Al igual que Santa María, San Agustín fue otro de los puntos que concentró la atención de la ciudadanía, ya que a partir de las cinco de la tarde del Jueves Santo estaba prevista la salida de la Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor Jesucristo en su Prendimiento, Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos y San Juan Evangelista. No cabía un alfiler en la Plaza de Don Bosco y sus zonas aledañas para poder ver el inicio de la estación de penitencia de Cristo prendido, que dejó bellos momentos durante su caminar por Linares.Y es que si por algo se caracteriza ya el Prendimiento es por su colorido y su esplendor.
El paso dorado del misterio era el primero en efectuar su salida, una complicada maniobra ejecutada a la perfección por su cuadrilla de costaleros y dirigida por su equipo de capataces y contraguías. El esfuerzo que realizaron los hombres del Señor fue recompensado con las palmas y vítores del numeroso público que se congregaba, expectante, en el inicio de la procesión. El cortejo iba estirándose y tomando forma a lo largo del primer tramo de la calle Julio Burell y, tras Cristo, sonaba la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Rosario, uno de los pilares más destacados de esta hermandad linarense.
La representatividad del Prendimiento en la Semana Santa local es evidente, por eso fue seguida por muchas personas en prácticamente todas las zonas de su itinerario, destacando la céntrica Plaza de San Francisco, la calle Rosario, la Plaza del Ayuntamiento (donde se celebró el acto tradicional de la lectura de la Sentencia), así como Carrera Oficial, entre otros. Este año se presentaban algunas novedades, entre ellas, los báculos nuevos para las diferentes presidencias que salieron en la procesión, así como unas colgaderas que se instalaron en la emblemática calle Rosario para engalanar esta vía al paso de la hermandad.
Los sagrados titulares de esta cofradía lucieron y caminaron pletóricos y hermosos por las calles de su ciudad. En lo que respecta a la Virgen del Rosario fue llevada con cariño, arte y mimo por su cuadrilla de costaleros, demostrando el profundo amor y devoción que le profesan a la Señora. Un cariño que es compartido por todos los hermanos hacia su cofradía, que conmemora este año la efeméride del noventa aniversario de su refundación, allá por 1927.