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EL DIFÍCIL ASUNTO DE LA ASERTIVIDAD

Un niño, en ausencia de su madre, cogió un taburete, se fue a la cocina y cogió galletas, cosa que su madre le tenía prohibido. Cuando la madre volvió le increpó: ¿“Por qué has cogido una galleta cuando sabes que no tenías que hacerlo!” El crío, lejos de amedrentarse, contestó a su madre: “No he cogido una, he cogido dos”. La madre, entró en cólera: “¡Así que dos! A lo que el niño le respondió: “Una era para mí, y otra era para el niño Jesús, ese niño que tú dices que me quiere tanto y que me dijo: No estás solo, coge dos galletas, una para ti y otra para mí.”. La mamá se quedó desarmada. El niño fue asertivo. Ser asertivo, consiste en adoptar una posición frente a la vida, en la que siempre expresemos nuestra opinión, por encima del miedo al rechazo de los demás, por encima de las críticas, que a la postre, en nada influyen en nuestra persona. Hemos de perder el miedo a que nuestra opinión no sea del agrado de otros, o a que se formen una imagen inadecuada de nosotros. En un diálogo, si callamos o asentimos a los otros, dándoles la razón en algo que no la tienen, no estamos siendo valientes, y perderemos una de las cosas más preciadas que podemos tener como personas, que es nuestra autoestima, dejando de ser nosotros mismos. Es muy importante no confundir el ser asertivo, afirmando o negando algo, respetuosamente, con ser tímido, aunque a veces la timidez desemboca en una falta de asertividad crónica. Una vez, un director en el trabajo, citó a una reunión a un trabajador, preguntándole sobre un tema relacionado su jefe inmediato y exigiéndole que le dijese la verdad. El director ya venía con ideas preconcebidas, después de hablar previamente con su jefe. El trabajador pensó: si ya me ha juzgado y condenado, sin hablar conmigo…¿porqué viene a preguntarme? A su pregunta le respondió: ¿Qué verdad quiere saber, mi verdad o la verdad con la que usted viene” Sin decir nada, como la mamá del pequeño, el director cerró su carpeta y se fue; había aprendido una lección de alguien supuestamente inferior. Pero la verdad era la verdad. Él sabía de las consecuencias de decir lo que pensaba, de ser asertivo, de hablar sin miedo y asumió esas consecuencias; después de eso, durmió más a gusto que Dios. En muchas, demasiadas ocasiones, en lugar de ser nosotros mismos, llevamos las ideas de los demás en la cabeza y eso hace que no crezcamos como seres autónomos, libres. Y estas ideas las llevamos, bien por miedo, bien por falta de reflexión. Otra cosa muy distinta es la falsedad, de la que muchos están imbuidos, esta es autodestructiva, no tiene remedio. Tener autoestima y asertividad, es vivir en libertad y uno de los medios en el camino de la búsqueda de la felicidad. Porque ser feliz, es una opción personal, es una actitud frente a la vida, un compromiso con el mundo que nos rodea, porque en nuestra mente, existe un silencio que tenemos que sentir, un silencio en lo más profundo de nuestro ser, que ni el ruido ni el ni el mundo, pueden tocar. Este silencio, es el que nos ayudará a ser mejores personas para perder el miedo a las interrelaciones personales, a ser nosotros mismos, en definitiva, a vivir.

Ingeniero Técnico de Minas. Pintor, profesor de dibujo, del Instituto Huarte de San Juan y profesor de música en la especialidad de guitarra clásica por los Conservatorios de Córdoba y Linares. Escribe artículos de opinión desde 1999. Miembro de la Asociación Provincial de Jaén y de Andalucía de Ayuda al Pueblo Saharaui. De profundas convicciones humanistas, es amante de la poesía mística de San Juan de la Cruz, de la obra de Teresa de Jesús y de los miembros de la Generación del 27 entre otros.

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