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Y las personas

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Llevo semanas queriendo escribir sobre “Catalunya” pero va transcurriendo el tiempo y este grave problema tiene visos de no finalizar nunca, pese al artículo 155 aplicado por el Estado, denostado por unos y aplaudido por otros. Tiene visos de lo que es mucho peor, enquistarse en nuestra sociedad, acostumbrándonos a convivir con el mismo. Esperemos que la sensatez prime en beneficio de todos los que vivimos en esta piel de toro llamada España, a la que los romanos llamaban Iberia. Permitirme pues que hoy me decida expresar mi opinión sobre el asunto en tanto que catalán de nacimiento y linarense de adopción, si ustedes así me lo consideran.

Conocemos como se han desarrollado los acontecimientos gracias a cadenas de televisión, emisoras de radio, prensa escrita y periódicos digitales que nos han tenido puntualmente informados. En la mayoría de nosotros se ha desarrollado un sentimiento de hartura, por lo inaudito del tema estando plenamente en contra de la actitud prepotente de los responsables de la Generalidad. Porque me pregunto: ¿A alguien se le ocurre pensar que existe una situación de represión, por parte del estado español en Cataluña? Su lengua el catalán es hablado y entendido por todos, se editan en su idioma miles de libros anualmente. Son promocionadas sus actividades culturales significativas, tienen sus canales de televisión propios. ¿Qué quieren un grupo de iluminados para que deseen la independencia de su territorio, en el que habitan más de siete millones de personas? Siendo lo que llama más la atención, en el referéndum, la opacidad con que se trata lo que ocurrirá a los ciudadanos, caso de escindirse de España, pensionistas, empresas, pertenencia a la Unión Europea y un largo etcétera. ¿Cuánto se les debería a las farmacias sino fuera por el Estado?

En las elecciones al parlamento de Cataluña de 2015, fueron 1.966.508 votantes los que lo hicieron a partidos independentistas, obteniendo 72 escaños sobre 135. Siendo 1.976.453 los que votaron a partidos que no preconizaban en sus programas la independencia y obtuvieron 63 diputados. El resto nulos, blancos o a otros partidos que no sacaron escaño fueron 186.908. Como se puede ver, la sociedad quebrada ya en dos mitades. Por paradojas de la ley electoral, los que tenían un porcentaje menor, aunque muy escasamente tenían mayoría de diputados, se saltaron las normas de su propio parlamento e hicieron unas leyes para convocar el tan abyecto referéndum, que como sabemos han sido anuladas por el tribunal constitucional.

Pero ocurrió algo con lo que no contaban, la marcha de las empresas de Cataluña, cambiando su sede social a distintos puntos de España, siendo las más importantes las bancarias, en concreto el banco de Sabadell y CaixaBank, verdaderos monstruos de las finanzas originarias ambas de la tierra catalana de gran raigambre y solera, a las que han seguido empresas de todo tipo. Grandes aseguradoras, empresas editoriales, de transporte o de alimentación.

Sin embargo, hay algo de lo que casi nadie habla, de las personas, de la gente que es la verdadera riqueza de un pueblo, sus ciudadanos. Independientemente de lo que piensan las personas de la situación creada, hay que tener en cuenta que las empresas son las personas que las forman, a fin de cuentas, lo importante son los seres humanos, manipulados o no, en este caso muy manipulados.

Si hacemos un repaso histórico muy somero al siglo XX en Cataluña, nos encontramos con la Semana Trágica en 1909 y el fenómeno del anarquismo al que el estado quiso poner coto tal vez inconscientemente con la emigración, la primera de las tierras de Murcia y Almería, para las grandes obras que se hicieron en la primera dictadura. Cuando en la república en el año 1934, Companys (el héroe del independentismo) creo su república catalana fue duramente reprimido por Madrid, desde luego mucho más contundentemente que ahora. De momento no se han lanzado cañonazos en la plaza de San Jaime, los políticos actuales han ido con su pie, y con abogados a los Tribunales. Pasada la Guerra Civil, y ya en tiempos de Franco, la emigración a Cataluña fue masiva desde toda España, siendo millones las gentes que se desplazaron e hicieron de aquella tierra la suya propia, pero sin olvidar sus orígenes. Hoy la emigración es de otros lugares del mundo y en Cataluña viven, datos al 2016 la friolera de 1.104.782 personas de las cuales son marroquíes 215.816, rumanos 130.707 y chinos 58.036 siendo el resto de todas partes del mundo, dicho esto con cifras oficiales, sin contar los sin papeles.

Los gobernantes, y no solo los catalanes, han de empezar a pensar que las gentes que habitan un territorio hoy, mañana pueden vivir en otro lugar, y que el apego a la tierra sobre todo de los jóvenes ha dejado de existir, pero si además se fomenta el apego a las costumbres propias, lo cual no es malo pero con espíritu de superioridad al que se une la insolidaridad con el vecino, estaremos preconizando algo muy parecido a la xenofobia, porque a fin de cuentas lo que promueven los partidos independentistas de Cataluña, es no ser solidarios con otras partes de España.

Hemos visto el éxodo o si lo prefieren el exilio de empresas, esperemos que las personas no se tengan que exiliar de Cataluña, sería trágico, sobre todo para la misma Cataluña y claro está para el exiliado.

Además, está la democracia de los muertos, algo que se tendría que tener en cuenta. Los sentimientos de nuestros antepasados, de todos aquellos que, en busca de un bienestar para su familia, abandonaron su tierra, con todo el pesar de su corazón e hicieron de Cataluña su tierra de adopción.

Que piensen esos catalanes independentistas cuando cantan la famosa habanera “El meu avi”, o se escucha la canción “L´emigrant” que representa el amor al terruño, si realmente actúan con justicia. Porque el enorme sacrificio que pasaron al abandonar su tierra millones de personas que han hecho grande Cataluña con su trabajo y esfuerzo, poblando hoy sus cementerios, ellos también, aunque solo vivan en el corazón de sus seres queridos, han de merecer consideración y respeto.
Por ello en la tesitura actual, en que en breves días Cataluña va a votar un nuevo parlamento, se tiene que demandar que gane quien gane, sea solidario con el resto de España, con una solidaridad exigente que nos conduzca a una España mejor dentro de la Europa del siglo XXI, en un mundo más justo.

Desear a todos los lectores y al equipo de Linares28 una Navidad llena de dicha y un Año 2018 lleno de felicidad.

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