La palabra honestidad, comienza con H, igual que honradez, y acaba en D, de decencia. Palabras y significados que alguna gente ha olvidado intencionadamente o acaso jamás las hayan conocido, viviendo en el “parnaso” o reino de la indecencia y la corrupción, bien por motivos económicos, de poder o bien por la suma de los dos. La gente que es de esta manera, además de envidia, intentan con falsedades, calumnias, mentiras y falsos testimonios hacer todo el daño posible a los demás, porque son acomplejados que no tienen luz propia para brillar por sí mismos, por sus valores personales, porque sencillamente no los tienen. Unas veces estos comportamientos destructivos son adquiridos y otras veces congénitos. En estos comportamientos, cuya meta es derribar a otra persona manchando su honor, su imagen, subyace como antes expreso, esa maldad y esa envidia congénita, adquirida, impregnada de antivalores. Y todas estas actitudes venenosas, están potenciadas por esa envidia que además es insana y enfermiza, acaso marcada y potenciada por un fracaso en la correcta educación que debieron recibir de parte de sus progenitores. Pero claro, si desde niños no recibieron la transmisión de valores de humanidad y respeto para con los demás, por sus padres y madres en sus propios hogares, poco se puede esperar de su comportamiento social ante cualquier tipo de relaciones. Esta gente, a la que no puedo calificar de seres humanos, son hijos naturales de la envidia, de la ira, de la soberbia, de la avaricia. Gente que para medrar muerden la mano de aquellas personas que les dieron ce comer, de forma altruista, generosamente desinteresada. Gentes que para ascender profesional y socialmente pisan sin escrúpulos a otras personas para conseguir sus propósitos, haciéndolo sobre escalones humanos, destrozando sin escrúpulos a aquellos a quienes odian enfermizamente, porque socialmente, profesionalmente, las buenas gentes, sin duda mucho más preparados y reconocidos que éstos canallas, brillan con luz propia, una luz que estas personas, a las que me refiero, mala gente, no son capaces de conseguir por ellas mismas. Estas malas personas, además de frustradas, desean ver el ocaso de las personas que envidian y para eso ponen toda su maléfica maquinaria en sectas, en grupos enfermizos organizados a los que ellos mismos pertenecen para conseguir esos maléficos objetivos. Este humilde escribidor, sin más objetivos ya a mis años, que los de intentar ser coherente y consecuente (y desde joven no cejé en ese empeño, gracias a la formación y educación que recibí) cree todavía en la bondad del ser humano y no deja de ver y escandalizarse de que habiendo tanta gente joven con proyectos de futuro, manchen su honestidad y decencia en virtud de oscuros intereses personales que sin duda con el tiempo se volverán inexorablemente contra ellos.

Un día, me dijo un amigo del alma: “Cuenta a tus enemigos por el número de favores y buenos comportamientos que hayas tenido con ellos”

Triste mundo el que estamos dejando a nuestros descendientes.