“Un oso, recorría constantemente, arriba y abajo, los seis metros que tenía de largo su jaula. Al cabo de cinco años, le quitaron la jaula y el oso siguió recorriendo de arriba abajo los mismos seis metros, como si aún estuviera prisionero, y realmente en su cabeza… lo estaba.”

Triste, pero es así la vida de algunas personas, porque los barrotes que les aprisionan, la mayoría de las veces son mentales, no reales. También demasiadas ocasiones, solemos ver a las personas, no como ellas son, sino como somos nosotros, porque proyectamos en ellas nuestros errores y limitaciones y de esta manera descargamos la conciencia.
Ya la jaula no existía, pero el oso, seguía considerándose prisionero.

Porque lo que mueve a estas gentes a ello es la atrofia de su libertad, de su conocimiento; no han sabido o no querido desarrollar su humanidad, viendo cárceles continuas en sí mismos y volcando sobre los demás sus miedos y sus odios. Decía Blaise Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”.
Por desgracia hay personas con una conciencia en estado de hibernación.

Días atrás, alguien insultaba a otro con una cara descompuesta por el odio, la soberbia y los ojos inyectados en sangre. El insultado no hizo caso a tales agravios y lo dejó con la palabra en la boca mientras el otro levantaba la voz para que se le oyera. Sin duda este personaje tenía su inteligencia y su libertad enjauladas, hasta tal punto que sus barrotes mentales lo hacían agresivo.

“Érase que se era, una mujer que trabajaba como empleada de hogar en la casa de un matrimonio algo mayor ya. Un día la dueña de la casa, compró una caja de bombones que contenía dos bandejas de tan exquisito manjar.
La empleada, una vez abierta la caja por la señora, levantó la primera bandeja y cogió de la segunda una cantidad importante de bombones; acto seguido dejó la caja como estaba. Y escondió los bombones en el cuarto que tenía para cambiarse la ropa de trabajo. Al día siguiente cuando la dueña de la casa, fue a coger un bombón. Notó que la caja pesaba menos….levantó la primera bandeja y vio que a la del fondo, le faltaban muchos bombones.
Cavilando esta señora con la sorpresa que se llevó, se dirigió a la habitación de la empleada sospechando de ella, encontró los bombones y los repuso de nuevo en la caja sin decirle nada. La empleada, cuando vio que los bombones no estaban donde los había dejado, y comprobó que esos bombones estaban de nuevo en la caja, se dirigió a la mujer y le pidió la cuenta. Entonces la mujer le preguntó el motivo de su decisión después de varios años trabajando en su hogar. Y la empleada contestó con ira:
“¡No voy a seguir trabajando en una casa en que le roban a una!”

Muchas veces exigimos a los demás comportamientos de honestidad, éticos y morales de los que nosotros mismos carecemos.
Pero este humilde escribidor sigue confiando en las personas y que alguna vez esas personas cambien su esquema mental, pero para ello, tendrán que sufrir en carne propia algún gran revés en su vida, porque esta vida es un continuo aprendizaje.

Pero hay muchísimas personas por las que merece la pena seguir apostando y esa es mi esperanza y la esperanza de otros muchos. Gente buena, sencilla, noble, honesta, fiel, que valoran el Amor en todos sus aspectos, incluida la Amistad. Gente que desborda bondad y autenticidad, que piensa que al mundo hemos venido para relacionarnos, para compartir; hay mucha más de lo que aparentemente vemos, pero hay que iniciar el camino de la búsqueda para encontrarlas, porque el egoísmo triunfa y se manifiesta por sí solo y sin embargo la bondad es más humilde; por eso es más complicado hallar a la gente así.

Nos urge crear en esta vida muchas más fábricas de abrazos, porque el beso, el abrazo, la ternura, la autenticidad, son imprescindibles para construir ese mundo de nuestros sueños, de nuestras utopías.