La dehesa de Cerro Pelado, que hoy nos mira ganadera, cuando antaño fue minera, se extiende en la orilla izquierda del río, que como El Guadiana, aparece y desaparece entre pizarras y granito, y que los árabes, ensimismados por sus granados, acebos, adelfas, juncos, majuelos y tomillos lo llamaron Guadiel o agua que exhala dulce miel.

De singular belleza, representa unos de los más frondoso bosques y praderas mediterráneas y de rivera de nuestra comarca. Encinas, chaparros, lentiscos, moredas, higueras, lavandas, tomillares, esparragueras… forman su singular y paradisiaco espacio. Pero, pensarán: ¿por qué este frondoso paraje, de ensueño y fantasía aparece con el término “PELADO”?.
Descubrámoslo:
En el primer mapa, o la representación sistemática y ordenada de una realidad palpable que se nos queda grande, conocido del distrito minero de Linares, realizado por el maestro carpintero Julián de Martos y Morillo en 1877, con una humilde regla de madera, un grueso lápiz desgastado y un vasto cartabón aparece ya este término. Curiosamente, con otro nombre, parónimo a éste, de parecido significante y de muy diferente, pero cercano significado: “ZORROPELAO”.

Primer mapa del distrito minero de Linares, realizado a mano por el maestro carpintero Julián de Martos y Morillo entre 1858 y 1877.

¿Qué nos quiso decir este singular descubridor, soñador y pintor de tierras? Nada más y nada menos que el zorro o el cerro estaban pelados. Y, ¿cuál fue la causa?, si está junto a un río, en plena estribación de Sierra Morena.

La respuesta es sencilla y compleja a la vez. Este coto, en tiempos que se diseñó el hermoso plano, fue eminentemente minero. Concesiones como Las Encantadoras, Santo Rostro, Los Esclavos, Las Ánimas, Aitana… están llenas de vida y muerte en el recuerdo de los linarenses. Éstas generaron mucha riqueza y, hasta con sus beneficios, se hizo nuestro cine San Ildefonso, hoy Cervantes. Pero tanto y tanto arranque a las entrañas de la Madre, empobrecieron sus suelos. Se convirtieron en estériles, en piedras, en hondos charcos, en tránsito de pena y sudor. Sólo algunos eucaliptos, moreras e higueras paliaban el pecho y el hambre de los horadadores de la tierra.

Todo yermo, todo rocas y escombreras, edificios repletos de talada madera de este rico encinar, sobornado a los distintos ayuntamientos para que mirasen a otro lado, mientras que algunos bolsillos eran rellenados con monedas de sangre y sudor, para encender unos fogones, que elevasen la aguas salobres, el fruto preñado y a los topos escudriñadores, para que a sus entrañas pudiesen acceder.

Lavaderos del Grupo Encantadora. 1907.

Caminos de polvo, carretas chirriantes, piedras y más piedras, arena y más arena que hunde los costados, humo pastoso en los labios, aire sin vida y viciado en el corazón.

Todo y nada más que esto determinó, ¡Si, determinó! Que el zorro, con hambre y sin casa, estuviese despeluchado. Y sus cerros, que antaño fueran verdes y azulados, donde antes se sentía rey de las astutas alimañas, desde el cielo, cuando se mira sin miedo, se viesen grises, inhóspitos y por supuesto “pelaos”.

Principio del fin de la minería linarense con la manifestación de los trabajadores del Pozo San Luis del Grupo La Cruz, en pleno corazón de “Cerropelao”. 1991