El pasado sábado 3 de junio, el FIMAE (Festival Internacional de Música y Artes Escénicas de Linares) volvió a rendirse a los pies de uno de los más grandes músicos que ha dado nuestra tierra, el gran barítono David Gascón Gallego. Acompañado al piano por su hermano, el también magistral pianista Juan Miguel Gascón Gallego, se pudo disfrutar en la Fundación Andrés Segovia de Linares de un concierto digno de los más grandes templos de la lírica como pudieran ser el Teatro Real de Madrid, La Fenice de Venecia o La Scala de Milán.

En el 30 aniversario de la muerte del maestro universal de la guitarra Andrés Segovia y en su propia casa, su presencia espiritual vibró junto a un público que abarrotaba la sala, entregado de emoción al escuchar un concierto que desde el minuto 1 estuvo marcado de detalles magistrales, regalos artísticos que hicieron de este 3 de junio un día histórico para Linares. Sírvase de ejemplo la valiente entrada que el barítono David Gascón tuvo a bien emplear para comenzar su concierto, se lanzó al ruedo interpretativo sin mediar nota previa de afinación. De su ser más profundo David hacía brotar la primera nota de la noche perfectamente afinada desde el diapasón de su corazón, no necesitaba más referencias auditivas, los grandes, Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, etc. se habían apoderado de él. El auditorio quedó enmudecido con la voz aterciopelada, penetrante pero ligera de un Gascón Mozartiano, de un Beethoven potente y roto de pasión, de un Schubert romántico en su “Gute Nacht” del “Viaje de invierno” que susurraba al público al oído el amor más delicado y a la vez fuertemente pasional del interior humano. Nada parecía resistirse en la noche a un Gascón mimetizado con la poesía, con la música frente a un auditorio entregado a sus brazos. Tan solo su voz vivió un momento de pausa, cuando el piano de Juan Miguel, sugerente y refinado, interpretaba a un Albéniz que traía olores a Azahar, olor a España, una “Evocación” y “El puerto” impecables que corrieron entre los dedos de un iluminado Juan Miguel Gascón al piano que supo en todo momento ser el acompañante perfecto y educado de una voz inconmensurable.

Pero la magia poética continuaba en las notas de compositores como Schumann y R. Strauss, amantes de la vida, del amor, del ser humano y el arte, del lied que desembocó en la última parte del concierto hasta llegar al español Montsaltvatge con sus “Cinco canciones Negras”, extraídas como oro líquido por una técnica vocal impecable, refinada, colocada, redonda que igualmente había dibujado trazos poéticos en un alemán perfecto como lo hacía ahora en el español más delicado y sonoramente romántico del compositor Montsalvatge increíblemente interpretado por Gascón. La voz parecía fluir como si de un hablar tranquilo se tratase, sin esfuerzo, bien proyectada, muy entendible , clara, pero a la vez dramática y aterciopelada, potente pero con un control desmesurado capaz de unos registros y pianísimos al alcance de sólo los grandes maestros.

Triunfal noche del 3 de junio, en la que los hermanos Gascón Gallego se despidieron de un público entregado con una sentida obra compuesta y dedicada a la ciudad de Linares por el compositor torrecampeño Antonio Armenteros, “Canto a Linares”, que levantó de sus butacas a todos los presentes y que puso broche de oro a una noche que ya ha pasado a formar parte de la historia artística de esta noble Ciudad de Linares.

José Gregorio Trujillo Paredes