Repasando una revista de arte, encuentro que entre la reseña de las películas más importantes aparece la del título que encabeza este escrito.Entendiendo que, tanto la literatura como la postura del escritor ante la vida, a mi entender, no dejan de tener vigencia, me atrevo a reincidir sobre lo que el citado filme refleja. La cinta lleva a la pantalla El tiempo de ayer, autobiografía de lo que el autor había vivido durante y tras la guerra de 1.914 y el certero temor a la que sería el segundo enfrentamiento mundial. El relato incluye también el trágico final de Weig, quien en compañía de su mujer se suicida en Brasil. De esa manera trató de expresar con más fuerza si cabe el dolor por aquella Europa, otra vez a la deriva. Vistas las cosas desde el presente, a mí se me hace pensar que María Schrader, guionista y directora de la película, encuentra similitudes entre aquellos años y los que van de este siglo. Intentemos ver algunas pistas.

Empezando por el título, no hay ninguna duda de que Europa y lo que le viene ocurriendo es lo esencial del relato, incluso desde varias perspectivas y significados. En primer lugar y de manera directa refleja la despedida física del autor del viejo continente. Despedida que no puede separarse de lo anterior, hace especial referencia a la sociedad que, tras tantas penalidades, se había recompuesto para apresurada satisfacción de Zweig y su generación. Pese a que se me siga reprochando mi pesimismo, la película sugiere para ahora más que un peligro de guerra convencional, la desaparición de la Europa anhelada de la unión de culturas y experiencias humanistas regeneradas. Cualquiera que sea el significado dado a esas tres palabras, ninguno aparece como halagüeño. Como el que tiene más sentido indagar es lo que está por venir, miremos el horizonte para preparanos en lo posible.

Personas y países antes, durante y-sobre todo- después de algún conflicto, se hacen planes para no recaer en los mismos males. Como consecuencia de las frecuentes guerras, desde el siglo XIX empezó a germinar el ideal del pacifismo, para acabar con ellas. Llegada la del catorce, pese a loables intentos en uno y otro bando, todo quedó en agua de borrajas. Así que la guerra siguió adelante con sus crueles secuelas de muerte y destrucción, en especial para los más débiles. Acabada la primera mundial, en el año 1.919 en el Tratado de Versalles se acuerda promover la Sociedad de Naciones Unidas. El objetivo era tratar de que no se repitiera otra conflagración mundial. Está claro que como veía venir don Stefan, la mencionada Sociedad sirvió, si para algo lo fue útil, durante poco tiempo. En 1.939 ya estaba declarada la segunda. Con el desarrollo de la tecnología militar, nucleares en Hiroshima y Nagasaki inluídas, la destrucción y muerte aumentó de manera salvaje.

La guerra acaba en 1.945 con EEUU y la URSS reconocidas como potencias mundiales. Éstas, influídas por el miedo mutuo, cortejan y respetan a Europa manteniendo un equilibrio mundial interesado en la Organización de Naciones Unidas, creada tras la paz. Esta estabilidad conocida como La guerra fria, propició la ausencia de más guerras mundiales y la recuperación de los paises de Europa y el sueño de su necesaria unidad. Es la época del estado del “bienestar” que se va extendiendo por el continente. A la vez desde El Club de Roma (1.968) con sus estudios sobre ambientalismo y ecofeminismo, va sentando las bases humanistas superador de pasados colonialismos. En lo político y económico, desde el Benelux (Bégica,Holanda y Luxemburgo), se inicia lo que acabaría en la Unión Europea. Sin embargo, todo empieza a torcerse con los gobiernos Thatcher (79) y Reagan(80), cuyo neoliberalismo preconiza las destrucción del “bienestar”. Poco después se inicia las crisis de Yugoslavia, donde se destruye la anterior convivencia entre la diversidad étnica y religiosa. Tras la cruel guerra de Los Balcanes (1.991-2.001), con la intromisión de la OTAN, Yugoslavia quedará dividida en varios estados. Con este hecho y la disolución de la URSS, acaba la más bien pacífica Guerra Fría.

Con la consolidación de EEUU como única potencia mundial, se acelera la involución del equilibro anterior para el mundo y en especial para Europa. Los males neoliberales antes apuntados por Thacher y Reagan se acrecientan generando una gran decadencia para la UE. Decadencia que sin ser la guerra que temiera Zweig, si que cuenta con muchos de aquellos ingredientes.El bienestar había sido desplazado por el neolibralismo o capitalismo insaciable, incompatible ya, con el iderezgo humanista que se esperaba de la vieja Europa. Aquellos paises que decían aspirar a una UE ,ahora compiten entre sí por los mercados,o se desviculan del proyecto, como Gran Bretaña con su “brexit” En lugar de eso, hoy es el escenario de miles de refugiados que o mueren en el Mediterráneo o malviven en “Cies” o en campamentos de Grecia o de Turquía. Migraciones que son la consecuencia de la miseria, depredación y guerras neocolonialistas provocadas en el tercer mundo por ese capitalismo salvaje. Encadenado a todo lo anterior, vuelve a circular por esta Europa lo que sobrecogía a Zweig: el odio al diferente, la xenofobia, y los nuevos fascismos.

Siempre podremos buscar alguna alternativa al dolor insoportable del escritor austriaco. Apartada la despedida fatal, podríamos optar por no despedirnos, y/o hacerlo sólo de aquellos aspectos que hacen de Europa y del mundo un escenario poco humano.