“La Merkel noruega gana sin mayoría absoluta” reza una noticia sobre la reciente victoria de la conservadora Erna Solberg. El pasado 13 supimos de la nueva movilización sindical francesa, ante las propuestas del presidente Macrón contra los derechos laborales. En este caso, imitando también el modelo alemán. Un joven “suficientemente preparado” me comentaba que tras dominar con mucha soltura el inglés, como muchos colegas en su situación, pretende lo mismo con el alemán. A la vez, refería que, según, un amigo emigrado al país de doña Angela”, allí tampoco “atan los perros con longaniza”. Espoleado por tales coincidencias, leo “El infierno del milagro alemán” de Olivier Cyran, periodista y escritor especialista en el asunto. Veamos las dudas sobre el milagro.

El panorama actual ya se venía preparando por el gobierno del socialdemócrata Schröder que el 1-03-2.003 decía: “Los costes salariales han alcanzado un nivel que no es soportable y que impide a los empleadores generar actividad (…) Vamos a tener que recortar el gasto del Estado, promover la responsabilidad individual y exigir más esfuerzo por parte de todos”. Ese discurso es aplaudido en la prensa como “Stern” 16-12-2.004: “La miseria no es la pobreza del monedero, sino la pobreza del espíritu. A las clases inferiores no les falta dinero, les falta cultura. (…) La pobreza resulta de su comportamiento, es una consecuencia de la baja cultura”. También “Bild” (diario de gran tirada) recoge en portada el 6-9-2.008 : “Un investigador lo afirma:¡132 euros al mes bastan para vivir”. Un colaborador de un Jobcenter (oficina de empleo) berlinés expresaba con claridad en 9-03-2.015: “Proveemos a los empleadores de material humano barato”. Esa es la deriva culminada por la señora Merkel, que ha extendido el Plan de la Agenda 2.010 iniciado en 2.003. Veamos.

El plan propuesto por el canciller Schröder se conoce también como “Hartz IV”, pues fue ideado por Peter Hartz, antiguo director de personal de Volkswagen. Claro que contó con la fundación Bertelsmann, principal grupo editorial y de comunicación para con su “filantropía” dotar el argumentario a dicho plan. Éste consiste en el proceso de desregulación del mercado laboral. Se inicia aunando las prestaciones sociales e indemnizaciones por desempleo de larga duración (más de un año) en la única paga atendida por el Jobscenter (oficina de empleo) más cercano. La cuantía es de 409 euros en 2.017 para una persona sola (con leves ayudas familires). Así se alienta al beneficiario, ahora “cliente”, a recuperar empleo cuanto antes y de mayor precariedad. Pues está sujeto a control de los más coercitivos de Europa. Ello, en una sociedad de culto al trabajo, ha llevado a la estigmatización social del desempleado. Se les desprestigia como congregación de “parásitos Hartz IV” en la prensa amarilla. Los resultados de la red “Hartz IV” en 2.016 son cerca de 6 millones de personas, de ella 2,6 desempleados oficiales, 1,7 millones no oficiales o “dispuestos a activación” y 1,6 millones hijos de beneficiarios del subsidio. Frente a esta situación sólo se rebela una minoría en los tribunales, como hizo Jürgen Köler (diseñador gráfico) cuando a sus 63 años fue obligado a presentarse a las 4 de la mañana en una empresa de empleo temporal. En 2.003, al iniciarse la Agenda 2.010 decnas de miles de parados marcharon cada lunes en contra. El movimiento sindical (cercano al socialdemócrata SPD) titubeó ente el gobierno Schröder. Hablaban del respeto que debían a las leyes y de centrarse sólo en lo salarial, mientras se desmantelaban las garantías laborales de muchos años.

En Francia, desde hace doce años, las leyes Hartz son la envidia de los círculos patronales y mediáticos, que hicieron claudicar al gobierno de Hollande. Tras él quedó abierto el camino para Macrón, quien también pretende el vaciado del Código Laboral. Para ello alaba a Shcröder y dice en el parlamento: “Proteger a los débiles no es transformarlos en dependientes crónicos del Estado, sino darles medios de -y eventualmente obligarles a- influir eficazmente en su destino”. Ahora, cuando el movimiento sindical reacciona con energía en Francia, parte de los sindicatos alemanes claman para que no repitan su mismo error. A ese respecto, señalan el proceso de deslocalización de la industria de alemana y francesa hacia países, como Polonia, con menores costes salariales.

Esperemos que conociendo parte de los entresijos del dudoso milagro alemán, que las imitaciones se hagan con más tiento, y quien emigre lo haga sin ignorar la realidad de aquel paño.