Hace unas semanas era frecuente escuchar las quejas por las molestias que las lluvias  causaban. Qué corta es la memoria y qué larga comodidad insensible. Apenas se acababa el temor por la larga sequía y el riesgo de falta de agua en nuestros pueblos, y un nuevo coro de lamentos. Es el signo de los tiempos: interesa más si aquel gol entró o como le va a un personajillo de dudoso mérito, que las cuestiones de supervivencia colectiva. Afortunadamente eso no es general, y al mismo tiempo de tan deatinadas quejas, hay foros donde se buscan soluciones también para atender la inquitante pregunta que abre este escrito. Siguiendo la información suscitada en torno a una de esas reuniones, vengo a explicar por qué a mi no me molestan demasiado las lluvias.
A finales de Marzo se reunía en Brasilia el 8º Foro Mundial del Agua. Es el primero que se organiza en un país del hemisferio sur. Apoyado por la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura) y organizado por el Consejo Mundial del Agua. El lema del encuentro es “Compartiendo el agua” para que la humanidad tome conciencia ante el incierto futuro. Uno de sus objetivos es llegar a esa gente que “cree que el agua mana del grifo y que sólo se necesita que la tubería esté limpia para que siga manado”. Una de las frases con más audiencia ha hecho pensar es que el agua es “el nuevo petróleo”. Ambas son materias primas, pero mientras el petróleo se puede sustituir, por otros recursos, el agua no. Decía el sabio Leonardo del agua “es la fuerza motriz de toda la naturaleza” Así que al ser un recurso tan necesario, habrá que usarlo con sensatez para que nada se pare.

Mirando el uso que hacemos de ella vemos que el 10% de la disponible se dedica al uso doméstico, bien es cierto que de manera muy desigual según los países. A la industria y a generar energía va un 20%. El grueso del consumo, el 70%, se dedica a la agricultura con ganadería y similares. Estos porcentajes pueden variar, llegando en países pobres al 90% en la agricultura. A lo largo del tiempo el uso del agua va creciendo a gran ritmo, dos veces más que la población en el siglo XX. La FAO prevé que para 2.050 la producción de alimentos habría de aumentar hacia el 60% para la población mundial que se habrá duplicado. Así que si seguimos como hasta ahora, la escasez y-también- la calidad serán muy preocupantes. Aunque parezca que el problema afecte principalmente a quienes producen alimentos y a quienes sigan o aumenten padeciendo hambre, va más allá. Pues no sólo será de peor calidal el agua, sino que al suelo y a los seres vivos de toda clase llegará una situación enfermiza. Creámoslo o no, las quejas del futuro serán más fundadas que las causadas por las lluvias de esta primavera. Veamos qué se ha de hacer para que tal no ocurra.

En cuanto a quienes trabajan en agricultura, ganadería y aledaños tendrán que gastar mejor el agua. Para ello, y a la vez que procuran más alimentos para la creciente población, tendrán que elegir aquel cultivo que necesite menos agua para producir más. De la misma manera, tendrán que mejorar, como ya vienen haciendo, sus sistemas de riego y volver al secano cuando sea menester. En la parte de la cantidad, han de ayudarnos al resto de la población para que anualmente no se sigan desperdiciando 1.300 millones de toneladas de alimentos. Manera sencilla de ahorrar agua. Toca también a la población agropecuaria el restringir el uso de abonos, herbicidas y fungicidas, que envenenan el ambiente. En esta carrera por producir no se quieren reconocer que de contaminan las aguas de sus pozos que cada vez ahondan más. Ello sin tener en cuenta las que van a los ríos y/o al mar estropeando la potabilidad de las aguas y la vida de otros seres.

En nuestra casa, además de desperdiciando menos, hemos de arrimar el hombro para la subsistencia del conjunto. El tipo de dieta del primer mundo, basada principalmente en la carne, además de menos saludable, resulta insolidaria en el uso del agua. Debemos saber que para producir un kilo de arroz se necesitan 1.500 litros de agua, para patatas o tomates bastante menos. En cambio para un kilo de ternera se necesitan hasta 15.000 litros de agua.

Hay otros aspectos que han de abordarse en el tercer mundo y también en Europa. Por el cambio climático y por el abandono del agua y del suelo se desperdicia much agua dulce. Por un lado la desaparición de arbolado y monte bajo que sujeten la tierra y la humedad mitigarían el avance de los desiertos. La activista africana Wangari Mathai lo ha mostrado. Por otro lado, la ausencia de depuradoras de aguas residuales en el tercer mundo-y también en nuestros pueblos- mantienen el despilfarro de agua y la contaminación y males subsiguientes.

Aunque no sea más que por admirar-que no imitar- la inteligencia y el compromiso con su tiempo y con su ambiente de Wngari al crear el Movimiento Cinturón Verde, reflexionemos algo. Si no queremos ir tan lejos, quedémosnos en nuestro cuerpo ,del que más de la mitad somos agua. También podríamos recordar a Leonardo al considerar al agua como el motor de nuestra vida. Así quizá nos quejaríamos menos o con más motivo.