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Políticos y ciudadanía

Congreso de los Diputados

Cuando un pueblo tiene unos gobernantes éticos y con una decidida actitud de servicio, todo marcha bien para la ciudadanía en la cuestión de la cosa pública. Pero cuando el quehacer político, lejos de servir al ciudadano, se transforma sólo en poder, olvidando las promesas y programas de gobierno desde la responsabilidad de mejorar el Estado, se pasa de una actitud de servicio a la ciudadanía, que es la que debiera prevalecer, a ejercer el dominio más déspota y corrupto.

Y la clase política muchas veces, ejerce ese despotismo des-ilustrado, convirtiéndose entonces en seres corrompidos con esas enfermizas ansias de poder deshonesto que abarca todo.

Esta gente sabedora que no les pasa nada aunque se depraven hasta la médula, se convierten en auténticos bandoleros, como los de Sierra Morena. Aunque estos últimos atracaban al rico para dar algo al pobre.

Ellos saben que pueden hacerlo, prostituyendo algo tan noble y sublime como es y debiera ser, la actitud de servicio para la ciudadanía.

La inteligencia política, el carisma, la voluntad de servir son grandes cualidades, pero cuando estos valores personales se utilizan de forma egoísta, anteponiendo el sillón, el poder y el dinero, los citados valores desaparecen, convirtiendo a estas personas en auténticos seres podridos, ética y moralmente, porque la degeneración casi siempre entra por el bolsillo.
Pero existe otra realidad en la que poca gente piensa y que bajo el punto de vista de este humilde escribidor es fundamental y decisivo.

Este nuevo cambio de signo político de quienes nos gobiernan, resulta que viene a ser una nueva dependencia de quienes nos marcan la pauta a la ciudadanía. Pero si es fundamental la honradez de nuestros gobernantes, más determinante resulta la honradez de los que somos gobernados.

Y los ciudadanos, sálvese quien pueda, somos tan corruptos como los que nos gobiernan. ¿Qué por qué?

Porque somos muchísimos los que callamos, los que miramos para otro lado, los que no queremos meternos en líos, los que saben que con su silencio, pasividad, falta de compromiso ante las injusticias con los demás, podrán medrar, subir escalones ante los ojos de otros, aunque esos escalones sean humanos. No nos importa pisotear a alguien para alcanzar nuestros objetivos…

Un país así, difícilmente podrá salir de la corrupción, de la indecencia, porque vivimos obsesionados por nuestra imagen ante los demás con las esperadas y consiguientes prebendas derivadas de ello.

Ha habido muchas personas que han rechazado los honores por reconocimiento a su trayectoria, porque sabían que al aceptar esos honores al tener en cuenta a quienes se los reconocían, se convertían en cómplices e indignos, colaborando a esa falta de ética, de moralidad.

Hemos cambiado de gobernantes y sobre ello cada cual tiene su opinión y ello es respetable. ¿Nos irá mejor, nos irá peor a los ciudadanos?

Sólo con nuestra honradez personal, nuestro no miedo a hablar y no mordernos la lengua ante tamaña corrupción, venga de quien venga, cuando se denuncia y no nos ponemos de perfil para no perjudicarnos ante tanta ignominia, es entonces cuando seremos ciudadanos íntegros.

Cuando seamos educados para reaccionar así, ese día se acabarán los corruptos pobres y los corruptos ricos, los corruptos gobernados y los corruptos gobernantes. No tranquilicemos ni droguemos nuestra conciencia anatemizando a los demás.
Acabo con un “toque” evangélico que no tiene desperdicio, para creyentes y no creyentes:
Herodes cortó la cabeza a Juan Bautista. Pilato, degolló a unos Samaritanos cuando ofrecían un sacrificio religioso.

Los evangelios no recogen ni una sola palabra de condena de Jesús ante estos asesinatos de Herodes ni Pilato… pero si dijo a la gente: “Si no os enmendáis pereceréis también” (Lc 13, 1-5) ¿Qué quiso decir con eso?

El teólogo José María Castillo dice: “Jesús vio claramente que el fondo auténtico del problema y no lo que aparecía a primera vista, no estaba ni en Herodes ni en Pilato. La gravedad del problema estaba en la corrupción de un pueblo que tranquilizaba su conciencia con las observancias religiosas que les imponía su Religión. Así, de esta manera les iba muy bien, porque no querían problemas.

De aquellas gentes enfrascadas en su cotidianidad y drogadas por sus creencias… ¿Cuántos lloraron la muerte del Carpintero?

1 Comentario

  1. Somos seres humanos, y por tanto con nuestros defectos, pero de bien pequeños.
    Honrados, sin miedo, denunciando lo irregular, solo entonces cuando no nos importe denunciar lo irregular, aunque venga de los nuestros, solo entonces seremos personas integras.
    ¿Llegara el día en que seamos educados en ese camino?. Lamentablemente creo que no.
    Seguiremos actuando como siempre pensando en el “Qué diran” la esperanza es que siemprequedaran personas como Juan Parrilla.

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