Si algo tiene la política es que es impredecible. Ni las opiniones de los “tertulianos” radio-televisivos (esos que saben de todo, que opinan de todo y que no tienen ni idea de casi nada), ni los articulistas de opinión, ni las editoriales más sesudas tienen, ni la última palabra, ni la verdad. Ni siquiera las encuestas aciertan siempre, por no decir que, casi nunca lo hacen.

No voy a valorar el futuro de Pedro Sánchez, ni el del PSOE y, ni mucho menos, el de nuestro país. Tampoco si la decisión “democráticamente” adoptada por el más del 50% de los militantes socialistas que votaron entre los tres candidatos que se presentaban a la Secretaría Genaral del PSOE, llavará o no al fracaso a los estamentos citados.

Sí quisiera hablar de cómo una persona, maltratada por muchos de los suyos, tildada de oportunista (cómo si los otros no lo fueran) de populista (esto si es gracioso), de inepto y de otras cuantas lindezas más, a quién el propio aparato de su partido, no sólo no ha apoyado, si no que casi ha repudiado (y no hablo de sus contrincantes que, legítimamente han podido criticarlo), a quién los medios de comunicación, todos, los de ideas contrarias y los de las propias (estos casi todos) han mostrado su animadversión (incluso hoy, ya pasadas las elecciones internas) y lo muestran como la persona menos adecuada para desempeñar el cargo electo, lo ha logrado.

Sánchez presentó su candidatura a la Presidencia del Gobierno, cuando nadie (en particular Rajoy) se atrevía a hacerlo; nadie lo apoyó, incluso desde el PSOE se argumentó que no había sido el partido más votado (¿acaso era la primera vez que en España o en alguna Comunidad Autónoma, Ayuntamiento, etc. ocurría algo similar? Estos son los resultados de las elecciones en Andalucía 2012: PP 50 escaños, PSOE 47) y, pese a la oposición de los poderes fácticos, ha demostrado que es posible llegar arriba si se tiene fe y poder de convicción en el cara a cara con los electores, sean o no acólitos, no a través de la prensa, la tv. o hablando a periodistas a través de un monitor, como han hecho algunos políticos de nuestro país.

Como dije, ignoro lo que va a suceder a partir de ahora; cuánta oposición o apoyos tendrá Sánchez dentro de su partido, si sabrá o no gestionarlos, el tiempo y la actitud de otros poderosos (figuras importantes de su propio partido, poderes de la información afines, etc.) y votantes lo dirán. Pero sí ha sido significativo el “catastrofismo” con el que se ha presentado su éxito “el día después”. Ni siquiera he oído o leído que ha sido de las tres opciones “la menos mala”, se ha vuelto a cuestionar la Democracia (como sucede en esta país casi a diario, muchas veces sin que lo advirtamos)

“Los votantes se han equivocado”, oímos, leemos, decimos… Pues señores y señoras, es a partir de este momento cuando el Partido Socialista y prensa afín tienen la oportunidad de contribuir a que esta frase sea vana y falsa, apoyando sus barones y baronesas, sus militantes, los medios de comunicación propios, que no de opinión, -sin perder la objetividad claro- (Sr. Cebrián tome nota), el Proyecto que democráticamente ha sido aprobado por los militantes socialistas. Luego, las urnas –otra vez la Democracia- dirá su última palabra; pero si antes de empezar a rodar –el primer día como digo- ya le están poniendo “palos a las ruedas” desde su propia casa, flaco favor harán, no ya al PSOE o a España, si no a la DEMOCRACIA.

Otra cosa es que no seamos tan demócratas como decimos ser o peor, no seamos capaces de respetar la DEMOCRACIA.