De la aceituna de mesa a la OTAN

A veces en un telediario, a poco que uno piense, se pueden establecer algunas relaciones cuando menos llamativas. Una de las más recientes es la subida de aranceles que EEUU ha puesto a la aceituna de mesa que venía importando de España, sin descartar que se amplíe al aceite y a otros productos. En principio se nos informa del hecho como cosas de Trump. Luego de las reclamaciones que, sin mucha convicción, se hacen desde Andalucía, España y supuestamente desde la Unión Europea. Llama la atención que cuando desde EEUU se habla de la mundialización para que el capital no tenga fronteras y se proponen ¿o imponen? asociaciones comerciales por aquí y por allá, a nuestras aceitunas el sobreprecio. Y es que este mundo, en que nos ha tocado vivir, es fundamentalmente la selva donde el animal grande se come al chico. Puede que el castizo me diga que eso siempre ha sido así y que los negocios son los negocios. No digo que no, pero permítaseme que al menos tenga memoria.

Recuerdo que allá por el año 1.982 hubo un referendum con un anhelo muy repetido: ¡OTAN NO BASES FUERA! Un poquito antes se nos había dicho : OTAN, DE ENTRADA NO. De la segunda frase a la primera, había habido de por medio la promesa de entrar en la Unión Europea. Eso sí, si a la vez se accedía a la OTAN. De las bases, que parecían emparejdas en el mismo lote, se dijo poco. Y es que aquello venía de lejos, de cuando Eisenhower consiguió del general Franco la cesión de territorio español para bases militares. Era poco después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se esperaba que las democracias occidentales forzaran la extinción de la última dictadura , cuando tuvo lugar dicho acuerdo. Desde esa fecha el ejército americano dispone de Rota, Morón-ambas en Andalucía- Torrejón de Ardoz y Zaragoza para repostar sus barcos y aviones cuando lo necesiten. Así USA tuvo una plataforma ideal para controlar el Mediterráneo. Tras un ajustado, dramático y truculento referendum, lo que era no se convirtió también en un sí. Es cierto que luego la vecindad de las tropas americanas se redujo a Andalucía, Rota y Morón. Vaya suerte la nuestra. La entrada en la OTAN se confirmó pronto. El cambio significó que lo que eran bases americanas lo fueron también de la Alianza Atlántica, a la que además desde entonces hay que hacer una aportación económica y militar. Aportaciones que hoy reciba de veinte y ocho estados.

El chollo de Europa también se confirmó. Primero vimos el pelotazo de las peseta al ajuste con el euro. Luego vino el reajuste industrial, más bien turístico, para el desmantelamiento de gran parte del tejido industrial español. Además, gran parte de lo que se hace en España se decida en Bruselas, donde manda más Alemania, aunque todos se cuadren ante Trump o quien toque.

Viendo lo visto, aparte de en los negocios, en lo demás tampoco hemos salido muy benefiaciados, creo yo. O vuelven a ser mis aprensiones de pesimista irredento. A mí se me ocurre pensar en la alegría que sentirán quienes viven de la aceituna en Morón, cuando oyen salir o entrar los aviones de sus vecinos yankis. Entonces pensarán, que harían si pudieran aquellos paises donde llevan la libertad occidental en formas de mortíferos obuses. Yo, incluso aquí, algo más lejos de Morón y Rota, no me siento muy contento oyendo los aviones que sobrevuela mi cabeza.

Otra cuestión que me pone de los nervios en esas asociaciones de ideas que a mí se me ocurren, tienen que ver también con el creciente presupuesto de Defensa. Eso es mucho decir, porque de por aquí principalmente salen aviones para la guerra. Aún así, me preocupan más las ingentes cantidaes de euros, que detraemos de educación sanidad, o pensiones, para entegar a la benéfica la OTAN. Si, hasta hace unos años, a la hora del presupuesto inicial, la partida para lo militar se presentaba más pequeña, para luego hacerla crecer con ajustes posteriores. En el último presupuesto ni siquiera la señora Cospedal, que venía usando lo de “el diferido” en otros menesteres, ha tenido el detalle de maquillar como se solía el habitual el gasto para la OTAN. Sin embargo, ante otras carencias no ha tenido empacho en decirnos que el dinero no cae de los árboles.

Puede que alguien me llame demagogo, o de manera más suave, poco realista. Sin embargo cuando veo que llega míster Trump a, sin escuchar lo de las aceitunas , exigir el dinero para costear el complejo industrial de guerra que tiene el pentágono, me sublevo. Claro que no sirve para mucho más que para mi deshogo, pero que al menos no se me obligue a aparecer “después de jodido contento”.

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