No me gustan de manera especial lo de “los días de”. Creo que las buenas intenciones debiéramos tenerlas los trescientos sesenta y cinco del año. Ello no obsta para aspirar a que al menos un día nos paremos a reflexionar algo más sobre uno de los aspectos que benefician al común de los mortales. No está de más hacerlo con más frecuencia sobre la violencia y discriminación contra a la mujer que lamentablemente tan pocos avances muestra. Hoy aprovecho la propuesta de las Naciones Unidas para el uno de Octubre dedicarlo a los mayores. Aunque hace unas semanas abordábamos el muy mejorable trato que los medios daban al colectivo de pensionistas, hoy volvemos para completar. La ONU plantea para los Mayores Derechos Humanos que no declinan con la jubilación. Dicha organización propone además una mayor visibilidad, una vida lo más placentera, involucrando en ello al conjunto de la ciudadanía. A veces se nos olvida que somos un solo ser, desde la cuna a la tumba. Esa vida o río, del que habla Manrique, parece trocearse hasta confundirnos cada cual y hasta dentro de la propia familia. Que decir fuera de ella, donde casi todo se compra y se vende para acabar tirándolo cuando parece no servir.
Si, hay mucha confusión en la vida actualidad en la que varios conceptos empiezan a desconocerse, a cambiarse o a perder la utilidad que en otro tiempo tuvieron. Hablamos de mayores, de dignidad de humanismo, de ingenuidad, de derechos y deberes, de trabajo y ocio, de jubilación y pensión, o del humanismo conjunto. Lo de mayor es algo relativo a la vez que inapelable de momento. Relativo porque cada cual será mayor dependiendo de con quien se compara. Se dice también que el ser mayor no lo dice sólo la fecha de nacimiento, sino como se siente. Claro que esa posible juventud prolongada, además de con el ánimo, tendrá que ver con cómo nos ha ido la salud. Hasta aquí hablamos más de la propia apreciación. Otra cosa será cómo se nos ve y cómo se nos trata. Recuerdo a mi suegra que era muy suya. Cuando alguien la llamaba abuela con o sin ritintín, ella solía responder : si, soy abuela pero de mis nietos. Creo que tenía razón, que tanto en la familia, en la calle o en la sociedad, habrá que empezar viéndonos y tratándonos como personas o seres humanos. Esto es con el respeto mínimo, la comprensión posible y con la confianza o ayuda que se nos admita o solicite. Claro que eso según los ambientes, y hasta la misma persona.
La lucha generacional, tanto más complicada según la nuevas tecnologías y estilos de vida van marcando distancias. De llamar de usted a abuelos y prognitores a que éstos sean nombrados como “mis viejos, son indicios de mayor confianza y -exagerando quizá -de menor respeto. Sobre el cuidado a los nietos o mayores, cierto aporte económico y el disfrute de todos y todas habría que hacer un convenio familiar. También en este ambiente habrá que gritar somos viejos pero no tontos.
En el ambiente laboral, que no acaba de deslindarse del laboral, habrá que conllevar con el sentido común y solidario el paro, la precariedad y la reivindicación. Llegado el caso habrá que decir claro me han jubilado del trabajo, pero no como parte activa de la sociedad.
En el ámbito social y del gran poder, además de repetir los mensajes anteriores, habrá que estar al loro para que no nos quiten de en medio como pensionistas y problema con artes inhumanas y torticeras. La primera, convertir al colectivo en enemigo que pone en peligro el “bienestar” actual.
Confusión en la que caen hasta las propias familias a la que se les ayuda con cuidados y dinero. Al precariado al que se le inyecta la envidia por no tener una paga segura. Importa poco o nada, que reciban también ayuda como los anteriores y además la lucha también en su defensa. Sabemos de su calamitosa situación. Situación y futuro de semiesclavitud que apenas les permite pensar y defenderse.
Por eso se debiera aprovechar ese día y muchos más de los Mayores para hacernos visibles como un activo de la sociedad. No somos mercancía de usar y tirar. Somos seres humanos con tanta o más conciencia y dignidad que los de otras edades. Edades que no debieran de renunciar, además de a alguna ayuda nuestra a la experiencia. Experiencia en el mundo laboral del que nos hemos jubilado, pero no dejamos de ser gente el pueblo preocupada por su situación. Es ocasión también de decir que seguimos siendo la ciudadanía que lucha por los Derechos Humanos para toda persona. A los poderes públicos y a la sociedad en su conjunto, debiéramos asegurar que mientras las facultades lo permitan lucharemos por una vejez e disfrute que se asegure la de mayores futuros.








Sensacionalismo sin más. Un poco más de reflexión.