Hace unos días Ad _Contrarium publicaba aquí, su breve pero sentido escrito “El día después”. Glosaba en él la movilización puntual del pasado 19 que parecía nacer con el porvenir incierto de la precentes. Bien haríamos el vecindario tomando nota para abordar con más seriedad la situación de nuestra ciudad. Creo yo que la movilización debiera ser algo más que flor de un día en una tarde de verano. Pese al inmediato olvido y otros aspectos de los que, con razón se lamenta el citado columnista, convendría aprovechar la ocasión. Con sus cuetiones mejorables y con algunas dudas, la gente salió a la calle. Sería deseable que con generosa autocrítica, quienes participamos, y/o hubieramos querido participar de otra manera, contribuyamos para que ésta no sea otra ocasión perdida. Aquí expongo lo que se me ocurre por si sirve de algo.
Cada linarense, individual o en grupo, está de acuerdo -si no lo números cantan- en que hay crisis en la ciudad. Otra cosa es que nos refiramos a la misma crisis, a las mismas causas y a las mismas consecuencias. Para que la implicación social vaya más allá de “voy de mani” una tarde, creo yo, convendría compartir un mínimo de información sobre lo que va. El máximo paro en Linares que dice la tele, o un lamentable cierre como el de Aeropeoxy son sólo parte de lo que viene pasando en la ciudad. Otros conflictos como Urbaser o Resur esperan también. Alguien plenamente consciente conoce ya por familiares, amistades o vecindario un buen muestrario de personas en paro, jóvenes emigradas, con trabajo precario, o desahuciadas de su casa. Son los síntomas que vienen sufriendo, aunque con menos saña que Linares a muchas ciudades de España tras la burbuja del ladrillo. La deslocalización de industrias ya venía de lejos y dictado por el capitalismo insaciable. Lo peor de todo es que en nuestra ciudad ya llovía sobre mojado. Aquí, primero cerraron las minas, luego -poco a poco- las industrias que habían venido a sustituirlas, al final la construcción y los servicios sobrantes. Por eso hablamos de una crisis especial y acumulada. Es también el cúmulo de luchas que llevaron triunfos parciales, cuando no a imprevisiones con frecuentes desengaños, al cansancio y al malestar colectivos. En todo ello, el cierre de Santana es un capítulo importante, en cuanto a falta de empleo para la nueva generación, y a las heridas en el conjunto de la ciudad. Ciudad, por la desaparición de ese núcleo, no ha conseguido reinventarse pese a varios intentos.
Quizá esa situación de cansancio y depresión colectiva explique la pasividad de los últimos años. Parece que como sujeto colectivo ha hecho dejación de su faceta socio laboral, para -en una actitud escapista- canalizar su energía unitaria en actividades festivas que alivian la reflexión. Pareciera que, por escenarios y horarios, hay varios “Linares incomunicados “- al menos- en cuanto a afrontar esta peculiar en insoslayable crisis. Crisis que, por su profundidad, precisa la implicación colaborativa del conjunto de la ciudadanía. Tal vez habrá que empezar admitiendo que lo que pasa aquí es responsabilidad, en mayor o menor medida y por acción u omisión, del conjunto de linarenses. Se precisarán grandes dosis de diálogo, generosidad y autocrítica sin caer en la culpabilización estéril que enrarezcan más el ambiente. Ello no obsta, sino todo contrario, para canalizar los esfuerzos en un análisis riguroso y comprensivo para evitar anteriores yerros. Será imprescindible el diálogo entre personas de esos “Linares inconexos” para superar prejuicios e identificar en conjunto los principales males. Ese proceso de diagnóstico colectivo, en que a la vez que se matizan errores y aciertos de cada quien, podría ayudar a reconstruir la autoestima colectiva. Desde ella, podrían surgir retos afines que ahora vemos como insuperables.
Claro que el análisis conjunto y respetuoso no significa, como bien cita Juan Francisco, seguir como rebaño dirigido por dudosos pastores. Así, y sin “medidas subversivas”, tendremos que aportar ideas y esfuerzos para que la movilización no quede en un simple paripé. El breve debate público en estas páginas como tantos otros, que nos consta hay en otros ambientes, debieran ponerse en común. Así, sin soterrar las posibles causas como: el analfabetismo, contenidos ramplones en cultura, el continuísmo del actual alcalde como servidor simultáneo a Linares y al PSOE, el control político de bastante movimiento asociativo, la inadaptación de los sindicatos actuales a la situación de paro y precariedad, a la que hemos llegado por la claudicación de los mismos obligada -a su vez- por el pasotismo pasividad,.. Ese y un largo etcétera que no se debiera obviar como: dejarnos llevar por los medios de “incomunicación” que nos distraen de lo que de verdad importa. Pese a todo, habrá que huir de descalificaciones globales que pueden enmascarar nuestra falta de compromiso. A los políticos, como a los demás, habrá que reconocerles también los intentos y esfuerzos puestos en juego. Recordemos que están en sus cargos porque los hemos elegido, a veces de manera repetida.
Hablemos también de propuestas y de implicación para que se lleven a cabo. Me parecieron acertadas, como otras escuchadas en otros ambientes, las del Sr. Vera con quien no simpre coincido. Sugiere que miremos lo conseguido por el cooperativismo en Mondragón, lo de las cajas de ahorro mirando a casi la única que no han bancarizado, la Rural. Mirar el sector agrario y sus posibilidades de crecimiento. Pero no es cosa de que quienes peinamos, si acaso, pocas canas, tomemos más protagonismo del que nos corresponde. Aquí, como en el escrito origen se trata de sugerir de manera pública y con el compromiso proporcional. Se trataba de reconocer que, además de acudir a manifestarmos, conviene expresar nuestra preocupación , que debiera ser más compartida.