Ojeando los papeles y las páginas de internet me tropiezo con dos personajes implicados en la Operación Lezo que ya me suenan de más asuntos. Así que, siguiendo ese instinto mio de cuadrar la información disponible, busco y encuentro referencias de Villar Mir y de su yerno López Madrid.

Como no puede ser de otro modo, tirando del hilo la trama aparece vinculando los acontecimientos actuales con la historia de los años setenta del siglo pasado. Tal relación viene a aclarar, una vez más, los dudosos cimientos sobre los que se edificó la democracia que tantas aguas hace hoy.

En mi búsqueda de datos sobre el Marqués de Villar Mir (ennoblecido a partir del 3 de febrero de 2.011) encuentro también su condición de político de la “transición”. Y efectivamente desempeñó el ministerio de economía y hacienda desde diciembre del 75 a julio del 76 en el gobierno de Arias Navarro. Hay que recordar que el citado presidente de gobierno, conocido también por “Carnicero de Málaga” por sus hazañas en la guerra, comunicó afligido la muerte de Franco. Si es cierto que don Juan Miguel accede al gobierno del señor Arias apenas un mes después de la defunción de aquel 20 de Noviembre. También es verdad que, tras el falso aperturismo del “espíritu de Febrero”, don Carlos tuvo que ser sustituido por el señor Suarez. Hay informaciones para deducir que las inquietudes de Villar Mir tenían más que ver con el progreso de la riqueza personal y/o colectiva, que con la democracia avanzada. Ya por entonces, el hoy presidente de OHL, ya detentaba la propiedad de una destacada fortuna. Así se puede entender la continuidad de aquel régimen y de la clase económicamente dominante que acabará emergiendo en el IBEX 35. Así que, como fruto de la colaboración entre ricos, aristócratas, clero y varios altos poderes del Estado, se estableciera amistad y compenetración. Tal vez el citado marquesado otorgado por la corona o el “compi yogui” de doña Letizia a López Madrid, yerno de Villar Mir, sean muestras inequívocas de tan estrecha relación.

Claro que la operación Lezo es sólo un ejemplo, probablemente ni de los más importantes, de tantos episodios que explican la actual crisis ética, social y económica de este país. Siendo bastante representativo, no habría sido posible sin la representación y la explicación política de lo que ha pasado. Aquí es donde tiene sentido volver a referir la llamada “transición”, y la confusión que en torno a ésta se ha montado. Ello, sin olvidar al mismo tiempo el escaso papel que España tuvo en el concierto mundial durante el franquismo y no acaba de recuparar hoy. Son cuestiones de fondo sin las que difícilmente se puede entender la multifacética crisis antes citada.

“Atado y bien atado” decía el general Franco que estaba el destino de España tras su muerte. Y lamentablemente tenía razón. Años después de acabada la segunda guerra mundial, el franquismo se mantuvo pese al aislamiento internacional con la ayuda de EEUU. El establecimiento de las bases militares en el tratado con Isenhawer fijó una alianza tutelada con la intervención más o menos solapada del “amigo americano”. Tanto en la designación de la monarquía sucesora como en los planes para la transición, Franco obtuvo la anuencia americana. Aunque el dictador murió en la cama, la dictadura había sido derrotada en la calle. Por eso, al PCE, que había liderado la oposición al régimen, había que domesticarlo y sustituirlo por un PSOE más controlable. Ésa era la partitura americana para defender su influencia en Europa. Así, con bastante dinero y ayuda de los servicios secretos, se insufló fortaleza al PSOE que había estado casi “cuarenta años de vacaciones”. Desde antes del congeso socialista de Suresnes, González, Guerra y demás “chicos de la pana” pusieron en pié una versión socialdemócrata que atendiera las aspiraciones democráticas tras la noche del franquismo. Gracias también a la emigración y turismo, se accedió a cierto del bienestar a la vez que se condicionaba el futuro. Por el miedo soterrado y las ansias de paz, se apartaron en el olvido lo mejor de los valores republicanos.Además, con los Pactos de la Moncloa, la privatización de empresas públicas rentables y otras medidas económicas atrofiaron el sentido democrático. Por contra, se fue instalando, también en pueblo, una moral de ricos nuevos y sin sentido solidario que ha permitido la pérdida de conquistas sociales e ilusiones democráticas de otros tiempos. De todo esto podemos encontrar algún ejemplo en nuestra provincia o localidad que pudiera tener que ver con clientelismo o nepotismo.

El caso de Villar Mir es una simple anécdota de esa historia que aunque no queramos ver ha estado ahí. Podemos abundar en bastantes personajes más. Sin embargo, quizá convenga volver al más significativo señor González. Su defensa de la honarabilad de Pujol, al aparecer la “rara” herencia paterna, o que se empeñara en mantener en el gobierno la corrupción que viene tapando Rajoy, ya estaba en su conducta anterior. Alguno recordamos además, como si fuera hoy, su paseo en el yate “Azor”. Visto lo visto, alguien podría pensar si no pretendía entonces avisar a alguien sobre cierta continuidad con el anterior titular de dicho barco.