Un año más lucen en los escaparates carteles y crecientes anuncios en cines publicitando, como mercancía convencional, la educación en colegios concertados. Son un signo de los tiempos, en que todo se compra y se vende cuidando más las apariencias, que la propia vida futura de las criaturas de nuestra ciudad. La oferta se enfatiza con invitación de “puertas abiertas” en colegios o con la presencia del propio alumnado en el paseo alardeando, quizá de modo inconsciente, de un sentido identitario de uniformes y sones llamativos. Queriendo adivinar la normal ingenuidad en algún rostro infantil, me distancio rumiando las dudas que me surgen al relacionar las tres palabras que abren este escrito.

            La educación, hasta ahora al menos, la venía entendiendo como “esa actividad que la sociedad ofrece para que la persona se conozca así misma y a cuanto la rodea y desarrolle su querencia al saber y a su dignidad para vivir en armonía con los demás”. Quizá divago dando por sentado que aquello de la “egb” (“educación”, “general” y “básica”) de los años setenta había calado más en el sentir colectivo. Mirando bien, la veo más como una mercadería que ha renunciado a ser para todos y todas, y que parece desdeñar el bagaje conveniente para aquella ciudadanía que entonces añoraba entrar en Europa. Me dicen, y no sin razón, que lo que no sale en los medios no existe. Avanzamos poco al intentar aclarar de qué “exitencia” hablamos. Contraponemos  ese “pollo sin cabeza” que se mueve sin saber hacia dónde con quien lo analiza todo sin cantearse. Excluyendo  exageraciones, concluimos en que conviene reflexionar sin ignorar el ritmo de los tiempos. Fijado este acuerdo, lo extendemos a la lectura y uso de lo escrito y la imagen con la deseable mezcla entre ambos lenguajes. Otra cuestión que nos planteábamos en las salidas y actividades (extra)escolares era más conocer, que que se nos conociera en, la realidad que nos rodea.

             El uso de la imagen y su finalidad adquieren en el debate de la educación, y más en situaciones como ésta, un papel nada baladí. ¿Servirá para inmortalizar el momento y enviársela a quien quizá importunamos porque nada le interesa? ¿O será más útil disponer y  captar fotografías  para rumiar en clase (o en casa) sobre lo que realmente pretendíamos saber para explicárnoslo cada cual y al prójimo.

             Claro que definir lo que realmente queremos que se aprenda pueden ser palabras mayores. Por supuesto que nuestro entorno ofrece potencial de aprendizaje más significativo. Así que en su momento programadas, o aprovechando algo imprevisible, resultan provechosas visitas  a la realidad concreta que nos rodea. Durante mucho tiempo tuvo gran predicamento en gran parte el magisterio lo que llamábamos “conocimiento del medio”. El de “medio” era un concepto amplio, dinámico y vivo que no quedaba preso en el libro de texto. El barrio, en el que la chiquillería compartía el doble vínculo de compañerismo y vecindad, constituía una comunidad más entrañable. Las propias asociaciones de vecinos, entonces más vivas, propiciaban atender los retos en común y que la convivencia transcurriera sin especiales distingos. Parece que los tiempos de crisis económica ysuperficialidad nos hacen agrandar diferencias y huidas donde el diálogo era razonable.

            Por lo apuntado, parece que la familia se sume en un mar de dudas respecto a la educación,  la ciudad y el futuro que desea para sus retoños. Por un lado la propia familia, olvidando la función socializadora que ha de tener el barrio, es tentada a enviar su prole a un grupo lejano. Puede ocurrir que, por la buena pinta de la publicidad de un centro, entienda que pueda delegar en él la labor de cooperación activa y fundamental de familia-escuela. Se puede olvidar que, para bien o para mal, el barrio donde se vive marca más el futuro del alumnado. Aparte de esto y lo señalado sobre colaboración  cercana en común y la doble relación de amistad-compañerismo, se va diseñando, de manera inconsciente, una ciudad menos agradable y más hostil. Pensemos en varios aspectos.

            Cuando en familia comentamos la xenobia en Europa con los refugiados, cómo podremos explicar a nuestras  criatuiras su escolarización separada de minorías étnicas  o culturales. Qué tipo de educación vial y ecológica perciben realmente nuestras criaturas cuando han de respirar la innecesaria contaminación que se genera en el entorno de un colegio al que acude alumnado de la otra punta de la ciudad. Si miramos bien todo lo que envuelve a la educación, tal vez nos demos cuenta de que el mercadeo montado, este mes para la matriculación en un centro u otro, es sólo un síntoma más de los preocupantes males que atenanzan a la educación a la sociedad y al futuro.