En esta sufrida actualidad española cada día sorprenden menos las arbitrariedades. Me refiero a las que se vienen produciendo entre las gentes y en especial las urdidas por la buena manta que tiene el poder para tapar o reconvertir las que desprestigian al mismo. Hoy me quiero referir aquí a la señora Barberá, al señor Blesa, al señor Maza, y a la señora Carmena. En la lista no hay discriminación de género y además, sin faltar a la verdad, aparecen en el orden natural en la vida pública. Evidentemente hay una diferencia cierta entre los tres primeros casos y el último. Esta diferencia dejará de mantenerse cuando se materialice la común naturaleza mortal de la actual alcaldesa de Madrid.

Soy consciente de que desde la noche de los tiempos han existido entre los seres humanos lo que se llamaban ritos de paso. Estos son aquella actividades que sus semejantes promovían a lo largo de la vida del natural del lugar. Aquí, logicamente nos referimos al funeral por ser el último en la vida de cualquiera, y en este caso por estar recientes la muerte y exequias del señor Maza, al final de su vida Fiscal General del Estado. Por la prudencia y buen gusto que vienen establecidos para con quienes mueren, dejamos que se pase un tiempo razonable para que atienda el duelo. Sin embargo, ese tiempo, que debiera ser de respeto común y para todos, debe llegar a su fin para que la vida siga adelante en beneficio de toda la ciudadanía.

Claro que los ritmos, la gravedad, e incluso las urgencias parecen estar teñidas también de las arbitrariedades que lamentábamos al principio. Resulta que en las redes alguien se ha alegrado, con evidente mal gusto e impertinente prontitud, de la muerte del señor Maza. El Estado de Derecho , como diría el Sr. Maza, ha actuado con gran diligencia y el alborozado ciudadano ha sido encausado, se supone que aplicando la dudosa “ley mordaza”. Por estas fechas, se ha conocido también el pronunciamiento de otros ciudadanos, para más inri con responsabilidades de orden público, y con tanta o más gravedad y peligro para la señora Carmena. Desearle, tras un cúmulo de insultos, que hubiera muerto también en el atentado fascista de la calle Atocha, no creo que fuera más tolerable que un macabro brindis. Aun con las diferentes circunstancias en que ocurrieran uno y otro hecho, no acaba de entenderse que los municipales hayan escapado con el sólo expediente administrativo desde el propio municipio. Y es que a la nueva corporación se le tiene ojeriza. Baste recordar la que montaron con los titiriteros por una breve cartelito y sin significación para el público del acto. Aunque soy lego en leyes, creo yo, que desear que una banda fascista hubiera asesinado a una ciudadana es un enaltecimiento del terrorismo más claro que el de los títeres. Pero en fin, en el régimen actual la oposición ha de cuidar de no quedarse embarazada. Podría ocurrir que además de Montoro, a Carmena vayan a vigilarla Zoído y Fdez. de Moya, que tan bien lo hizo en Jaén.

Por mucho que suenen “duelos y quebrantos” o Cataluña y Venezuela, también la corrupta administración ha de someterse al estado de derecho. Sí, aunque sea con minúscula o con sordina, como ha venido transcurriendo la vista del caso Gurtell, algo habrá que hacer porque de corrupción hay la tira. Sin ir más lejos, ahí está el caso de González , el segundo de Aguirre en la Comunidad de Madrid. En esta tesitura hemos de recordar -aunque nos duela- al señor Maza. Ahí están los acuerdos del Parlamento en que junto al ministro de Justicia fue repudiado por el indefendible apoyo al Fiscal Anticorrupción que le “venía bien” al citado González. Sí señores, respeto a los muertos todo, pero sin hurtar la verdad para la justicia de los vivos (inclusos herederos). No diremos que el Fiscal General del Gobierno-perdón del Estado, es que como es, quien lo nombra, cualquiera se hace un lío- no ha sido contundente. Y como uno de leyes sabe poco, ha de creer que ha actuado acorde con la fama de jurista que le precedía. En fín de todos estos asuntos algo dirá la justicia, aunque sea tarde, o la historia.Sigamos adelante que hemos de hablar de las dos personas que faltan.

De la señora Barberá nadie olvidará que al final se refugiaba en su condición de senadora y era apestada como la gran causente de la corrupción del PP valenciano. Aunque la, para tantos, oportuna muerte de doña Rita cambiara los denuestos en alabanzas sin más transición, habrá que ver como quedan las cuentas de las señora del “caloret” y sus cómplices.

En cuanto al señor Blesa, pese a su trágica- pero también para muchos- oportuna muerte, el proceso habrá de seguir. No nos pueden conformar que con Blesa en la tumba y Rato en su casa, sea un final presentable para el estropicio que se inició en Caja Madrid y siguió en Bankia. Ya está bien de que con el miedo, la mentira y la miseria sigan atropellando a la inmensa mayoría de la ciudadanía. Se viene demostrando, aunque tratan de ocultarlo, que hay alternativa a tanto latrocinio falacia e incompetencia.