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Democracia y falsos ídolos

La generalización de lo que se ha dado en llamar el vicio político, llevó a decir al pensador Max Horkheimer, de la Escuela de Frankfurt, hacia mediados del S. XX:
“La política que no contenga teología (hoy sería traducible por moralidad) no dejará de ser un negocio, por muy hábil que éste sea”. Lo que es hoy, lo expresa muy bien el jesuita Josep Vives: “Vivimos en una sociedad secularizada en la que los comportamientos políticos y sociales, no suelen venir marcados por las convicciones morales de sus miembros. Aunque los nostálgicos del nacional catolicismo, colocan en alguna iglesia, pancartas con los eslóganes de su partido y su líder para asistir a misa.

O muy ricos, que ofrecen plegarias por otros más ricos que ellos, para que les vaya bien a ambos en los negocios”.

Siempre la gran derecha económica, ha equiparado sus creencias religiosas, al dios dinero, al dios poder: “Dios bendiga América” o “Creemos en Dios” como reza en el billete de dólar.
Con una mano piden ayuda a Dios, para que sus bienes sean multiplicados y con la otra engañan a los demás. Dicen ser creyentes, mientras trituran al prójimo, robándoles hasta el pensamiento. Para la galería, son hombres de gran fe en Dios; en la realidad son gentes perdidas, sin dignidad humana.

Aquél pueblo que aspira a un estado democrático, no puede ni debe tolerar a individuos de esta especie en cotas de poder, capaces de corromperlo todo.
Por eso, desde los planteamientos de la Filosofía del Derecho, un Estado digno, el que sea, debe preocuparse por una sociedad más justa, más libre, apartando de su lado a los adoradores de falsos ídolos, que sumergen a la gente en la miseria. Y los gobernantes que están situados en el arco iris de la honestidad (cada vez cuesta más estar ahí, tanto en la derecha como en la izquierda) deben impregnar a sus actos de un cariz incuestionable, siendo testimonio de la decencia en primera persona. Es necesaria una forma de Estado de Derecho, que atienda las necesidades generales de la sociedad, pero que no acapare el control de todos los resortes, obstaculizando la dignidad, la libertad y lo que últimamente se ha llamado “movimiento de la sociedad civil”.

El Estado, debería realizar una función complementaria de lo que la sociedad civil y la iniciativa privada no son capaces o no pueden hacer, sin caer ni hacer caer, en la idolatría de lo económico y del disfrute compulsivo de los bienes materiales que nos amenazan con la esclavitud. Si no, el Estado, se convierte en prisionero y después en ejecutor de esa maldad.
Es necesaria una solidaridad universal, que vaya mucho más allá de los conceptos de las grandes potencias.

Si estamos en la era de la globalización, no sólo se debe defender la justicia dentro de nuestras fronteras, sino ampliarla para erradicar la injusticia y la iniquidad que hay fuera. No podemos prosperar en Occidente a costa de las desigualdades de los que no tienen ninguna oportunidad. Hoy, la mayoría de los partidos, de las democracias, están más atentas al bienestar de “sus” electores, y a ampliar el espectro de sus votantes, que a atender a quien más lo necesita.

El gran Imperio de los sentidos desaforados, controla el mercado de productos de primera necesidad, el medio ambiente, todo… en contra de una auténtica justicia internacional.
Y aquí caben por desgracia, además del Estado, las ideologías de los partidos, porque con su pirámide de obediencia al líder, sus afiliados parece ser que han quedado fuera de juego, incapaces de hacer un análisis crítico y honesto, porque muchos de esos afiliados también en la élite del poder, quieren seguir pillando cacho.

La política ha de estar al servicio del bien común desde una opción por la vida, se les haya votado o no. Pero estamos a años luz de conseguir esto, porque quienes en primer lugar no somos honestos ni honrados somos nosotros (sálvese quien pueda).

Luego si de la ciudadanía han salido nuestros políticos, muchos de ellos paradigma de corrupción… ¿qué vamos a criticarles exigiendo decencia personal y política si muchos de nosotros acaso no la tenemos?
Ésta es una reflexión en voz alta de este modesto y humilde escribidor que sólo pretende un parón en las conciencias personales y colectivas, porque este mundo va cuesta abajo y sin frenos y porque la humanidad se dirige hacia una grave distopía.

Debo de ser ingenuo, porque todavía creo en el caminar hacia la utopía.

1 Comentario

  1. Hola Juan. Me encanta ese estilo vibrante y auténtico. Aunque tal vez algunos quieran ver un panfleto. Pero nuestra sociedad necesita testimonios de personas que desde su compromiso con la realidad alcanzan otros horizontes más allá de lo puramente político..

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