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Nemesio y su mono paracaidista

Miren por donde, voy a desayunar a una cafetería del centro y me encuentro con mi amigo Nemesio. Se estaba tomando un coñac, después de meterse dos “carajillos” entre pecho y espalda.

Al verme, me echó unos ojos como si hubiera visto al diablo. Me dijo mirando mi muñeca derecha en la que llevaba una pulsera con la bandera de España, “Hijo, me has jodío la mañana… tú con la dichosa banderita. Eres un rojo de mierda, porque eso lo llevan los fachas. Claro, no me extraña, con las juntas que tienes…”

Yo no le hice caso y le solté: ¡con dos carajillos y el coporro de coñac que se está metiendo usted, es normal ese estado de ánimo con tan mala leche!. Y como me gusta cabrearlo le dije: Pues mire, le voy a decir una cosa: ¿Cuántas franjas rojas lleva la bandera republicana?.

“Una” me contestó secamente. ¿Y la bandera constitucional?. “Dos ¿a qué viene la mierdosa preguntita?”
Muy sencillo, ¿cuál de las banderas lleva más rojo? Y ahí lo pillé.

Entonces le dije:¿Quién lleva más rojo en la bandera, el republicano o el constitucional?. Además, esta bandera representa a España, mi país. Bufando como los toros, me dijo: “¡qué sabrás tú, niñato de mierda lo que es el orgullo patrio”!

“Mira, cuando yo hice la mili, serví en paracaidismo, y como en mi Compañía no teníamos mascota, nos hicimos de un mono y lo convertimos en nuestra mascota, como la Legión tié su cabra. Al mono lo entrenamos en la técnica del salto y le hicimos un paracaídas con los colores de la bandera de acuerdo a su peso y tamaño. Y llegó el gran día. El mono a empellones desde el avión lo hicimos saltar con nosotros. Nos araño y mordió a todos antes de saltar, pero con la poca fortuna de que no se le abrió el automático del paracaídas y cayó en picao.

Cuando llegamos nosotros al suelo, fuimos a buscarlo para enterrarlo con tos los honores, y nos encontramos al hijoputa del mono sentado sobre un peñascal…¡estaba vivo! Al vernos le entró una locura indescriptible y se lió a pedrás con nosotros, que tuvimos que salir corriendo hasta que se calmó y pudimos reducirlo. Lo llevamos a la enfermería y el capitán médico le hizo un completo reconocimiento. Increíble, salvo unas magullauras el mono cabronazo estaba perfectamente. Paece ser que había caío en la copa de un árbol.

Sólo pasaos unos días, cuando veía subirnos al avión pa saltar, se meaba literalmente por las patas abajo. Desde entonces le dimos un trato de general, no volvió a saltar y comía y dormía como un obispo”.

Bueno Nemesio, dos carajillos y un coñac, dan imaginación para una historia de estas ¿no?
“Te juro Parrillosky por mi santa madre que es solutamente cierto y verdaero lo que te he contao. Así que no me vaciles con la dichosa banderita, que mis cojones han vivío mucho más que tú”.

Vale Nemesio no se me cabree, lo invito yo.
“Güeno. Pero quítate de la muñeca la puñetera mariconá esa”
Me desabroché la pulsera mientras me miraba con ojos de murciélago con cataratas. Le di la vuelta y apareció la bandera republicana. Entonces el viejo, con una sonrisa que le llegaba a la nuca, me soltó: “Lo has hecho pa joerme ¿no?”

Sí Nemesio, sí.

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