Portada Categorías Opinión OPINIÓN | Fake news – Noticias falsas

OPINIÓN | Fake news – Noticias falsas

Las noticias falsas, los bulos, siempre han existido. En la Edad de Piedra, en una horda del este de África, hay constancia de que se intentó destituir (eliminar para mayor exactitud) a la chamana de la misma, aduciendo que regalaba huesos mágicos a una tribu rival. Por fortuna, se demostró que era falso cuando esta última fue atacada y arrasada por los guerreros de la primera horda y no se hallaron en la tienda del chamán de la tribu en cuestión ningún hueso procedente de la colección de la chamana. Los más atrevidos, habían llegado a afirmar que chamán y chamana mantenían relaciones amatorias. Fake news.

En nuestra sociedad, no hace tanto, era costumbre el 28 de diciembre soltar alguna noticia falsa en prensa, radio y televisión, para celebrar el día de los Santos Inocentes; hoy también en Internet y redes sociales. A modo de diversión, sin malicia alguna.

Actualmente, las noticias falsas, ya generalizadas a diario, se emplean con dos fines en la red y en WhatsApp, para lucrarse, pues cuantas más visitas tenga una página en Internet, más probabilidad de contratar publicidad tendrá y, en segundo lugar, para conseguir adeptos a una causa, sea esta política, social o económica.

Últimamente, ha surgido una manera más sofisticada de mentiras en las redes sociales, las llamadas deepfakes, bien de manufactura casera, bien a través de sofware complejo, como la aplicación FakeApp que conlleva el uso de Inteligencia Artificial, siendo capaz de recrear un rostro sobre otro (Máscara Inteligente) y de manipular su voz, cambiando así la identidad del mensajero. Hay un ejemplo circulando por el ciberespacio muy bien elaborado del ex presidente Obama. Basta con descontextualizar al personaje, cortar y pegar, usar un antiguo video o mentir acerca de la nación que aparece en las imágenes.

Así, hemos llegado a la política de la DESINFORMACIÓN. Si el contenido del video o imagen es satírico, no se enjuicia por la vía penal (cosa que me parece perfecto, pues los cómicos son parte imprescindible de nuestras vidas), pero si es ofensivo, grotesco, vejatorio u obsceno, sí. Por ejemplo, se han detectado deepfakes en grabaciones pornográficas, apareciendo en pelis de esa índole personajes de la vida política y social norteamericana. Por desgracia, a la Justicia le resulta muy difícil llegar al lugar de origen de la noticia falsa, pues parten de URLs situadas en países lejanos o laberínticas redes, o no existe denuncia que obligue a investigar, o no interesa porque desacredita al rival.

Recientemente ha aparecido un twitt de Pedro Sánchez con respecto al tema de Venezuela que decía así: «Reconozco como presidente de #Venezuela a @jguaido PERO si convoca elecciones de inmediato. No se puede acceder al poder y gobernar si no es pasando por las urnas. Por la democracia, la inclusión, el feminismo y eso» Cuando, en realidad el twitt, como he tenido ocasión de contrastar, decía: «Reconozco como presidente encargado de Venezuela a @jguaido, con un horizonte claro: la convocatoria de elecciones libres, democráticas, con garantías y sin exclusiones. No daré un paso atrás. Por la libertad, la democracia y la concordia en #Venezuela»

Juzguen ustedes mismos la sutileza y la maledicencia de los mensajes. Hay cientos de ejemplos como este para políticos de cualquier signo, actores, empresarios, etc.

Si nos dicen lo que queremos oír, aunque no sea del todo cierto, nos reafirmaremos en nuestra idea inicial sin contrastar la información porque el cerebro humano tiende a la comodidad (al equilibrio de la homeostasis), de ahí que trague todo lo que le viene fácilmente dado y no tenga la necesidad de averiguar si es cierto, o no, el input (la información que le llega) Puro ahorro de energía biológica (cómo hacen la mayoría de los animales llamados irracionales) Además, cuanto más cercana esté la información a nuestras creencias y prejuicios, más credibilidad se le otorgará.

Por otro lado, como el cerebro precisa dar explicaciones a todo suceso (precisamente para no perder su estado de equilibrio biológico), si no la halla (no somos infalibles, claro) se la inventa (Oliver Sacks) y recurre a lo que más a mano tiene, las creencias, sean verdaderas o falsas, hayan sido contrastadas o no (como ocurre con la superstición, la xenofobia, el machismo, el feminismo, etc.)

Las ideas, los pensamientos y las creencias, desarrollan caminos, como los que hace un arado en el campo, surcos neuronales, en el cerebro; cuanto más carga afectiva y emocional tengan aquéllas, más profundos serán los surcos. Una idea negativa sobre algo o alguien (sea cierta o no la información que la originó) crea un profundo surco y necesita de alrededor de diez ideas o acciones contrarias para poder modificar la trayectoria de dicho camino neuronal, es decir, para cuestionarnos si de verdad nos creemos en el absoluto poder de la verdad. De nada sirve que participemos activamente en una ONG si se ha corrido el bulo de que obtenemos un beneficio económico por hacerlo, pongo como ejemplo. De nada sirve contrastar que la mayoría de mujeres que dicen ser feministas no tienen al hombre por enemigo si en nuestro cerebro ha anidado la idea de que todas las feministas lo piensan, más si tenemos algún litigio particular al respecto, o al contrario, que todos los hombres somos machistas, o peor, maltratadores por el mero hecho de ser hombres. De nada sirve echar mano de la estadística de que es sólo un pequeño porcentaje de religiosos los que son pederastas, aunque cada día por desgracia aparezcan más casos, si ya se nos ha inculcado que todos los curas lo son, más, si no somos creyentes.

En realidad, nos creemos, no tanto lo que queremos que ocurra como lo que esperamos que suceda. Nuestras expectativas determinan en gran manera nuestra percepción, pero no somos conscientes. Para percibir la realidad tal como es nos haría falta un cerebro del tamaño de un edificio. Nuestro cerebro puede registrar sólo detalles de la realidad, el resto lo inventa, rellena huecos mediante algoritmos y atajos (Susana Martínez-Conde)

El sentido común y muchos neurocientíficos, así como psicólogos, avalan estos comentarios anteriores: Los citados Sacks o Martínez-Conde, Antonio Damasio, Michael Gazzaniga, Eric Kandel, Pere Etupinyá, entre otros. Y, cómo dice este último autor: «Una mente abierta es la que dice “puedo estar equivocado”»

Y yo pregunto: ¿Realmente queremos tener una mente más abierta? ¿Se han creído que está contrastada la información que les comenté al principio sobre la horda en la Edad de Piedra? Así funcionan las Fake News.

Lecturas y vídeo recomendados:

– Malcolm Gladwell: Inteligencia Intuitiva. ¿Por qué sabemos la verdad en dos segundos? (2005)
– Oliver Sacks: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. (1987)
– Antonio Damasio: El error de Descartes (2005)
– Michael Gazzaniga: El cerebro ético. (2005)
– Eric Kandel: En busca de la memoria. (2013)
-ColdFusion(Deepfakes-RealConsequences)

1 Comentario

Haciendo click en "Publicar comentario" estará aceptando la política de recogida de datos (Art. 5.1 de la LOPD) y las condiciones de uso