Diario de a bordo: 20 de febrero de 7017.

Soy el capitán Adbdala, jefe de la misión Tierra 2017, enviado por la Confederación de Naciones Libres en una de las primeras misiones de viajes en el tiempo. Sigo resumiendo una detallada lista de costumbres, sucesos y demás que, mi tripulación y yo, hemos registrado y enviado a nuestro siglo (año 7017) de como vivían nuestros primitivos ancestros del siglo XXI y averiguar que fue lo ocurrido para quedar tan pocos restos de aquella extinta civilización, si es que la hubo. Seguimos observando la pequeña ciudad de Linares.

5. En cuanto a sus gustos artísticos observamos con estupor que gustan decorar sus calles con micciones y excrementos de mascota, en particular de perro. Incluso, en lugares abiertos, sin edificar, o edificios abandonados o a medio construir, parecen disfrutar llenándolos con bolsas de basura y otros residuos no degradables. Lo primero parece generalizado en toda la ciudad y, según nuestras averiguaciones, hay bastantes ciudadanos molestos con esta forma ancestral de arte popular, incluso hemos realizado un estudio estadístico con los resultados siguientes: Son sólo un 10% de propietarios de animales quien decora así, el resto sí recoge los residuos sólidos de sus canes. Ninguno recoge o evita los líquidos.

6. Sí es cierto que es gente muy sociable. Gustan de compartir sus emociones y sentimientos con los demás, aún con desconicidos, para ello hablan a voces, a veces gritando, sin importar la hora que sea ni el sueño de sus conciudadanos. Llegan incluso a compartir las músicas que, a volumen descomunal, escuchan en sus vehículos que, curiosamente no funcionan con energía solar ni con agua, si no con residuos fósiles altamente contaminantes. Gustan también hacer partícipes a los demás, que parecen recibir con agrado, pues no se quejan ni hacen leyes para evitarlo, de estridentes sonidos de vehículos más pequeños llamados motos. Todas estas primitivas formas de relación impiden el desarrollo de lo que nosotros llamamos “empatía”, término que, estos nuestros ancestros, aún están por descubrir.

7. Poseen bastantes señales decorativas para regular el tráfico. Decorativas, como digo, en su mayoría, porque no suelen respetarse, sobre todo aquellas relativas a peatones y a la velocidad máxima permitida. Eso sí, cuando alguien fallece no habiendo respetado tales normas, hacen grandes fastos funerarios en sus iglesias y se lamentan ante sus ídolos de madera que, inertes, les observan sin dar respuesta alguna.

8: Seguimos explorando sus formas de diversión. Observamos como los fines de semana se encierran sus jóvenes, de manera voluntaria, en grandes espacios abiertos donde ingieren productos diversos que les hacen perder la conciencia crítica sobre lo que les rodea y los problemas sociales, al tiempo que destruyen millones de neuronas y otros órganos fundamentales del cuerpo e impiden la comunicación entre los jóvenes. Lanzamos la hipótesis de que estos tipos de relación son permitidos y potenciados por los gobiernos, para evitar el desarrollo de ciudadanos que puedan desarrollar un pensamiento crítico hacia la labor de aquéllos. Amén de una sociedad en general pobre de inquietudes y ganas de superación.
También detectamos que muchos padres se quejan de estas formas de diversión al tiempo que ellos mismos les han ofrecido modelos de conducta cuya base es la ingesta de productos enagenantes, aunque en locales más pequeños, llamados bares y pubs.

ANEXO: Al respecto, apuntamos que, en nuestra experimentación de costumbres, hace dos noches, mi tripulación y yo visitamos un local de los citados y tuvimos que llevar urgentemente a la nave al teniente Alfred Pérez, afectado por lo que nuestros ancestros han dado en llamar “una enorme cogorza”.

Continuará…