Ahora, cuando de resultas de la gran manifestación que siguió a la publicación en los medios el lamentable puesto del paro de nuestra ciudad, el personal se preocupa más de la realidad local. Me parece de perlas, pues más vale tarde que nunca. Si embargo, creo que no estaría de más que entre gente tan diversa como estamos por la labor, que -sin pretensiones maximalistas- reparáramos algo en el título propuesto. No soy tan ingenuo para pedir imposibles unanimidades en una tarea voluntaria en que el grado de compromiso y prioridades son tan tan variadas, e incluso-en algún caso- hasta contradictorias en principio. Como siempre he pensado, que hablando o escribiendo se entiende la gente, propongo con el ánimo de aprender en la discrepacia o en el acuerdo parcial, lo que sea posible.

Todo surgió en una reunión de varias personas deseosas de que la movilización no fuera flor de un día. Una chica presente comentó la manifestación convocada para dos días después por la “sanidad pública” en la provincia.. Cada cual se pronunció sobre las razones para secundarla y lo que haría en función de sus posibilidades. Alguien habló de no acudir ya que lo que le interesaba era específicamente la situación de Linares. Pese a las prisas, quedó apenas iniciado un prometedor debate. Por mi manía de rumiante de ideas, no he dejado de darle vueltas al asunto y a los aportes iniciales, inventando lo esperable, he pergeñado un listado de ocurrencias. Las que hoy ofrezco aquí, sin más valor que el de reflejar ocurrentes maneras de ser también dignos linarenses. Quizá sirvan a alguien en el empeño de encauzar los buenos deseos de un día en algo más frecuente.
Un señor, con una enfermedad rara en su familia, detalló el drama causado con el parón de la investigación, los medicamentos que ahora ha de pagar y las crecientes listas de espera quirófanos y especialidades. Completado el panorama con similar limitación en la dependencia y otros servicios, la persona desinteresada cambió su actitud y el conjuto aceptamos la necesidad de preocuparnos más por estos y otros servicios sociales.

Un universitario explicó haber trabajado como becario en una empresa en tareas de peón sin gran relación con su cualificación, lo que constató como práctica patronal frecuente. Se ha optado por la reducción salarial en lugar de aumentar beneficios con la mejora tenología y gestión. Refirió el listado de empresas que vienen aquí, como a otros lugares, por las ayudas oficiales para marcharse por supuestas crisis. Hablaba de emigrar también si no se cambiaba de estrategia controlando estos casos y poniendo más de acuerdo el dinero local, que en gran parte duerme en el banco, con proyectos innovadores. Se lamentaba de ver como se sigue la misma estrategia de esperar de fuera lo que no se hace dentro. Hubo alguna opinión corroborando la necesidad de cambiar las esperanzas y el modelo de reindustrialización.

Buscando nuevas perspectivas, una señora comentaba que hay aspectos de Linares que hay que cambiar para hacer nuestra ciudad más agradable para la gente del lugar y atractiva para sus visitantes. Encontró quien completó su propuesta con la necesidad de ir acabando, como se pueda, con cierta tristeza o crispación cuando no desconfianza para no hablar con alguien que “no es como nosotros”. A alguien preocupaba más el abandono de lo común, papeles tirados junto a la papelera. Yo recordé lo que me dijo alguien sobre que con esta actitud había más empleo en el servicio de limpieza. La gran mayoría se decantó porque ese dinero se dedicara a servicios que siguen faltando.

Otra joven también acuciada por su desempleo retomó la cuestión económica. Nos explicó lo que conocía de la economía sumergida más o menos explicable. Desde el frecuente “sin IVA” que pedimos o aceptamos incluso a alguien en su pluriempleo. Refería que, además de no hacer frente por ambos lados al pago de impuestos, hacen aumentar personas sin empleo.
Cuando ya casi todo el mundo había metido baza y las ideas eran menos fluídas, las miradas se dirigieron hacia quien había permanecido sonriendo y atendiendo con atención la perorata del grupo. Una joven que tenía cierta familiaridad con él le preguntó extrañada por su silencio. El buen hombre nos aclaró que apenas salía con ironía a su rostro. Ojalá- comentó al final- que la gente que llenó a las calles en la manifestación tuviera entre sí esta conversación. Pero me temo que no, por lo menos de momento. Creo que por aquí hay “varios Linares” que no han aprendido a acordar con generosidad o a discrepar con respeto. No pierdo la esperanza, hoy aquí ya hemos empezado.