Cristiano, en el más sentido humanista de la palabra. Meterse en los berenjenales que se metió con el tema de la homosexualidad, ¿para qué? Cómo humano, tiene derecho a opinar, incluso a equivocarse, pero como Santidad no puede obviar los conocimientos de la Psicología con respecto a ese tema. La homosexualidad no es una enfermedad Su Santidad y quién detecte algo “extraño” en un niño es quien necesita un psicólogo, no el niño. Por cierto, hay niñas también homosexuales, Su Santidad.

Sí obviamos en el siglo XXI a la Ciencia, con todas sus carencias y defectos, o es por ignorancia o por mala fe y no creo que usted la tenga.

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