Capitán Abdala por viaje en el tiempo desde 7017 informando al Consejo de Naciones Libres.

10. Tras un análisis por observación a distancia de nuestros ancestros y sus costumbres y a partir de opiniones de la tripulación, hemos decidido mezclarnos con los nativos de este tiempo 2017, infiltrándonos, para recabar una mejor opinión de ellos y así, averiguar que originó el caos y el fin de su cultura.

Una somera visión en los primeros días de nuestra nueva empresa, nos ha llenado de una profunda tristeza.

Hace pocas fechas han celebrado, con grandes fastos la muerte de su dios (bares llenos, bandas de música desfilando por las calles, gentes vestidas de “penitentes” sin hacer penitencia -fumando, charlando, bebiendo…- luciendo pulcras túnicas, gestes vestidas con sus mejores galas, jóvenes portando pesados tronos, haciéndolos bailar rítmicamente, compitiendo en decoración y en movimiento entre ellos) Lo que más nos llamó la atención es que celebraban la muerte. Luego advertimos que Jesús, su dios, había resucitado a los tres días de morir; pero seguimos sin entender por qué no esperar a que resucite para festejar. El teniente Pérez, más familiarizado con las costumbres de estos ancestros, por su empatía primigenia, averiguó que en realidad es un motivo para evadirse de los problemas reales de los ciudadanos y para que el turismo y el consumo, únicas fuentes de ingresos que les queda ya en la ciudad, pudieran dejar fuertes sumas de dinero; que de aspecto religioso, nada de nada.

La tristeza vino después. Una vez terminada la fiesta, las buenas gentes volvieron a sus quehaceres cotidianos que, por desgracia, para nosotros, no son muchos, pues la mayor parte de los ciudadanos no trabaja, que no para ellos, por los comentarios y actitudes que observamos. Las conversaciones entre los habitantes de la ciudad que no trabajan y pasean ociosos por las mañanas, van al médico con sus hijos o hacen la compra, versan acerca de programas basura de televisión, de fútbol, de los políticos, a los que consideran todos iguales (de malos o corruptos) y, he aquí el quid de la cuestión, y acerca de sus formas de supervivencia: La subvención o el subsidio. Hemos visto a madres con carritos de bebé hablando de los 400 euros que cobrarán a partir de tal fecha, a hombres jóvenes, algunos con buena formación, echando números de fechas hasta cuando van a cobrar el paro para volver a demandar empleo, a otros y otras desechando empleos porque cobran más con un subsidio o con su trabajo en economía sumergida. De cualquier manera, empleos precarios o falta de ellos incluso. En el peor de los casos, hemos conversado con personas que cobran “el paro” y hacen trabajos no legales al mismo tiempo.

A diferencia de lo que ocurre en nuestra época, la mayoría de las personas que no trabajan y cobran alguna cantidad del Estado o de la Comunidad Autónoma, realizan trabajos voluntarios para la Comunidad. Hay honrosas excepciones, claro, voluntariado lo llaman. En nuestro año, el propio estado organza tareas, acordes con la formación de cada uno, si se halla en situación similar; “pero aquí te tildarían de loco si lo propones”, me dice Pérez.

Y a nosotros, este modus vivendi nos ha puesto tristes, porque en nuestra época, como es sabido, una de las mayores fuentes de realización personal y social es el empleo, el gusto por el trabajo bien hecho. Pero, todos y todas parecen felices con esta forma precaria de subsistencia. Muchos apoyan su economía con las pensiones de sus padres, sin advertir que, por desgracia, estos alguna vez ya no estarán y no podrán contar con sus ingresos, como con los de los ancianos que muchas personas cuidan, formando parte de esa economía sumergida. Es la falta de previsión y de exigencia en el futuro lo que nos ha sorprendido sobre manera. Este vivir al día, salvando las distancias, nos recuerda mucho la forma de vida de la época que ellos llaman Edad Media. Lo más triste para nosotros es el conformismo, esa forma de soportar la situación sin hacer nada para mejorarla, la falta de inquietudes de jóvenes y mayores por qué así ha sido siempre (En la Edad Media decían porque es lo que Dios quiere) La comodidad parece haberse instalado en los ciudadanos que aún permanecen en la ciudad, porque tenemos constancia de qué los más inquietos y las más inquietas la han abandonado, se han marchado a ciudades con más oportunidades, principalmente al extranjero; pero esto no es de extrañar después de oír a algunos de los dirigentes del partido actualmente en el gobierno central aconsejando a los jóvenes con formación que se marcharan a otros países a trabajar, defendiendo esta opinión como un valor, en lugar de como un fracaso.

Nos da la impresión de que han timando a los habitantes, ya no de la ciudad, si no del país, haciéndoles aportar un enorme esfuerzo económico, cuando había trabajo para todos, para formar a sus jóvenes, para qué ahora desempeñen su oficio en países de Europa dónde la población está envejecida, con contratos baratos y sin gasto previo. Aunque, como digo, la norma es conformarse con una forma de vida mansa.

Es cierto que el teniente Pérez insiste en que nuestra visión es demasiado catastrofista, que ellos “viven bien” así; pero yo le argumento que la endogamia no es buena, que cuando uno está acostumbrado a vivir de determinada manera y no conoce o no se preocupa de conocer otras, acaba creyendo que la suya es la normal y la mejor porque así ha sido siempre y que las otras no son ni normales ni buenas, lo que conlleva a lo que aquí llaman ser cateto. Y le pongo un ejemplo: Parece normal que las calles de la ciudad estén sucias, porque siempre las han visto así en esta ciudad, pero cuando alguno de los linarenses viaja a otras ciudades, principalmente europeas, advierte que allí las calles están limpias y tiene dos opciones, pensar que en Linares también podrían estar limpias si algo cambiase, haciendo algo para ello, o conformarse creyendo que nunca tendrán remedio en esta ciudad, pues la gente no lo tiene. Así ocurre con las proyecciones personales, políticas, sociales, etc. le digo a Pérez.

Otros miembros de la tripulación se han dedicado a investigar sobre el tema de la solidaridad y como la entienden en esta época. Nuestra próxima entrega versará sobre ello.

Anexo IV: Por cierto, el teniente Pérez se ha instalado en casa de una nativa y ha hecho grandes amistades con algunos habitantes de la ciudad con quienes comparte bares y fútbol. Se junta mucho con un tal Nemesio. Él dice que es para aprender mejor sus costumbres y para hablar con ellos haciéndoles ver que hay otros puntos diferentes sobre las cosas a como ellos las ven. A mí me da que le está empezando a gustar una bebida alcohólica a la que aquí llaman vino.