Este magnífico cuento, de “Pedro y el lobo”, compuesto musicalmente por Prokofiev de forma tan genial, viene a relatarnos, a decirnos a los adultos y niños de todas las edades, algo que viene a ser el pan nuestro de cada día, sobre la belleza y también la dureza de las relaciones entre seres que hemos dado en llamarnos humanos. Un cuento musical y popular que sin duda no tiene desperdicio, sobre el que podemos aprender todos los días y que sin duda, bien pudo haberlo escrito hace tiempo, mucho tiempo, el genial Esopo; o porqué no, mucho mas recientemente, la dulcísima y tristemente desaparecida hace ya algunos años Gloria Fuertes.

También, Tomás Moro en “La Utopía”, describe fielmente la sociedad y las gentes de su época, en la que saca a relucir muchos lobos; animales que destrozan e intentan desviar la brisa de una sociedad para su exclusivo beneficio personal, cueste lo que cueste, caiga quien caiga, se asfixie quien se asfixie.

Casi todos, hemos tenido la desdicha de conocer a algún lobo en un momento de nuestra vida. El lobo, un “ser” insociable, solitario, pues nadie lo quiere, nocturnamente traidor, egoísta, insolidario, que se siente rey de la creación, y que pudiera ser un despiste del Creador, pues animal tan dañino, seguramente no estaba en su agenda semanal.

El lobo, puede disfrazarse también de abuelita, como en este otro tierno y tenso cuento, procurando lástima y piedad, con objeto de engañar a su potencial presa, pero Caperucita, es decir los supuestos ingenuos (a los ojos de este animal) que están en su nómina de víctimas, no son ya tan ingenuos, ya que este desdichado, ha confundido tolerancia con debilidad, y claro, se ha estrellado contra las tablas, después de morder las manos que le dieran acaso un día de comer, a él y a alguno de su progenie. Hobbes dijo un día….. “El hombre es lobo para el hombre”.

Este lobo con nombre propio, que se mueve en la ciudad, ignorante de su ignorancia, ser maléfico “cum laude”, cree inferiores a todos los que trata. Es un pobre ser excluido de todos los rebaños donde pacientemente pastan las ovejas, a las que lo único que les interesa es la buenaventura y el bienestar de sí mismas, de quienes las rodean y de su granja.

Ha visitado muchas granjas y ha dado sus zarpazos, pero a estas alturas, la granja lo tiene calado, y es difícil que ya devore a nadie. Vive rechazado por los demás en las alcantarillas, cohabitando con su propia inmundicia personal, moral…
Existe gente que como el lobo, intenta aprovecharse del trabajo de los demás, de quienes aman de verdad a su gente y sus cosas, su patrimonio, el trabajo de gente honesta puesto en clave de servir.

Estas alimañas no tienen el más mínimo pudor de copar puestos en determinados grupos para su propia egolatría personal, para medrar subiendo peldaños humanos, sintiéndose fuertes después de dar el zarpazo y morder la yugular de su víctima, pero en el fondo son unos fracasados personales y sociales ya que se ven arrojados a un rincón porque nadie quiere trato con ellos. Conozco muchos lobos, muchas lobas, que puedan ser igualmente miserables. Esta mala gente, conjugan siempre en primera persona y sólo piensan en el yo, mi, me, conmigo, y se olvidan que son seres destinados a una relación social con los demás, aunque aparentemente la practican, pero sólo en la búsqueda de sus propios intereses y como decía antes, aún a costa de amargar la vida de quienes les rodean. Ellos y ellas sabrán. El blanco lo tienen más que errado, porque sus malas artes son un boomerang que en cualquier momento se volverá y les atizará de pleno. Existen también muchos Doberman hermanos de camada de estos Lobos. Vivir así con estos despreciables seres, para la gente honesta no merece la pena. Ellos, para su desgracia, no van a cambiar.

Nunca se darán cuenta de que en la guerra que ellos han creado, la paz es la única victoria posible.