Con la subida mínima y obligatoria del 0,25%, las pensiones vuelven a merecer la atención general ahora y lo que te rondaré morena. Si hace unas semanas hablábamos de la liquidación de la “hucha de reserva”, hoy hemos de contemplar el asunto junto la carestía de la vida (IPC), las cifras del paro y la interdependencia entre pensionistas actuales y la familia en conjunto.

El uso tendencioso de las cifras trata de sugerir, con medias verdades y mentiras completas, que hay solución neoliberal para remediar los estropicios que dicha economía viene causando. El valor contenido del petróleo ha permitido que los precios no subieran hasta hace unos meses. En consecuencia, la solidaridad familiar, administrando los escasos salarios y bajas pensiones, ha permitido capear el temporal. Sin embargo, cuando la carestía empieza a galopar, saltan las preguntas que se venían ocultando por el gobierno y no se querían ver por el autoengaño escapista de la familia y ciudadanía en general.
A los pensionistas, ocupados con la creciente atención de todo tipo a la familia agobiada y/o empobrecida, se les está hurtando la autonomía personal de una vejez digna. Aunque llegamos a la jubilación laboral , no debiéramos renunciar ( a veces de manera drástica) a la participación social que la salud permita en cada caso. La crisis-estafa se está cobrando de manera taimada un tributo a veces excesivo de las personas jubiladas. Sería conveniente contemplar los aspectos : familiar, cultural y político-económico. Con frecuencia se separan o confunden indebidamente. Veamos.

En el ámbito político-económico se viene propiciando una separación perjudicial, si no enfrentamiento, entre pensionistas actuales y del futuro. Condicionar el futuro general con dogmas económicos que vienen fracasando es insostenible además de insolidario. Se sigue manteniendo un sentido productivista de la economía ligando, de manera irracional, las cotizaciones laborales (cada día más escasas e imprevisibles) a la financiación de las pensiones. Para ello se habla de creación de riqueza y puestos de trabajo que no acaban de llegar por mucho que se fuercen las cifras. Las del paro se hacen disminuir porque no se contabilizan ni a quienes por desilusión dejan de buscar empleo, ni a la gente joven que emigra a Europa, o a quienes regresan a Hispanoámerica. En cuanto a personas ocupadas, toman como tales a quienes apenas lo están unas horas a la semana. Los gobiernos PP-PSOE siguen embaucando con la creación de riqueza y de puestos de trabajo en este mundo globalizado que compite con salarios de miseria. Ni siquiera con el turismo creciente ha aumentado el empleo reconocido (sí el de fuera de nómina) y menos los sueldos. Está claro que las reformas laborales crean pobreza. Así. las rentas por trabajo se reducen, mientras las de capital crecen y tributan cada vez menos. Por otro lado, se quiere favorecer el negocio de los bancos para que se aprovechen de las pensiones privatizadas que supuestamente han de ahorrar, desde ya, quienes apenas pueden malvivir.

En el terreno cultural hay varios aspectos que vienen ocultando perspectivas razonables para afrontar el futuro gasto social. Además del uso tendencioso de la información, tanto en los medios públicos (controlados por PP-PSOE) como los privados (por el capital, el IBEX35 principalmente) manipulan entretenimiento y cultura. Propician modelos culturales y de valores (más bien contravalores) con gran influencia en la población con menor formación y sentido crítico. Tienen más fuerza el valor del dinero que la honestidad, la competencia que la colaboración, la caridad sin futuro que la solidaridad, el grito o el insulto que la escucha prudente,… Lo peor es que desde la infancia se imita más el modelo del triunfador que el de la persona esforzada y humilde, al poderío joven más que experta madurez. Esos modelos y valores interactúan en la calle, trabajo, escuela,..

En cuanto a la familia aparecen, más cuando no hay harina y todo es mohina, las fricciones intergeneracionales, es decir entre padres, hijas y nietos. Volvemos a recordar la utilidad de la jubilación de mayores para ayudar en las presente crisis en lo económico o asistencial. Como las relaciones y formas de pensar han cambiado, incluso con la tardía emancipación de los hijos, disminuye el diálogo sobre la vida del conjunto. Ello agranda las diferencias de opinión ocasionando que la ayuda entre familiares genere alguna insatisfacción. No es raro que los mayores sientan que han perdido parte de su autonomía y vida social. Sin embargo, por esos silencios, no se alcanzan soluciones para la satisfacción conjunta. Buscar una guardería u otro servicio social podría aliviar algún malestar enquistado. Cuando se da esa cultura del diálogo, es posible mejorar la vida de la familia aunando la experiencia de mayores y la más puntual información de jóvenes.

Tal vez algo de ese diálogo enriquecedor viene faltando en la familia y en la sociedad en general para abordar cuestiones aparentemente diferentes entre sí. Recuerdo la cara de asombro de una joven convencida de su lejana vejez sin una pensión como la actual de su abuelo, al decirle éste:
¿Qué cotizaciones habían adelantado los bancos para que el Estado los rescatara con el dinero de todos? ¿No es razonable que el mismo Estado rescate ahora y en el futuro a la gente humilde que ha trabajado siempre que ha sido posible? La muchacha volvió, tras un rato de reflexión a mirar a su abuelo con el mismo brillo en los ojos de cuando era niña.