Se han publicado dos novelas que abordan, creo yo, con gran acierto los conceptos que abren el presente título. La primera, escrita con gran éxito de público y crítica, por Fernando Aramburu lleva por título “Patria”. En ella se aborda la tragedia que la exageración de tal sentimiento provoca, al convertirse en lucha armada, para las personas, familias y pueblos de Euskadi. Contemplada la realidad humana de suficientes personajes de dos familias enfrentadas, se ofrece un relato necesario para comprender, lejos de la fanfarria patriotera, la realidad que los medios y los intereses aun hoy nos siguen distorsionando. “El honor de Dios”,denunciando también la grandilocuencia huera, invita a contemplar el dolor e indignidad que, en este caso, causa desde el terrorismo de Estado. La autora, Lidia Falcón, al describir el caso de Lasa y Zabala, añade otra perspectiva para el general repudio de toda violencia contra las peronas o al conjunto de la sociedad. Refiere con claridad el abuso del poder que se ejerce desde las instancias que debieran garantizar la seguridad y la vida de hasta de la persona más humilde.

Cuando en estos días se vienen sucediendo diversas noticias de recuerdos contradictorios sobre ETA y/o el final de la dictadura franquista, son aconsejables ambas lecturas. Se escenifica “el desarme oficial”,de la citada organización terrorista, fraguado durante el gobierno Zapatero en inteligente diálogo por la ansiada paz con aberzales. A la vez se acusa a una tuitera por un chiste en las redes que durante la misma dictadura franquista se hacía sobre la voladura de Carrero. Ahora se le aplica, con carácter retroactivo el calificativo de terrorista a quienes atentaron contra el valedor del dictador. Se amplía así el concepto de “patria” según convenga. Era lícito el diálogo de Aznar con el “Frente Nacional de Liberación Vasco” en su momento. Luego, tras fracasar las mentiras de Acebes para acusar a ETA del atentado islámico por la invasión de Irak, se vuelve al patrioterismo anti-etarra usado hasta la sinrazón. Lo que sirvió en Irlanda para salir de una tremenda guerra, no le ha servido a Rajoy para concluir la paz avanzada. La “patria” exigía atacar al terrorismo, ya inexistente en Euskadi, a la par que todo separatismo, empujando al catalán al independentismo.

En este mundo globalizado, los grandes poderes apenas tienen en cuenta el lugar donde (des)-localizar sus negocios para obtener el máximo beneficio, sin consideraciones humanas. Aun así, cuando la lógia personal empujaría hacia la ciudadanía del mundo, siguen pujantes los sentimientos de patria o la política de estado. De todo ello, incluídos nacionalismos varios (central o periféricos), lucha armada, independencia, banderas y -de lo que es peor- terror y miseria humana que precede a la guerra, tratan ambas obras.

Sentimientos patrióticos aparte, siempre me ha preocupado la historia y la conformación de la organización política de los estados que son o han sido. Si, ahora que, en la UE no sabemos si vamos o volvemos, con “brexit” y demás, convendría revisar conceptos más aparentes que reales. Hace apenas tres siglos a este estado se le llamaba de “las Españas” incluyendo las coronas de Castilla, de Aragón y los terrotorios de Ultramar. Ello no ha excluido determinado ideal efímero de la Unidad Ibérica con Portugal, o deseos imperiales demasiado vinculados a la guerra de religión. El centralismo y separatismo que viene resurgiendo del siglo XIX hasta el presente, ha sido un error por el que se han derramado aquí demasiados sufrimientos y sangre. La lectura de los libros mencionados arriba, nos permitirá acercarnos a la realidad verdaderamente personal de quienes vivieron su tiempo como pudieron y al son de acontecimientos en los que poco podían influir. Aun así, aparecen ocasiones en que los personajes menos previsibles, pueden llegar a ejercer papeles más relevantes.

Descubramos así, de la mano de Aramburu, que en ese pequeño pueblo vasco los sentimientos políticos o tradicionales eran bastante menos homogéneos de los que se nos hizo ver al resto de la ciudadanía. Veamos también como se enfría, aunque no llega a desaparecer del todo, el afecto que unía a la mayoría de las personas con más criterio en ambas familias, hasta recomponer la armonía que nunca debiera haber desaparecido. De la misma manera Falcón nos llevará, de la mano de una familia andaluza, a la emigración catalana para acabar recalando en las inmediaciones del gobierno socialista que propició el GAL y el terrorismo de estado en Euskadi.

Frente a tanto terror y utilización sectaria de sentimientos, personas y recursos, en este sociedad globalizada en que todo se compra, conviene actuar como persona honesta y responsable. A la vez defender el propio criterio como ciudadano/a solidario/a favorece la tranquilidad de la propia conciencia.