Con cierta frecuencia hago alusión en estas páginas, con mi habitual pesimismo, al incierto futuro que aguarda a nuestro planeta. Si en algún asunto hay que buscar la veracidad sobre los peligros de degradación de océanos, suelos y polos, sean de los que más, si no el primero. Cito estos tres peligros ecológicos, por que relacionados con ellos hay otras tantas noticias que merecen especial atención, según mi opinión. Una tiene que ver con las bolsas de la compra y el plástico en general, como gran contaminante de tierras y mares. Otra tiene que ver con la adquisición de la empresa Monsanto por parte de Bayer que nos recuerda la no lejana del glisofato. La tercera tiene que ver con la preocupante desaparición del hielo en los polos. Ello no quiere decir que nos olvidemos del cambio climático, del calentamiento global y tantos otros con los no dejan de estar relacionados. Pero con tres muestras ya vamos bien por hoy.

La contaminación por exceso de plástico en el ambiente es noticia porque ahora se repite con la salida del pagano. Dice mi amigo Pepe, y no le falta razón, que hay otros modos de ayudar al ambiente sin rascar el bolsillo al personal, como usar el papel que se degrada pronto. Por mi parte, estando de acuerdo en no acudir siempre a la pela, sería mejor usar casi ningún envase. Sea esa u otras medidas lo del plástico es muy urgente, pues es el componente que más crece en la mayoría de los objetos que nos rodean. Como consecuencia de ello y de la dichosa moda de “usar y tirar” quizá muramos “emplasticados”. Ocurre que además de ser la basura más abundante es la que más dura: cincuenta años la bolsa o seiscientos el hilo de pescar. Se habla de reoger o reciclar más, pero la realidad es que apenas se recicla el 50% del plástico recogido. Esto es tierra adentro, donde gran parte de lo que no se recoge lo llevan las aguas a los océano. Tanto que desde el mismo mar apenas se llega a arojar el veinte por ciento del total. Allí dice Greenpeace que puede haber entre cinco o cincuenta billones de toneladas, un setenta por ciento en el fondo, un quince en columna y otro quince en la superficie. Si se sigue arrojando tanto plástico en 2.050 habrá más plástico que peces. Y es que están en peligro por enredos, estrangulación o desnutrición por el bloqueo digestivo. Con todo uno de los mayores peligros son los microplásticos que llegan a entrar en el plancton y desde él formar parte de la cadena alimentaria hasta nuestros plato. Además, esa especie de sopa que forman los microplásticos, llegan a constituir cinco importantes islas en los océanos. Está claro que hay que tirar menos plástico, par ello hacer como en algunos países que han retomado lo cestos y los envases lo que les ha permitido a eliminar todo el plástico en este uso.

La misma tierra, de la que salió el ochenta por ciento del plástico que acabó en los océanos, influye con la contaminación de las mismas aguas que le llevan los ríos y aguas subterráneas. Ello tiene que ver con lo citado sobre Monsanto. Esta empresa, además de la dudosa transformación que está propiciando en la agricultura con las semillas para cultivos transgénicos, es la productora del herbicida glifosato. Éste y otros productos, que dejan un riesgo cancerígeno o no degradable en la agroindustria, quizá tenga que ver con la adquisición de esta empresa por la farmacéutica Bayer. Se recuerda la reñida prórroga para el uso en la UE del herbicida Glisofato. Estas circunstancias de desprestigio como la importante pérdida de ventas, habrá influido en la transación. Esperemos que la adquisición por Bayer sea algo más que un simple cambio de marca. Con ello, iremos hacia unas agricultura más natural y con menos riesgos para alimentos tierras y aguas.

Desde hace varios años se habla de la progresiva desaparición del los hielos en ambos polos y en especial en el de norte. Ahora con la llegada de un verano algo raro como el presente, con altas temperaturas en los países nórdicos, el deshielo se incrementa. Se dice que cada uno de los últimos años se va derritiendo algo más de la capa del hielo caída ese año y haciendo más vulnerables los hielos de abajo. Ello está permitiendo que los barcos transiten por zonas del casi el mismo polo, lo que era impensable hace unos años. Al hablar de estas cuestiones los expertos se preocupan porque parece que la población mundial no tiene conciencia de estos cambios. Todos ellos, relacionados con los anteriores y por supuesto con el cambio climático y el calentamiento global, cuestionan un futuro que casi está aquí. Pensemos que la desaparición del hielo del polo norte llevará, con la subida de las aguas marinas, la disminución del diez por ciento de la actual superficie terrestre. Esa sola consideración de manera permanente nos debiera llevar a dejar atrás tanto “usar y tirar”