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La educación y la pérdida de valores

Una educación en valores éticos, morales, una educación humanista que ponga al ser humano en el centro progresivo de la existencia, por su capacidad de tener conciencia, evolución biológica y crecimiento personal y/o espiritual (no necesariamente y de forma exclusiva religioso) es lo que irremediablemente necesita esta “humanidad” cada vez menos humana, porque visto como está el patio, vamos hacia atrás, cuesta abajo y sin frenos.

Para Bertrand Rusell, somos química pura y para Rafael Yuste, científico español en Silicon Valley, en dos o tres decenas de años, llegaremos a ver cómo funciona nuestra Conciencia y que todo ello se explicará científicamente. También médicos científicos señalaban hace años, que nuestro espíritu o alma pesa 21 gramos, medido este peso, antes y después de morir ¡Jopé es que se te pone la carne de gallina!
Perspectivismo y relativismo son dos conceptos muy usados hoy, pero para mí, poco aportan al crecimiento personal aunque sí nos valen para explicar algunas actitudes y afirmaciones que pululan por doquier.
Hoy, en relación con el tema tan traído y llevado, de las asignaturas realmente formativas para la convivencia social, no se llega a acuerdos mínimos en los contenidos curriculares para que en los colegios se complemente la educación que se debería recibir en las casas. Los obispos españoles y ciertos sectores conservadores, afirman que estas materias (entre ellas la Educación para la ciudadanía) fomentan el relativismo moral (?) Está claro, que con dogmas y dictaduras ejercidas desde estos amplios sectores extremistas, es imposible el afloramiento de ese relativismo moral.

De ahí se desprende que la Verdad sólo la tienen ellos, porque creen ser los auténticos depositarios de la misma. Claro, que confunden intencionadamente ética, moralidad y verdad, con esas imposiciones dogmáticas o indubitables, porque Dios lo quiere así.
Ya lo dice la Iglesia grabado a fuego: “Fuera de la Iglesia no hay Salvación”
Cuando la Verdad y la Utopía, es el horizonte al que aspira a llegar el ser humano y cada uno puede hacerlo por caminos diferentes, bien por sus creencias religiosas, bien por su sentido ético de la vida o su humanismo.

La cultura y las pautas culturales evolucionan con el tiempo, pero parece ser que todavía en España, estos sectores creen estar viviendo en un estado teocrático, como en la dictadura, en la que la Iglesia tuvo tanto poder como el franquismo.

Hoy constitucionalmente y por definición: el Estado Español es aconfesional y yo añado que cada vez más, mayoritariamente laico. Para ser cristiano, antes hay que ser profundamente humano, si no, todo carece de sentido; y si se es creyente, hay que tamizar desde la ética y la razón los valores morales y religiosos que se nos intentan transmitir, para evitar goles por la escuadra y caer en fanatismos. Que un gobierno, que un estado laico (ojo, no laicista, que es el que niega los derechos fundamentales en religiosidad), se decida a dar el paso de intentar educar en valores cívicos y de convivencia a nuestros niños y jóvenes desde las escuelas, es más que elogiable para cualquier mente abierta. Pero parece ser que estos sectores, al creerse depositarios de la verdad absoluta en lo referente a moralidad, no aceptan que otros eduquen desde su perspectiva. El nacional catolicismo sí que les sirvió a estos estamentos, porque eran ellos a través del Estado (léase el franquismo), quienes introducían grabando a fuego “el infierno” sin piedad ninguna, en una especie de “totum revolutum” en el que se mezclaba a Dios con los intereses del Régimen. Y les fue muy bien durante cuarenta años. Así salimos gente tan tocada mental, humana y espiritualmente, porque estar viendo las llamas del infierno siempre, era para volverse loco. Hoy, con asignaturas adecuadamente consensuadas por todos los políticos, que tengan como finalidad el crecimiento personal y social en los colegios, nuestros hijos podrán desarrollarse como auténticos seres humanos, llegando a ser adultos conscientes y consecuentes con sus creencias, porque paralelamente con los hogares, se les habrá educado en valores humanos.

Pero para ello hace falta “querer” y dejar las estupideces de los “escupitajos” y la ramplonería provocativa de este niño showman llamado Rufián, así como las provocaciones e insultos de unos contra otros.
Tristemente somos los españoles el espejo donde se miran nuestros políticos.
¿Tendremos arreglo alguna vez?

Ingeniero Técnico de Minas. Pintor, profesor de dibujo, del Instituto Huarte de San Juan y profesor de música en la especialidad de guitarra clásica por los Conservatorios de Córdoba y Linares. Escribe artículos de opinión desde 1999. Miembro de la Asociación Provincial de Jaén y de Andalucía de Ayuda al Pueblo Saharaui. De profundas convicciones humanistas, es amante de la poesía mística de San Juan de la Cruz, de la obra de Teresa de Jesús y de los miembros de la Generación del 27 entre otros.

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