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OPINIÓN | Precampaña electoral

El votante español en general y el linarense en particular, ante el prolijo y apasionante tiempo electoral que se avecina, tiene una tarea difícil a la hora de definir su voto, sea tanto de izquierdas como de derechas.

Ya ha comenzado la precampaña electoral y antes de entrar a saco en la cuestión de a quién dar el voto, el ciudadano se plantea, no sin razón, algunas cuestiones de sentido común, da igual su ideología e inclinación hemisférica.

Por ejemplo, advierte que en la convocatoria de elecciones no se ha intentado aminorar gastos, dicen las malas lenguas que cada elección cuesta 200 millones de €, es decir, lo que construir un centro de salud o un colegio. Ocurrió en Andalucia y ocurrirá a nivel nacional, por cierto también en Cataluña y en Galicia, lo que demuestra que no es exclusiva decisión de un único partido político, si no que el sobregasto electoral, lo es de todos, por intereses particulares partidistas y no por el bien común.

Otra cuestión que se plantean millones de jóvenes, y no tan jóvenes, es la del voto por Internet. Usamos las redes a diario, sobre todo para ocio, el Estado recauda a través de Internet, solicitamos documentos oficiales, existe la firma electrónica y la novedosa clave de identidad para las Administraciones, por qué no dar la opción de votar a través de la red?, existiendo también la opción de ir al colegio electoral, claro, para quien no domine o no quiera a través de Internet. Aminoraríamos gastos y aumentaría la participación. Estonia, Suiza o el Reino Unido han utilizado este tipo de voto electrónico en algunos comicios, aunque todavía no han sido adoptados plenamente.
Seguro que se nos ocurren muchos más medios para suprimir gastos electorales, gastos de campaña, mítines, etc.

Llegado el momento, el votante se plantea por qué opción decantarse, y lo más probable es que no lo haga llevado por el sentido común, es decir con la posibilidad de votar a opciones diferentes en cada comicio si cree que en un momento determinado es necesario tal o cual partido para el bien del país, que no para sus ideas, que al fin y al cabo son solo producto de sus prejuicios, educación o intereses económicos. Votaremos con el corazón, importándonos bien poco si eso resolverá o no nuestros problemas y los de nuestros vecinos, obviando cualquier atisvo de solidaridad, que es lo que hace que un país fructifique. Este mal llamado chaqueterismo es un pecado si se traspasan votos de la derecha a la izquierda o viceversa, pero no tanto si los trasbases son dentro de una misma tendencia.
Así las cosas, el votante ve como la falta de diálogo y de acuerdos entre fuerzas, conlleva a la radicalización de las mismas; lo vio en el PSOE por la influencia de PODEMOS hasta que esté partido decidió, con criterio de Estado, desradicalizar su discurso y sus acciones en las Cortes. Y lo ve el de derechas ahora, porque el PP, adalid del Centro Derecha, adopta un discurso muy de derechas para recuperar votos de VOX y Ciudadanos, que nace con un espíritu centrista, heredero de la UCD de Suárez, se radicaliza también hacia la derecha pensando que ocupará el espectro (de muerto) político al que piensa se reducirá el PP tras su presumible, y deseado por ellos, descalabro electoral.

Los votantes también se plantean el descrédito que se han ganado a pulso los líderes políticos, porque donde dije digo, ahora digo Diego, así como la poca falta de deseo de aquéllos por solucionar los problemas reales de los ciudadanos y hacer de este país una nación próspera y con futuro para sus hijos, porque, pregunto, cómo se puede asegurar antes de unas elecciones que pase lo que pase, el partido tal o el partido cual, JAMÁS pactará con equis otro. Y si pactar fuera la mejor solución para el país, que no para mí partido o para mí? Si algo se aprende en evaluación psicologíca es que cuando una persona hace afirmaciones absolutas como “yo nunca”, “jamás”, “yo siempre” etc., está sencillamente mintiendo y se pone en duda su credibilidad en las respuestas dadas en cualquier test.

Y en Linares, para más INRI, estas incertidumbres se acrecienta. Por un lado, hallamos tendencias que un día defendían una opción política y ahora despotrican de la misma con vehemencia por desavenencias personales (personalismo?), por otro, partidos que han gobernado en la ciudad durante una era sin frutos aparentes que repercutan en los linarenses, incluso, los más atrevidos le culpan de la situación actual.
Por otra parte, otra opción que representa un cambio en Andalucía pero que poco hizo por Linares cuando ostentaba el poder en España y con la desconfianza de sospechar que las promesas hechas por los nuevos dirigentes de la Junta solo formen parte de la precampaña electoral ya en marcha; no obstante se les debe dar el beneplácito de la duda y esperar al menos los cien días de rigor en el gobierno andaluz, hasta ver cómo desarrollan su labor, cosa que, por cierto, no hicieron ellos con el actual gobierno en funciones de la nación. Además de todo esto, el ciudadano de Linares se encuentra con pequeños partidos, con aparente buena voluntad, con tránsfugas, ahora del grupo mixto y con dos partidos de peso nacional y autonómico con enormes divisiones internas. Pareciera que Linares fuese sumamente importante para los políticos, que contradicción verdad.

Y de Cataluña mejor ni hablamos (hoy al lo menos)

Continuará, al menos hasta que pasen las locales y europeas.

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