Porque hombre soy, nada de los humano me es ajeno”,que decía el filósofo, me soliviantan la  conciencia  tan reiterados -si no impunes y crecientes- violencias y atropellos machistas. Pasado  el 8 de Marzo, traigo a estas páginas una vez más  mi profundo deseo de que se propicie un pacto personal y social contra tan perniciosa lacra. Se me podrá decir que eso es lo que acaba de proponer  el Ministerio de Interior. No. Se trata de apartar la farfolla propagandística del poder que luego queda en nada. Hoy, porque ya no es “día de”, se trata de acercarnos a lo personal y de ahí al entorno social que ningunea afanes y criterios. Distanciémonos pues de quienes enarbolan  los pactos, las leyes (con su discutible aplicación),e  incluso de la sectaria presunción de inocencia o liberalidad aplicadas a “el señor de Murcia” o al “cuñado real”. Sin negarnos  nuestra  pizca de ingenuindad, reflexionemos por partes sobre feminismo y el drama opresor que no cesa.

            Empecemos por las trabas del lenguaje, pues no siempre se conoce hasta qué punto la palabra condiciona el debate que nos ocupa. Veamos un ejemplo. El genérico “hombre”, que reza en la cita inicial e incluso en otra reformable (“De todas las virtudes que puedan adornar al hombre, ninguna superior a la de ser hombre”) del amirado Machado, debiera ser sustituido por el más inclusivo de “persona”. Vuelvo a reiterar aquí que si el mejorable uso de “@” contribuye  a que aceptemos mentalmente ese pacto de especie humana que disminuya machismo y misoginia larvados, bienvenido sea.

            Pese a la primera impresión, feminismo no es lo contrario de machismo. Siguiendo con la semántica, si acaso machismo sería lo contrario de hembrismo. Pero es momento de seguir adelante, si ha quedado claro lo de persona y especie humana. Aparte del movimiento social que reivindica la misma dignidad humana para todas las personas sin distinción de sexo, “el feminismo” es un concepto más rico y parcialmente comprendido, por vapuleado. Creo que,  conviene a la especie humana, cada quien desde su situación de sometimiento o privilegio, apartar  prejuicios patriarcales. Éstos, construidos en pos del dominio de la mujer, con su  humillación y cruel femenicidio, impiden a la vez el progreso y concordia conjuntos. En ese sentido, resulta imprescindible desentrañar,  como personas en común, los señuelos que perpetúan tan indeseable e insatisfactorio sometimiento. Aprendiendo de manera contínua y acumulada lo que el feminismo aporta avanzaremos hacia el humanismo. Tal vez distingamos cuántos de los valores, modelos y usos “de género” de la sociedad actual son insostenibles hoy en función de las diferencias naturales de sexo. Decaerán por ridículos prejuicios como: “los hombres no lloran y deben esconder sus sentimientos”,  “las mujeres son modositas y no toman la iniciativa”, o “la cabeza de la pareja/familia es “, “él es un “manazas” para  limpiar y ella no es (ni debe ser) “manitas” para las chapuzas”,.. Así hasta la saciedad, al amparo de tradiciones o integrismos religiosos insostenibles desde la racionalidad y/o la ética, se mantienen o recuperan como la violencia por los celos o la homofobia. Además de otros, menos visibles pero igualmente peligrosos, como la autoestima  personal, confianza en la pareja, timidez que acaba en complejos por miedo al qué diran,.. siguen, como atavismos del pasado, frenando la igualdad.

Llegado a este punto, y para que Rebeca Solint no me reproche como acertadamente hace en su libro “Los hombres me explican las cosas”, remito a aprender de ellas para centrarme en el aporte práctico que como hombre he de hacer. Pese a lo dicho, mis avances son más teóricos que prácticos.

Soy consciente de que haber nacido en una sociedad patriarcal me ha colocado en una situación de privilegio indebida. Voy rectificando en mis criterios más, pero en mi conducta menos: ya se sabe que la carne es débil y la costumbre arrastra, sobre todo hacia lo cómodo. En el trabajo doméstico, entre mi “mundo en las nubes” y mi escasa habilidad poco incentivada en determinadas tareas, resulta muy mejorable. En cuanto a mis hermanas, trato  de compensar la  indebida sobrecarga en el  hogar de origen.  En conversaciones, lecturas y escritos tengo presente el asunto porque lo creo- y no sólo por las muertes que no cesan- que es socialmente determinante.Trato de aprender del movimiento feminista y reflexionar en mi propia práctica todos los días del año, aminorando frivolidades y tentaciones sexistas. Cuento también con el creciente movimiento de hombres por la igualdad.