Sí, ya sé que la Navidad ha terminado, que las vacaciones se han ido en espera de otras, todo ha terminado en el aspecto festivo, o como lo vemos de algarabía, encuentros, recuerdos, compañías, regalos y amor, o pretendido amor. Navidad significa todo eso pero principalmente que el Hijo de Dios acampó entre nosotros para enseñarnos el verdadero camino de paz y de salvación. Un tiempo de reflexión en el que podemos ser mejores, si quisiéramos, enmendando errores, cambiando veredas que no nos han venido bien, y conquistando la paz, esa paz que aparece cuando se consigue estar bien por dentro y nada nos incomoda.
He empezado así intentando recordar todo lo que he visto y oído en estas fechas sin pretender ser nadie para decirlo, aunque sí para dar testimonio como una sencilla escribidora o testigo de lo que va pasando por la vida cercana, luego lo que me quede es personal. Por ejemplo hoy, mientras veía descolgar las guirnaldas de luces en las calles, mientras ya se iban desmontando los árboles y los nacimientos, me gusta decir nacimientos en vez de belenes, mientras las despedidas nos dan paso al quehacer cotidiano, me dio por pensar en una noticia que ha pasado desapercibida en su profundidad: las atenciones a los más necesitados. No me he enterado de si ha habido una apertura de comedores a todas las personas que no tienen para alimentarse con algo más que legumbres y lo más básico; no me he enterado si algún juguete ha llegado a todos los niños y niñas… Supongo que sí, pero de todo ellos deberíamos enterarnos, proclamarlo como colofón de la buena voluntad de las personas que entregan algo más que su tiempo. Conocemos la puntual solidaridad de algunos ayuntamientos como el de Madrid con su cena de Nochebuena que luego resulta que es obra del Padre Ángel, que no olvida ningún día para ayudar a los más necesitados.

Pues al hilo de esto, lo que quiero decir es que en Linares también y sólo con el bagaje del amor a Dios y por los demás, hay una iniciativa dedicada a los enfermos de nuestro hospital de San Agustín, entero, de arriba abajo. No es la Administración la que se ocupa de esto, son grupos de personas comprometidas y voluntarias del servicio religioso católico que es la denominación de la presencia de la Iglesia en los Hospitales públicos. Son los capellanes del hospital, Don José Ramón García Boluda y Don Manuel Casado quienes organizan y administran las visitas y los regalos para los enfermos que provienen de los donativos que a lo largo del año hace la gente libremente en la capìlla del hospital. Estos capellanes, acompañados de las religiosas de la Consolación y el coro parroquial de la Santa Cruz, llevan a cabo esta tradición desde hace 15 años.

Son unos actos entrañables, todas estas personas, incluidos los Reyes Magos, y no los oficiales, se adentran en las plantas y visitan a los enfermos mientras cantan villancicos destinados a alegrar algunos momentos de los que sufren. Compartir la calidez de los cantos y el recibimiento de enfermos y acompañantes da la verdadera dimensión de que las navidades son compartir, dar, entregar el tiempo y el amor que hemos cosechado. Y aumenta el amor. No lo hacemos por nosotros, lo hacemos por ellos, porque todos somos iguales y vivimos la misma vida. Una vida a la que hay que darle sentido.